El pueblo de Teruel con 50 vecinos que puede cambiar la historia del diplodocus

El Castellar guarda restos de un posible diplodocus de hace 150 millones de años y rutas entre huellas de dinosaurios.
el castellar
Ordial, CC BY-SA 3.0 Wikimedia commons

¿El primer diplodocus fuera de Norteamérica en un pueblo con apenas medio centenar de vecinos? Eso es lo que sugiere un hallazgo de la Fundación Conjunto Paleontológico de Teruel-Dinópolis en El Castellar (Teruel), que ha saltado a medios de todo el mundo. El estudio, publicado en Journal of Vertebrate Paleontology, identifica restos que podrían pertenecer a un diplodocus de unos 25 metros de longitud que vivió hace aproximadamente 150 millones de años. De confirmarse, obligaría a ampliar el mapa de distribución de uno de los dinosaurios más icónicos del Jurásico. Y lo más llamativo es que el escenario de esta historia es una localidad minúscula, ya conocida por sus yacimientos de icnitas, que hoy consolida su papel como referencia del dinoturismo en España.

Qué se ha descubierto y por qué importa

El hallazgo procede del paraje de La Tejería, dentro del término municipal de El Castellar, donde se han recuperado catorce vértebras de la zona media y posterior de la cola, además de varios chevrones, los huesos que se articulan por debajo de las vértebras caudales. Aunque el material es parcial, los rasgos apuntan a un posible diplodocus, un saurópodo de cuello y cola largos hasta ahora conocido solo en Estados Unidos desde 1878. Por eso, el trabajo firmado por el equipo de Dinópolis y difundido en Journal of Vertebrate Paleontology ha despertado tanta atención internacional.

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La relevancia científica es clara: si se confirma la atribución, se trataría del primer ejemplar de este tipo fuera de Norteamérica, lo que obligaría a replantear escenarios paleobiogeográficos del Jurásico Tardío. En ese contexto, se plantea que la separación continental no era definitiva y que un proto-Atlántico con islas pudo actuar como puente para estos grandes herbívoros. El caso de El Castellar, además, se suma a un territorio donde las evidencias de dinosaurios no son aisladas, sino que forman parte de un inventario creciente desde 2002.

Para el público general, hay un aliciente extra: se ha anunciado que el material podrá conocerse con detalle en la sala de los dinosaurios del Museo Aragonés de Paleontología de Dinópolis, en la ciudad de Teruel. De este modo, el visitante puede combinar la visita de campo a los yacimientos con una experiencia museística que contextualiza y explica el hallazgo con rigor.

Dónde está El Castellar y qué se va a encontrar

El Castellar se ubica en la comarca turolense de Gúdar-Javalambre, a 1.275 metros de altitud y muy cerca del nacimiento del río Mijares. Es un caserío pequeño con un castillo del siglo XII restaurado que domina el núcleo, y un patrimonio que incluye la iglesia barroca de San Miguel, la ermita de Santa Bárbara del siglo XVII y la Casa del Concejo, del XVI. Su historia local se remonta, al menos, a la reconquista de Teruel en 1171, aunque hoy el foco se sitúa en un estrato temporal mucho más antiguo: el Jurásico.

La evolución demográfica refleja la realidad de la España interior: en 1940 había 501 habitantes; en 1970 quedaban 175; y en la actualidad residen en torno a medio centenar. Pese a ello, el municipio se ha situado en el mapa turístico gracias a la paleontología, un reclamo singular que atrae a familias, escolares y aficionados a la geología. Ese hilo conductor, bien señalizado y fácil de seguir, permite comprender sobre el terreno por qué este rincón de Teruel es clave para entender a los gigantes que caminaron por la zona.

Dos rutas para seguir las huellas de los dinosaurios

El Castellar se ha preparado para que el visitante recorra el legado jurásico sin perderse. La oferta combina un paseo urbano con un itinerario en el entorno natural que enlaza varios yacimientos de icnitas. Ambas propuestas son asequibles y están pensadas para hacerse a ritmo tranquilo, con paneles explicativos que ayudan a interpretar lo que se está viendo en cada parada.

Dinopaseo por el casco histórico

Desde la plaza Mayor parte el Dinopaseo, un recorrido que hilvana el centro histórico entre murales y elementos interpretativos dedicados a los dinosaurios. En el trazado se integran réplicas de dos especies halladas en el término municipal, un recordatorio de que no se trata de una curiosidad aislada, sino de un territorio con hallazgos que han situado a El Castellar entre los yacimientos de referencia a nivel mundial. El entorno urbano, compacto y sereno, facilita una visita pausada que combina patrimonio y ciencia en pocos metros.

La Ruta del Dinosaurio (4,6 km ida y vuelta)

La segunda propuesta es la Ruta del Dinosaurio, un itinerario señalizado de 4,6 kilómetros (entre ida y vuelta) que arranca muy cerca del casco, a unos 300 metros de un yacimiento con más de 800 huellas. En ese punto se han definido dos tipos nuevos de icnitas, un dato que da la medida de la singularidad del lugar. A lo largo del recorrido se reconocen pisadas de saurópodos con más de un metro de diámetro y marcas tridáctilas atribuidas a dinosaurios carnívoros, todo ello sobre capas de roca que conservan fielmente el tránsito de aquellos animales.

La parada estrella es el yacimiento de San Cristóbal, donde se exhiben restos de un estegosaurio en el mismo lugar donde aparecieron. Se trata de la primera exhibición permanente en España con fósiles originales in situ, un formato que permite comprender el contexto geológico sin intermediarios y que ha dotado a la ruta de un punto diferenciador frente a otras propuestas paleontológicas del país.

Cómo ver el posible diplodocus de Teruel

El material atribuido a un posible diplodocus procede del yacimiento de La Tejería, en El Castellar, y consiste en catorce vértebras caudales de la zona media y posterior, además de varios chevrones. Aunque no se puede visitar el hallazgo en su emplazamiento original, se ha avanzado que se podrá conocer con detalle en la sala de los dinosaurios del Museo Aragonés de Paleontología de Dinópolis, en Teruel capital. De este modo, la experiencia se completa entre campo y museo, con información científica actualizada y recursos expositivos pensados para todos los públicos.

Este esquema, que combina la observación de huellas sobre el terreno con la consulta de fósiles y reconstrucciones en sala, facilita que el visitante entienda la magnitud del hallazgo sin perder el hilo entre lo que se pisa y lo que se ve en vitrina. También permite constatar por qué el estudio firmado por la Fundación Conjunto Paleontológico de Teruel-Dinópolis ha sido relevante: el posible primer diplodocus fuera de Norteamérica no es solo un titular, sino una pieza que encaja en un puzle regional de yacimientos bien documentados.

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