¿Dónde quedaron esos dormitorios de los 70 y 80 llenos de cosas donde nada se escondía? Quien no recuerda en las mesillas de sus padres un frasco de perfume, cremas, varios libros, fotos, un joyero y, cómo no, una lámpara de sobremesa. El dormitorio era un lugar plagado de cosas del día a día, pero también de recuerdos, de alguna sorpresa incluso: un lugar vivido, no de catálogo. Esa idea, que los 90 y 2000 murió en favor de dormitorios minimalistas y sin personalidad (o con bastante menos), está volviendo. El dormitorio de 2027 no es el batiburrillo que era hace 50 o 60 años, pero recupera cierta imperfección. Quédate con tres ideas de decoración de los dormitorios de la década de los 70 que están volviendo medio siglo después.
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El color y una pizca de Rock & roll
El color vuelve al dormitorio. Sobre todo en los 70 dominaban el aguacate y los estampados geométricos, pero ahora se prefieren tonos más profundos, como azules marinos, burdeos o terracotas, y estampados florales. En consecuencia, el dormitorio de 2027 es más alegre que el de hace un lustro y recupera ese puntito Rock & roll de los 80, aunque mucho más elegante y sofisticado. Estamos refinando el aspecto suntuoso y envolvente de entonces y lo hacemos, entre otras cosas, mezclando texturas.
La mezcla consciente de lujo y objetos cotidianos
Los 70 eran, en lo que a la decoración se refiere, exuberantes. Muchas influencias provenían de Estados Unidos, que vivía un bum económico. Latón, terciopelo, vidrio, mármol, madera...: todo se combinaba en una amalgama un tanto kitsch que daba como resultado dormitorios muy diferentes a los de ahora, quizá vulgares para algunos; definitivamente menos calculados y, en consecuencia, más inesperados e interesantes en los que no todo debía encajar. Así, elementos como un reloj antiguo o un cabecero de aire rústico se mezclaban con luminarias de plástico en algún color chillón, un teléfono de baquelita, por ejemplo.
El dormitorio es un lugar para desconectar y la cama recupera mucho protagonismo
Otra cosa muy de los dormitorios de los 70 era que se concebían como espacios para desconectar en los que la importancia de la cama era fundamental. No es que ahora la haya perdido, lógicamente, pero sí se ha tendido a esconderla un poco. En los dormitorios setenteros y ochenteros, la cama era poco menos que arquitectura, con enormes cabeceros y mesillas y, en ocasiones, un dosel que le daba al dormitorio un empaque especial. Esa idea de la importancia del cabecero se está recuperando. De hecho, seguro que te has dado cuenta como en muchos dormitorios priman los cabeceros de pared a pared, con las mesillas y la iluminación integrada. En definitiva, pequeñas arquitecturas domésticas que hacen de la cama poco menos que una habitación dentro de la propia habitación. En realidad, esto tiene que ver con la idea de generar sensación de bienestar y refugio que ahora impera en el hogar (ahí es donde el dosel gana enteros).
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