Un corazón que aparece en la corteza de un pino cuando hay luna llena. Un humedal inesperado entre montañas y pinares. Y un embalse en el interior de Gran Canaria que se ha convertido en cita habitual para quien busca aire puro, senderos y una historia que se cuenta en voz baja. El embalse de Las Niñas, enclavado en el Parque Rural del Nublo e integrado en la Reserva de la Biosfera de Gran Canaria reconocida por la UNESCO, mezcla patrimonio hidráulico, paisaje volcánico y tradición oral en un mismo enclave. Se trata de una escapada de interior con servicios, rutas señalizadas y un entorno que obligaría a bajar el ritmo y mirar con calma. Y, para muchos, también una excusa perfecta para dejarse intrigar por una leyenda de amor imposible que aún hoy se susurra junto a su orilla.
Dónde está y cómo llegar
El embalse de Las Niñas se sitúa en el municipio de Tejeda, a unos 900 metros de altitud, dentro del Parque Rural del Nublo y del ámbito de la Reserva de la Biosfera de Gran Canaria. Desde Las Palmas de Gran Canaria, la distancia ronda los 55 kilómetros y el viaje en coche se suele prolongar en torno a una hora y media, debido a la orografía y al trazado de montaña. El acceso principal desde la capital se realiza por la GC-15 en dirección a Santa Brígida y San Mateo; a continuación, se continúa por la GC-600 hacia la zona del Roque Nublo y se enlaza después con la GC-605, que conduce hasta el entorno del embalse.
También se puede llegar desde el sur de la isla, ya sea por Ayacata o desde Mogán, siguiendo las carreteras que surcan los barrancos del suroeste hasta conectar con el Parque Rural del Nublo. En cualquier caso, conviene prever un itinerario con curvas y desniveles, reservar tiempo adicional para disfrutar de las vistas y revisar el estado de las vías antes de salir. En días de viento o calor, se debería planificar la visita con margen y llevar agua suficiente, ya que la climatología en el interior insular puede cambiar con rapidez.
Un humedal entre pinares de alta montaña
El paisaje del embalse de Las Niñas está dominado por el Pinar de Pajonales, un bosque de pino canario que abraza la lámina de agua y enmarca un humedal de notable valor ecológico. Este entorno actúa como refugio de fauna, especialmente de aves, y favorece la presencia de especies forestales que encuentran alimento y cobijo en el mosaico de agua, ribera y pinar. Entre las aves que se observan destaca el pico picapinos canario, una subespecie insular considerada un buen indicador del estado de conservación del pinar por su estrecha relación con los árboles maduros.
La singularidad del lugar no se limita al espejo del embalse. A pocos metros, el relieve volcánico ofrece panorámicas rotundas del interior grancanario, con laderas escalonadas, barrancos profundos y puntos de observación que permiten comprender cómo el agua, tan escasa en la isla, se ha gestionado históricamente mediante presas y conducciones. Este carácter didáctico del paisaje, unido a la tranquilidad de los pinares, convierte la visita en una combinación atractiva de naturaleza y cultura territorial.
Área recreativa y servicios
El entorno del embalse acoge una de las áreas recreativas más concurridas del interior de la isla. Se dispone de merenderos, barbacoas, aparcamientos, zona de acampada y una amplia red de senderos que parten desde el propio paraje. Para disfrutar de la estancia con seguridad, se recomienda confirmar la apertura de los equipamientos y las condiciones de uso de las barbacoas según la época del año; además, se debería extremar el respeto al entorno, evitar el ruido, no alimentar a la fauna y retirar todos los residuos al finalizar la visita.
Rutas imprescindibles para empezar
Desde Las Niñas arranca una de las rutas más conocidas del interior de Gran Canaria: la circular de las Tres Presas. Este itinerario enlaza diferentes embalses y atraviesa algunas de las panorámicas volcánicas más representativas de la isla, conectando con otros espacios naturales protegidos. La ruta permite entender la relación entre montaña y agua, y ofrece miradores naturales sobre valles y barrancos que cambian de color con la luz del día. Se trata de un recorrido con encanto en cualquier estación, que invita a caminar sin prisa y a detenerse en los puntos de interés paisajístico.
Antes de salir, se aconseja estudiar el trazado y calcular el tiempo, ya que la altitud y los desniveles pueden exigir un esfuerzo sostenido. Se deberían llevar calzado de montaña, protección solar y suficiente hidratación, y revisar la previsión meteorológica. En tramos de sombra y proximidad al agua, la temperatura puede ser más fresca, mientras que al mediodía el sol puede incidir con fuerza. La señalización ayuda, pero es fundamental mantener la atención y respetar las indicaciones del espacio protegido.
La leyenda del Pino de Casandra
Muy cerca de la orilla se alza el Pino de Casandra, un pino canario centenario convertido en símbolo popular por una historia que ha pasado de generación en generación. La tradición oral sitúa aquí a Casandra, una joven de 15 años enamorada de Iván que, según el relato, fue acusada de brujería por las habladurías de la época y acabó siendo quemada junto al árbol. Desde entonces, el lugar habría quedado envuelto en un halo de misterio. Se dice que, en noches de luna llena, la corteza del pino deja ver la silueta de un corazón, un guiño trágico a ese amor imposible que mantiene viva la leyenda.
Se trata de un relato sin pretensión de registro histórico, pero con un peso innegable en el imaginario local. Tal vez por eso el Pino de Casandra se ha convertido en parada casi obligada para quien recorre los senderos del entorno. La leyenda añade una dimensión emocional a la visita y ayuda a comprender cómo la naturaleza y las historias compartidas construyen identidad en un territorio donde el paisaje también habla del esfuerzo por asegurar el agua y la vida en la montaña.
Cuándo ir y qué tener en cuenta
La experiencia cambia con la época del año y con el nivel de agua del embalse, muy condicionado por la climatología y por la histórica escasez hídrica de Gran Canaria. En periodos húmedos, el humedal gana protagonismo y la vegetación de ribera se intensifica; en momentos secos, el relieve del vaso embalsado muestra las huellas de los ciclos de lluvia y sequía. Esta variabilidad aporta matices al paisaje y recuerda por qué la isla desarrolló un extenso patrimonio de presas para aprovechar cada gota.
Para minimizar el impacto de la visita, se debería circular solo por senderos habilitados, respetar la tranquilidad de las aves y utilizar exclusivamente las zonas acondicionadas para fuego cuando su uso esté permitido. El área recreativa facilita la organización de una jornada completa sin salir del entorno inmediato del embalse, siempre con la premisa de no dejar rastro. En fines de semana y festivos, la afluencia puede ser alta, por lo que conviene llegar temprano o planificar horarios de menor demanda para disfrutar del entorno con calma.
Artículo visto en (elconfidencial.com) El embalse de Gran Canaria situado en una Reserva de la Biosfera que esconde un humedal y la leyenda de un amor imposible
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