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De los balances a la pluma: el espectacular estudio de un exbanquero para retirarse a escribir poesía

Eric J Smith
Eric J Smith
Autor: Vicent Selva (colaborador de idealista news)

Si existen dos profesiones que, a priori, pueden parecer contrapuestas, quizás sean la de banquero y la de poeta. Pero en muchas ocasiones, los apriorismos son solo eso, apriorismos, mientras que la realidad es, afortunadamente, más rica, variada, compleja e, incluso, sorprendente, que los rígidos marcos mentales a partir de los cuales la percibimos.

Es precisamente esta doble faceta la que a lo largo de su vida ha desempeñado John Bar, quien, como demuestra su biografía, ha sido capaz de compatibilizar balances contables con versos, métrica y rima, al tiempo que ha ostentado el cargo de presidente de la Fundación de Poesía con sede en Chicago.

Con 76 años, y ya retirado del mundo de la banca, para poder trabajar tranquilo sus poemas, lejos de las distracciones del mundo urbano y del mundanal ruido, John Barr mandó construir un fantástico estudio de estudio de escritura en los bosques de Greenwich, en Connecticut.

El poeta-banquero contactó para llevar adelante este proyecto al arquitecto neoyorquino Eric J Smith, diseñado bajo la premisa de que fuese un lugar adecuado para facilitar la lectura y la escritura, en un entorno natural envidiable. Además, también era importante que el espacio contase con capacidad para albergar su colección de poseía, de más de 1.700 volúmenes.

En respuesta, el equipo del estudio de arquitectura creó un espacio cuya principal característica es la de proporcionar un efectivo escape de la vida moderna. Con su planta rectangular, el edificio cuenta con 60 metros cuadrados, parcialmente en voladizo sobre una ladera rocosa, que se inclina hacia un estrecho barranco.

El arquitecto cubrió las paredes exteriores con piedra de campo y piedra azul con el objetivo de combinar la estructura con el terreno natural. Las piezas irregulares y rocosas se ensamblan de una manera que evoca un muro de piedra apilada en seco, una característica común en la histórica Nueva Inglaterra.

El ingreso al estudio se realiza a través de una puerta de bolsillo, que está protegida por un panel deslizante de roble desgastado. Ya dentro, es necesario cruzar por un corredor bordeado de estanterías de roble, que se alarga hasta una habitación silenciosa diseñada expresamente para leer y escribir.

La habitación está ligeramente amueblada de una forma sobria y sin ningún tipo de estridencias, con decoración de madera, incluidas piezas vintage. Las paredes acristaladas aportan luz natural y permiten al cliente sentirse inmerso en el paisaje sereno y boscoso.

Más allá del área de escritura, el edificio cuenta con una cocina americana con una pequeña nevera, cafetera y fregadero, junto con un baño discreto con un inodoro incinerador.

Una constante en todo el espacio es la existencia de paredes de piedra toscamente talladas y pisos de roble de tablones anchos se encuentran en todo el estudio. Una escalera de madera conduce a una terraza en la azotea, proporcionando un lugar adicional para la contemplación. Escondido debajo de la escalera hay una cama nido, que el cliente puede sacar cuando llama la siesta.

La temperatura interior se mantiene a 20ºC, gracias a un sistema geotérmico para calefacción y refrigeración. Si bien está provisto de electricidad y agua corriente, el estudio se diseñó para quedar fuera de la red. Los cables de alimentación y los cables de fibra óptica están ocultos, al igual que las bombillas. Además, un pequeño pozo proporciona agua dulce.

El equipo se encargó de minimizar las molestias al medio ambiente durante la construcción. Los árboles fueron preservados cuando fue posible, y las rocas fueron movidas y luego puestas nuevamente en su lugar.