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La demolición de un monumento al brutalismo a vista de dron

El edificio Burroughs Wellcome en Carolina del Norte (EEUU) fue diseñado por el prestigioso arquitecto Paul Rudolph

Autor: Redacción

La demolición del edificio Burroughs Wellcome en Carolina del Norte (EEUU), diseñado por el prestigioso arquitecto Paul Rudolph, vuelve a poner de actualidad la necesidad de preservar o no los edificios más significativos de una corriente arquitectónica o de una personalidad ilustre.

"La destrucción de Burroughs Wellcome es una herida profunda en el patrimonio cultural de EEUU", afirmaron desde la Fundación Paul Rudolph Heritage al conocer la noticia del comienzo de las obras de derribo.

En los años 60, la organización de investigación médica Burroughs Wellcome pidió a Rudolph el diseño de su cuartel general en su mudanza de Nueva York a Carolina del Norte. De 1969 a 1972 se erigió este edificio entre brutalista y futurista. Rudolph diseñó el edificio para que fuera adaptable, con nuevos volúmenes hexagonales que podrían agregarse con el tiempo.

También llamado Elion-Hitchings Building, en homenaje a Gertrude Elion y George Hitchings, químicos que ganaron el Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 1988 por su trabajo en el descubrimiento de nuevas formas de desarrollar fármacos.

De hecho, en estas instalaciones se desarrolló el AZT, el primer fármaco antirretroviral aprobado para tratar pacientes con VIH. No sin crear también polémica. La compañía fijó el precio del AZT en 10.000 dólares de la época, algo fuera del alcance de la gran mayoría de los pacientes con Sida, lo que les llevó a una famosa protesta ante el edificio en 1989. Tras ello, su coste se redujo a 6.400 dólares, de la época.

La obra de Paul Rudolph también tuvo sin pinitos en el cine. En estas instalaciones se grabó la película de ciencia ficción Brainstorm de 1983, protagonizada por Christopher Walken y Natalie Wood, la última de la actriz antes de su fallecimiento.

En 2012, United Therapeutics Corporation compró el icónico edificio. En 2016, ya demolió parte del edificio, pero prometió que iba a estudiar la forma de restaurar el edificio de hormigón. Pero finalmente, por su alto coste, han decidido tirarlo abajo por completo.

"Después de realizar estudios exhaustivos, llegamos a la conclusión de que el edificio no es seguro, no es ecológico y está funcionalmente obsoleto", afirman desde la empresa.