Hay muy pocas direcciones en Barcelona que no necesiten explicación. El Passeig de Gràcia es una de ellas. Desde la octava planta de este edificio de Carlos Ferrater, la ciudad se abre en dos registros simultáneos: los grandes ventanales capturan el movimiento del paseo y la luz que solo da la altura, mientras las vistas al patio de manzana del Eixample devuelven la calma cuando el día lo pide. Dos ciudades en un mismo salón. Proyectado en 2006 por el estudio Ferrater y Lambarri, el edificio tiene lo que la arquitectura de autor aporta cuando