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La 'casa Instagram': entrar en esta habitación es como colarse en una foto

Foto: Chris Engman
Foto: Chris Engman
Autor: Hoja de Router (colaborador de idealista news)

Chris Engman es un artista conceptual estadounidense que puede transformar el interior de nuestra casa de forma que nos haga vivir en una ilusión óptica. Su trabajo llega a descolocarnos de tal manera que, cuando crucemos el vestíbulo, nos preguntaremos si hemos entrado a un desierto o a un bosque. Pero no: seguimos dentro de cuatro paredes, aunque con nuestra percepción alterada… y maravillada.

Para crear la ilusión de residir en un paisaje real, Engman se sirve de fotografías de gran tamaño. Su predilección son los paisajes naturales como los desiertos o bosques, pero también las masas de agua, los cañones de los ríos o las nubes. Con ellos, cubre paredes de habitaciones y pasillos para dar la sensación de teletransporte.

Con el fin de conseguir esa ilusión, empapela toda la casa no con una sola foto impresa en un único rollo de papel, sino con decenas de ellas. En ‘Refuge’, por ejemplo, que es una casa convertida en un bosque muy instagrameable, se sirvió de unas 150 hojas de papel. Las recortó de forma conveniente y las distribuyó por toda la casa. Una vez que está todo correcto, hace una nueva fotografía de toda la habitación o de la casa, que es la que luego presenta en las exposiciones. En ocasiones ha ido más allá y ha recreado en salas una hipotética casa para que los visitantes accedan a ella y vean descolocada su percepción.

Foto: Chris Engman
Foto: Chris Engman
El objetivo del estadounidense es, además de dejarnos con la boca abierta, reflejar la tensión entre la ilusión y la materialidad, que según él es intrínseca a la fotografía. También, busca hablar sobre una de nuestras necesidades básicas: tener un refugio. Según él, nos atraen esos paisajes que nos permiten poseerlo. “Esto juega un papel, tal vez inconsciente, en nuestra experiencia del medioambiente y en nuestra estética”.

En sus casas, cuartos y pasillos fotografiados no se notan dónde empieza y dónde acaba cada hoja de papel. Por no notarse, no se suelen notar ni las esquinas o las intersecciones de los muros. Incluso, las imágenes llegan hasta el techo, como es el caso de ‘Refuge’, y rodean las bombillas, como en el desierto de ‘Landscape for Quentin’.

Foto: Chris Engman
Foto: Chris Engman
En ocasiones, no hace falta que las fotos cubran todas las paredes de un cuarto: con que lo hagan en un muro es suficiente para sorprender. La instalación ‘Landscape for Candance’ permitió a Engman crear la sensación de que un frondoso árbol había crecido en la pared de una oficina. Solo hubo que pegar las hojas en un lateral de la habitación y extenderlas hasta el techo y los muros que corrían perpendiculares. Lástima que cuando mirábamos al techo veíamos algunos folios mal pegados.

Foto: Chris Engman
Foto: Chris Engman
La sensación de entrar en un paisaje tridimensional se puede romper si miramos hacia arriba y encontramos bombillas, como pasa en este último ejemplo o el ‘Containment’, donde parece que estamos caminando por el bello desfiladero de un río; sin embargo, si miramos hacia arriba, vemos unas barras fluorescentes y un techo que cae en pendiente. En un lateral, se descubre una ventana al exterior, pero podría pasar por el vano de una casa cueva.

Foto: Chris Engman
Foto: Chris Engman

En otros casos, los elementos artificiales no chirrían tanto y hacen que la instalación resalte más. Es el caso de ‘Shelter’, un título muy apropiado: significa ‘refugio’ en inglés. En ella, vemos un bosque de intenso verdor, con plantas y varios árboles. Los fluorescentes que cuelgan del techo parecen estar dando calor al conjunto, como si se tratara de un invernadero, y toda la fauna crece de verdad entre el parqué.

Foto: Chris Engman
Foto: Chris Engman
Entrando en las casas

Cuando entramos en sus instalaciones-casa, da la sensación de penetrar en una foto tridimensional, aunque no sea así. Engman quiere romper así con el tradicional hándicap de la fotografía, que aunque nos lleva a sitios remotos no nos deja entrar en ellos. Cuando ha llevado falsas habitaciones a exhibiciones, con papeles hasta en el techo, a la gente le costaba caminar entre esas paredes. Cuando lo hacía, la ilusión se transformaba: cada paso que daban hacía que la fotografía se hiciera más deforme e irreal. Fue lo que pasó con la primera de ellas, que representaba un riachuelo rodeado de árboles y que llevaba las ramas hasta el techo:

Así, el visitante entiende que su propia percepción de los objetos le ha engañado, al encontrarse desde lejos con un paisaje que parecía real y que al adentrarse en él se ha deformado. Porque para Engman, la fotografía es un objeto además de una ilusión. “Tiene peso y volumen, y cambia a medida que caminas alrededor de él. Hacer esta instalación ha sido un proceso emocionante, y esta nueva forma de trabajar parece permitir muchas nuevas posibilidades”. El artista le pide al visitante que, en definitiva, se replantee cómo entiende la fotografía y el mundo que le rodea.

Su trabajo ya se ha expuesto en varias galerías estadounidenses a lo largo de 2018 y lo seguirá haciendo a lo largo de este 2019. Ahora solo hay que atreverse a que nos empapelen la casa de esta manera o a entrar en unas instalaciones donde la ilusión de la fotografía transformará nuestro punto de vista.