El pueblo de Albacete que parece una pequeña Florencia: dos torres gemelas y una plaza única

Alcaraz sorprende con su Plaza Mayor renacentista, legado medieval, buena cocina serrana y rutas entre encinas.
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JJ Merelo, CC BY-SA 2.0 Wikimedia commons

¿Un pueblo renacentista en plena sierra albaceteña con dos torres gemelas y una plaza que sorprende a primera vista? Existe, se llama Alcaraz y se ha ganado el apodo de "la Florencia manchega" por méritos propios. Aquí se concentran soportales, lonjas platerescas y la firma de un arquitecto clave del siglo XVI, todo en un casco histórico compacto y fácil de recorrer. A un paso del centro, los restos de una fortaleza islámica recuerdan que la villa brilló mucho antes del Renacimiento. Y, para rematar, hay cuchara contundente a precio ajustado y una senda corta entre encinas que conduce a su santuario patronal. Esto es lo imprescindible para una escapada redonda en un día.

Por qué se le llama la "Florencia manchega"

Alcaraz sorprende por la densidad y la calidad de su arquitectura del Renacimiento, concentrada en torno a una Plaza Mayor con impronta italiana y soportales bien proporcionados. La plaza se ordena por tres lonjas históricas: la del Corregidor, la de la Regatería y la del Alhorí, que hoy alberga el Ayuntamiento y luce portada plateresca. La huella más reconocible es la de Andrés de Vandelvira, nacido en la localidad, cuya mano se aprecia en el diseño urbano y en varios elementos que definen la estética del conjunto. La mezcla de elegancia sobria y piedra dorada, sin masificaciones, es lo que explica el apodo y la sensación de estar ante un patrimonio de primer nivel, aunque aún poco conocido.

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La pareja que marca el perfil del pueblo

Frente a los arcos y lonjas de la plaza se alzan las llamadas torres gemelas, dos hitos que todo visitante identifica de inmediato. A un lado, la Torre del Reloj, conocida en el pueblo como Torre del Tardón; al otro, la Torre de la Trinidad. Ambas son renacentistas con detalles góticos y se atribuyen a Vandelvira, y juntas crean una silueta monumental muy característica. A pocos pasos, la iglesia de la Santísima Trinidad, templo gótico del siglo XV con añadidos renacentistas, completa el conjunto y refuerza el carácter histórico del centro.

Un pasado que sigue a la vista: del hisn a los telares

La historia de Alcaraz no empieza en el XVI. Antes hubo íberos, romanos y visigodos, y durante la etapa andalusí la villa alcanzó un momento clave. De ese tiempo resisten los restos del Hisn al-Karas, la fortaleza islámica del siglo XI que domina el entorno y explica la importancia estratégica del lugar. Ese poso de siglos también se palpa en oficios que han llegado hasta hoy, como la artesanía de alfombras, una tradición milenaria que en la localidad conserva su última maestra artesana al frente de un taller visitable.

Calle Mayor: casonas, portadas y sorpresas

El eje urbano más cómodo para seguir la ruta es la Calle Mayor, donde se suceden casonas y palacetes que hablan de un pasado próspero. Entre los ejemplos más reconocibles están la Casa de los Guerreros y la Casa de los Galiano, con portadas y detalles que invitan a mirar con calma. También merece una parada la iglesia de San Miguel, del siglo XIII, un templo que suele estar cerrado pero cuya portada compensa el desvío. El paseo, entre piedra bien trabajada y calles tranquilas, se presta a ir enlazando fachadas sin prisa.

Itinerario de un día: lo esencial sin perderse nada

Para aprovechar una escapada corta conviene ordenar la visita por bloques claros. Primero, el corazón renacentista; después, el legado medieval y la artesanía; y, si queda tiempo, la naturaleza que rodea el casco. Con esta secuencia se cubre lo imprescindible y se evitan idas y venidas innecesarias por las cuestas del centro histórico.

  • Mañana en la Plaza Mayor: recorrer soportales y lonjas, fijarse en la portada plateresca del Alhorí y ubicarse entre la Torre del Tardón y la de la Trinidad.
  • Media mañana por la Calle Mayor: encadenar la Casa de los Guerreros, la de los Galiano y la portada de San Miguel, con parada en el taller de alfombras.
  • Primeras horas de la tarde: acercarse a los restos del Hisn al-Karas para entender el origen defensivo de la villa y disfrutar de las vistas abiertas de la serranía.
  • Última hora: regresar a la plaza para ver cómo cambia la luz en las piedras y rematar con una visita a la Santísima Trinidad si el horario lo permite.

Comer bien y barato: cuchara serrana por 15 EUR

La gastronomía local invita a sentarse sin mirar el reloj y con la tranquilidad de que el bolsillo no sufrirá. En la zona se preparan platos de raíz, como el atascaburras -pariente cercano de la brandada de bacalao- y las migas al pastor, perfectas para reponer fuerzas. También es muy propio el ajo pringue, un salteado meloso con base de morcilla que se comparte en mesa. En el Restaurante Hostal Mirador Sierra de Alcaraz se puede probar todo esto, junto con gazpachos manchegos o judías con perdiz, en menú por unos 15 EUR, una opción directa para no complicarse comparando cartas.

Naturaleza a un paso: la senda al Santuario de Cortes

Quien quiera estirar las piernas tiene una opción tranquila saliendo del pueblo hacia el norte. Un sendero de menos de 5 kilómetros conecta el casco con el Santuario de Cortes, patrona de Alcaraz, entre campos y arbolado. El camino discurre sin complicaciones y ofrece un plus patrimonial inesperado: en la ruta se aprecian restos de un acueducto del siglo XV, una estampa que enlaza paisaje y memoria. Es una forma sencilla de sumar naturaleza a una escapada dominada por la piedra renacentista.

Consejos prácticos para una visita fluida

Para disfrutar del casco histórico con comodidad se recomienda calzado con suela firme; las calles pueden tener desniveles y el empedrado invita a caminar con calma. Conviene consultar horarios de templos, en especial si se quiere entrar en la iglesia de San Miguel, que suele estar cerrada. En el taller de alfombras es buena idea preguntar por demostraciones antes de la visita para coincidir con la actividad del telar. Y, si la idea es completar la jornada con la senda al santuario, se debería llevar agua y prever el regreso con luz suficiente, dado que el atractivo del recorrido está en disfrutar del entorno sin prisas.

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