Esta casa de 1893 en Lisboa se ha convertido en un refugio azul con el garaje dentro del salón

Una vivienda de 1893 renace en Marvila como una casa familiar de 251 m², abierta, luminosa y llena de carácter.
La casa azul de Lisboa: 130 años y un garaje en el salón
Photo by joao Guerreiro on Pexels

¿Puede una casa de 1893 parecer recién estrenada sin borrar su historia? En Lisboa se ha demostrado que sí. En el barrio de Marvila se ha recuperado una pequeña vivienda de una planta, construida en 1893, para transformarla en una casa familiar de 251 m2 con un gesto imposible de ignorar: un exterior monocromo azul ultramar que contrasta con un interior crudo, luminoso y muy amplio. El estudio portugués Extrastudio ha dirigido la intervención con una consigna clara: conservar lo valioso, sumar espacio y dejar que los materiales hablen. El resultado no se limita a un lavado de cara, sino que reimagina cómo se vive y se trabaja dentro de casa, integrando incluso el garaje en el propio salón.

Un icono azul en un barrio que cambia

Marvila no suele aparecer en la primera lista de imprescindibles de Lisboa, pero su transformación lo ha puesto en el mapa. Se trata de un antiguo distrito industrial, pegado al Tajo y marcado por almacenes y fábricas, cuyos nombres de calles recuerdan todavía esa memoria productiva. Tras años de abandono, muchos espacios se han reactivado con estudios, galerías y proyectos creativos, generando una mezcla de pasado y presente que hoy impulsa al barrio. En ese contexto, la casa azul se entiende como un experimento urbano: una pieza doméstica que asume la herencia industrial sin renunciar a una vida familiar abierta y contemporánea. Se percibe un diálogo directo entre la crudeza del entorno y la calidez que se busca dentro.

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Dónde está el interés para quien reforma

Marvila se ha convertido en un laboratorio de ideas para la vivienda: se ensaya con estructuras existentes, se reciclan materiales y se exploran nuevas relaciones entre espacios. Este proyecto permite extraer lecciones prácticas aplicables a cualquier reforma urbana. La clave está en pensar más allá de la planta, jugar con la luz y aceptar que las imperfecciones pueden sumar carácter. Desde fuera, el color llama; por dentro, la estrategia espacial resuelve la vida cotidiana con sencillez y contundencia.

De casita de 1893 a vivienda familiar de 251 m2

El punto de partida fue una vivienda modesta, de una sola planta, que no se trató como un obstáculo sino como un artefacto a preservar. La estructura original se mantuvo y algunas piezas de las antiguas fachadas se desmontaron, restauraron y recolocaron en las nuevas. Se evitó la típica costura visible entre lo viejo y lo nuevo; ambos tiempos se trataron de forma semejante para que convivieran sin jerarquías. Así se gana superficie y altura, pero se conserva la huella de más de 130 años. Este enfoque evita el borrón y cuenta nueva y refuerza el valor del preexistente, un criterio que cada vez se considera más relevante en rehabilitación.

Extrastudio y las "casas poveras": menos forma, más espacio

La intervención se inscribe en una trilogía que el estudio denomina "casas poveras". La idea surge en un momento de incertidumbre y propone una reducción deliberada de la arquitectura a lo esencial. No se busca una imagen opulenta ni acabados perfectos, sino amplitud, intensidad espacial y una materialidad directa. Esa economía de decisiones acaba generando una experiencia táctil y contundente. Se prioriza el vacío útil frente al objeto costoso, y se deja que el edificio respire con honestidad. Este marco conceptual se nota en cada elección, desde la sección hasta los materiales.

Un garaje en el corazón del salón

Los propietarios pidieron dos cosas muy precisas: un interior abierto con carácter de loft y un garaje integrado en la zona de estar. No es una petición habitual, pero aquí cambia la forma de usar la casa. El garaje se entiende como parte de la vida diaria, no como un anexo funcional al margen. Se puede trabajar en un coche o una motocicleta sin desconectarse del resto de actividades domésticas. Para que funcione, se evita la compartimentación de pequeñas estancias y se opta por grandes ámbitos conectados y alturas generosas. La vivienda se convierte en un espacio único que admite usos cambiantes sin perder confort.

Luz y altura: un patio a la calle y un vacío de triple nivel

Dos operaciones de sección ordenan el proyecto y explican su carácter. Hacia la calle, se recorta todo el ancho del edificio para generar un patio de doble altura que actúa como umbral: tamiza vistas, aporta sombra y crea un colchón entre la vía pública y el interior privado. Hacia el jardín, ocurre lo contrario: se abre un gran vacío de triple altura que permite entender de un vistazo la dimensión vertical de la casa. La combinación de ambos gestos multiplica la luz, crea relaciones visuales entre plantas y aporta profundidad sin añadir complejidad innecesaria.

Una restricción que se convierte en un rayo de sol

En una esquina de la fachada posterior se impuso un corte diagonal por normativa. Lejos de disimularlo, se transformó en una entrada vertical de luz. Durante unos minutos al final del día, un haz solar penetra y se desplaza lentamente por las superficies. Este pequeño acontecimiento cotidiano intensifica la experiencia doméstica y recuerda que, a veces, una limitación puede mejorar un proyecto si se aborda con inteligencia. El detalle no depende de tecnología, sino de geometría y tiempo.

Acabados austeros con mucha presencia

Los materiales se eligieron y ajustaron durante la obra junto a clientes y artesanos, sin fijarlo todo de antemano. El suelo de la planta baja se resuelve con chapas de aluminio que se cepillaron a mano hasta conseguir un brillo suave y cálido, casi como si fuera cuero. El gesto da continuidad, refleja la luz y aporta una resistencia que se agradece en un ámbito tan vivido como el estar con garaje. Las paredes renuncian a la perfección cosmética: se dejaron con una capa base de yeso gris descubierta en el proceso, una solución económica que, sin embargo, unifica el conjunto y evoca el pasado industrial del barrio. La casa asume textura e irregularidad como parte de su identidad, y eso evita la frialdad de muchos interiores contemporáneos.

Por qué todo es azul ultramar (y cómo se logró)

El color no fue un capricho tardío. Ese tono ya estaba en el edificio original y se decidió recuperarlo como seña de identidad. Para hacerlo viable se empleó un revoco de cal pigmentado que cubre todo el volumen sin juntas visibles. El azul es un pigmento inestable y obligó a ejecutar cada fachada en una única jornada, sin posibilidad de remates parciales posteriores. La disciplina de obra se convirtió en parte del diseño final: la continuidad del color potencia la lectura del volumen y subraya la condición casi monolítica del conjunto. En una ciudad famosa por sus azulejos, esta piel de cal ultramar reinterpreta el imaginario local desde la austeridad.

Claves que pueden inspirar tu próxima reforma

De esta vivienda se extraen ideas prácticas que se pueden adaptar a otras casas, incluso a presupuestos contenidos. No se trata de copiar un estilo, sino de entender decisiones que mejoran luz, uso y mantenimiento. Estas claves sirven como guía inicial antes de iniciar cualquier rehabilitación urbana y ayudan a enfocar lo importante desde el principio.

  • Conservar lo valioso: mantener estructura y piezas originales suma autenticidad y reduce residuos.
  • Tratar lo viejo y lo nuevo de forma equivalente: evita cortes evidentes y mejora la continuidad espacial.
  • Diseñar en sección: un patio o un vacío vertical transforman luz, ventilación y relación entre plantas.
  • Integrar usos reales: si el garaje forma parte de la vida diaria, incorporarlo al estar puede tener sentido.
  • Apostar por acabados honestos: yesos base y metales trabajados a mano aportan carácter sin sobrecostes innecesarios.
  • Convertir restricciones en oportunidades: una obligación normativa puede ser el origen de un buen detalle de luz.

Artículo visto en (arquitecturaydiseno.es) Parece una casa nueva, pero tiene 130 años: esta vivienda de 251 m² en Lisboa recupera una casa de 1893 y la convierte en un espectacular refugio azul

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