Es uno de los profesionales más respetados en el sector, no en vano su estudio, Concepto Dr, acumula más de 45 años de experiencia. El interiorista Diego Rodríguez recibe a Idealista News en su casa de las afueras de Madrid y confiesa que nunca la había enseñado antes a medios. También nos cuenta que sus clientes son cada vez más recelosos a compartir sus hogares en redes sociales. Se ha pasado de mostrar, quizás en demasía, a querer preservar la intimidad a toda costa hasta el punto que en muchas obras se retira los móviles a los operarios cuando entran a trabajar.
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La casa de Rodríguez es un fiel reflejo de su personalidad, que rezuma saber estar y elegancia: libros, vinilos, que lleva atesorando desde pequeño, obras de arte, colores sobrios… El interiorista amenizará nuestro trabajo poniéndonos música de Frank Sinatra del que se declara un fan incondicional. Así da gusto trabajar…
¿Qué quería ser de pequeño?
Creo que los padres en esto mandan bastante, ¿no? Mi padre viene del mundo de la medicina y su obsesión es que todos sus hijos fuesen médicos, que estuviésemos vinculados a la medicina. Pero no fue así. Al final el pobre hombre no tuvo suerte y ninguno nos dio por la medicina. Mi hermana en su momento llegó a hacer ATS, creo que por darle el capricho a él, pero nunca ejerció. He dibujado mucho de pequeño, me gusta mucho el dibujo y en casa de mis padres yo era de los que cambiaba esto de aquí a otro sitio… Con el tiempo me incliné por el mundo de la moda, la moda me fascinó siempre. Al final fue ser interiorista, que era mi vocación absoluta. Y bueno, son ya cuarenta y muchos años en esta profesión.
Comentaba que los clientes cada vez son más reacios a mostrar sus viviendas en medios o en redes sociales…
Sí, el problema que hay es que el cliente, por lo menos el nivel de cliente que tengo yo, ni en redes sociales. Estoy ahora con un proyecto que se recoge el móvil a los obreros por la mañana, porque la gente con un móvil publica luego cualquier cosa. La gente está muy reacia ahora con las redes sociales. Antes les hacía ilusión y ahora no, ya no quieren por nada del mundo. Ha habido un exceso y ahora hay una corrección.
Lleva más de 40 años trabajando como interiorista, ¿qué es lo que más le gusta de su oficio?
Creo que tengo ahí una doblez de arquitecto, porque la obra me fascina. Cuando hay un arquitecto, siempre vamos de la mano y si no, si es una rehabilitación o reforma directamente soy yo quien hace el proyecto, me apasiona.
¿Qué proyectos tiene ahora entre manos?
Varios. He terminado unos proyectos muy interesantes en Como en Italia, es un sitio maravilloso y han sido realmente dos proyectos muy atractivos. Ahora estoy con un hotel en Oporto que queremos que se inaugure en noviembre. Pero lo que pasa siempre, las constructoras, siempre hay retrasos, eso es inevitable. Y luego en Madrid también hay proyectos de reformas y vivienda nueva. Aparte, estoy trabajando mucho en Murcia donde realmente el interés por el interiorismo es apasionante, lo que lo que te demanda allí la gente… Además, el carácter del murciano, creo que lo conocemos poco, es un carácter más de interior, no es la persona que se hace la casa para alardear, al contrario. Le he cogido mucho cariño a Murcia y se trabaja francamente muy bien, te dejan hacer.
¿Hay algún proyecto al que guarde especial cariño?
Cada proyecto es una emoción nueva. Terminas uno y dices éste es mi proyecto. Mi proyecto es una casa en Santander solo de una planta con la vista maravillosa del mar delante y es el proyecto donde más he disfrutado. Y vuelvo, porque la relación que tengo con todos los clientes es muy buena, y la casa está más vivida pero la sensación que tuve al hacerla es la misma. Es una obra que me ha llenado mucho. Y en Guadalajara, una finca, tengo el amor ahí repartido entre una y otra.
¿Ha notado una evolución en el interiorismo, eso que cuenta precisamente, menos ostentoso…?
Sí, sí. Bueno, pasa una cosa, en nuestro país hemos estado mucho tiempo que interioristas prácticamente no había, había muy poco, se daba un poco más en el norte, San Sebastián, Santander… Cuando empecé, la demanda empezaba a notarse en Madrid, había gente muy conocida, muy consagrada, pero era realmente labor para unos escogidos, para muy pocos. Poco a poco se empezó a notar la demanda de cualquier persona con una situación bien a demandar lo que es el profesional en su casa. Hoy hay muchísimos interioristas, muy poca gente va a hacerse la casa y no cuenta con un interiorista. Es una cosa que ha evolucionado y vamos muy bien, sinceramente.
¿Cuál es la propuesta de valor de su estudio frente a otros estudios de interiorismo?
Todos los interioristas procuramos ser diferentes, siempre he luchado por ser diferente en cuanto a la forma de hacer, ni mejor ni peor, pero nunca me he encasillado en una forma de hacer. Cada proyecto es una persona y esa persona tiene una forma de vida, una forma de expresarse, es un proceso de mucha conversación, de muchos encuentros para realmente conocer cómo viven. Tú puedes hacer una casa maravillosa pero si no has cogido el concepto del cliente, puede ser un fracaso.
¿Cuánto utilizan la IA en su trabajo?
Es una herramienta maravillosa pero hay que ser cauto, el profesional debe saber desarrollar un proyecto. De hecho, a la gente que tengo en el estudio les hago trabajar como se ha hecho toda la vida. Es una buena herramienta, pero hay que saberla utilizar. Es muy bonito cuando vas a una obra los apuntes que haces al obrero. Eso no tiene que perderse, el profesional tiene que tener la base completa y luego utiliza la herramienta.
¿Interioristas y arquitectos a los que admire?
Admiro a tantos y no puedo dejar a ninguno. Un arquitecto que le tengo muchísima admiración es Renzo Piano porque es muy humano. Y luego dentro de mis compañeros admiro a todos, los quiero a todos.
Háblenos de esta casa…
Pues aquí ya son 23 años.. Yo tengo casa en Madrid pero aquí vivían amigos míos y fueron ellos quienes me animaron. Cuando la visité la casa estaba bien, me gustó. El dueño me dijo que estaba para entrar. Un año de obra…. Pero bueno, funcionó. Para mí estar en el exterior me compensa la media hora de ir y volver porque voy al estudio todos los días. Me compensa tomarte tu café, los pajaritos, el silencio es total.
¿Su rincón favorito?
Soy muy melómano, me encanta la música y me encanta leer, así que ese sillón que mira hacia la piscina, hacia el jardín, es tremendamente relajante.
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