Durante siglos, los silos se han convertido en las catedrales de los paisajes rurales. La altura y esbeltez de sus estructuras metálicas o de hormigón destinadas a almacenar el grano han llegado a predominar el skyline de los campos de Europa y América, donde se agrupan junto a granjas, campos de cultivo y pequeñas poblaciones.
Con la transformación del sector agrícola, muchos de ellos han quedado en desuso y, en ocasiones, se ha luchado por mantenerlos en pie y conservar su pasado y el paisaje asociado. En algunos lugares, convertir estas torres en viviendas se plantea como una solución creativa frente al abandono, ofreciendo nuevas oportunidades para la arquitectura experimental y explotando formas alternativas de habitar espacios no convencionales.
Esto es precisamente el camino seguido en Países Bajos por la diseñadora holandesa Stella van Beers con su proyecto Silo Living, donde ha experimentado con uno de estos depósitos en desuso para transformarlo en una minicasa de dos niveles.
De estructura agrícola a vivienda temporal
La idea de la diseñadora fue simple a la vez que ambiciosa. Quería demostrar que un silo puede convertirse en una vivienda temporal, funcional y replicable. “Se ven en las zonas rurales y siempre quise entrar en uno, así que pensé que podría ser un buen lugar para una estancia temporal”, explica Van Beers.
La diseñadora encontró un silo de siete metros de altura a la venta en Internet y, tras contactar con el propietario, le permitió llevárselo sin coste alguno. “Pensé que, si quería hacer algo con un silo, tenía que comprar uno y ver qué se podía hacer con él”, relató.
El primer reto fue el acceso, ya que la estructura carecía de entrada. Para solucionarlo, instaló unas puertas dobles, una escalera de caracol y una plataforma que permitió empezar a darle un uso habitable.
La intervención respetó la forma cilíndrica original, pero reorganizó el interior para aprovechar cada metro disponible. Se crearon dos plantas: en la inferior, un pequeño salón con repisa que hace las veces de mesa de trabajo o comedor; en el altillo, un espacio reducido destinado íntegramente a dormir, ocupado por un colchón.
Para conectar ambos niveles se añadieron una mini escalera y una escalera de mano. Además, se incorporaron ventanas salientes y una claraboya superior que funciona como mirador, ampliando la entrada de luz y ventilación.
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Un prototipo replicable
El objetivo de Silo Living no fue únicamente demostrar que era posible reutilizar estas estructuras, sino también abrir un debate sobre su potencial. En muchas ocasiones, los silos en desuso presentan un problema en el paisaje rural, ya que su reciclaje es inviable y su desmontaje, costoso.
Con esta intervención, la autora propone una alternativa pragmática y creativa, transformando estos silos en espacios habitables o de uso temporal. “Una casa cilíndrica no es algo que se vea muy a menudo, así que fue un pequeño reto”, explicó.
La mayor parte de las adaptaciones se realizaron con componentes estándar, lo que hace posible replicar el proceso en diferentes silos. Según Van Beers, esta sencillez permitiría a otros propietarios experimentar con usos alternativos, desde microcasas hasta talleres o espacios de recreo.
La creadora incluso sugiere que, en silos de mayor tamaño, se podrían generar espacios habitables de larga duración, con estancias más amplias y mayor confort. “Si tienes un silo más grande, podrías utilizarlo como espacio habitable durante mucho tiempo”, señala. De esta forma, la transformación de silos no sería solo una solución temporal, sino una vía para generar viviendas alternativas en zonas rurales.



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