¿Un castillo con pasado templario a un paso de calas transparentes y cinco playas con bandera azul? Sí, existe, y está en Castellón. En Alcalà de Xivert-Alcossebre, la historia árabe y cristiana convive con uno de los tramos de litoral mejor conservados del Levante. En pocos minutos se puede pasar de una torre medieval a un paseo marítimo con ambiente marinero, o a una cala sin chiringuitos donde el pinar llega casi a la arena. Este contraste, poco habitual en la costa mediterránea, explica por qué se debería tener este destino en el radar antes de que llegue el próximo puente. Y hay más: una playa donde brota agua dulce en plena orilla y un campanario que desafía al viento con una construcción llena de anécdotas.
Un castillo templario con alma árabe
En la Sierra de Irta, sobre un promontorio que domina el llano y el Mediterráneo, se levanta la fortaleza de Alcalà de Xivert. Su origen se liga a una medina y un castillo árabe desarrollados entre los siglos X y XI, un conjunto que dejó una huella excepcional en la antigua Corona de Valencia. Con la repoblación cristiana y la administración de la Orden del Temple, la cima sumó nuevas estructuras defensivas, capilla y dependencias que aún hoy se distinguen de los tramos islámicos originales. El resultado es un recorrido por dos épocas en un mismo recinto, con murallas, dos torres circulares y un gran aljibe que ayuda a imaginar asedios y conquistas. Subir hasta aquí a primera hora permite disfrutar de luz limpia, menos calor y vistas abiertas hacia la costa.
Dos conquistas, dos huellas
El castillo conserva claramente dos sectores: el árabe, base del primer recinto y de parte del amurallado, y el cristiano, coronado por la fortaleza templaria. Esta doble lectura histórica se aprecia en la traza, en la altura de las defensas y en la organización de espacios, muy útil para quienes disfrutan entendiendo cómo un enclave cambia de manos y de funciones sin moverse de sitio. El emplazamiento no es casual: desde aquí se controla el corredor natural hacia el mar, clave para explicar el nacimiento posterior de Alcossebre como núcleo costero.
Un casco histórico que mira al cielo
El núcleo de Alcalà de Xivert conserva un trazado medieval recogido, articulado por la Iglesia Parroquial de San Juan Bautista. Este templo, de estilo barroco clasicista valenciano, guarda un lienzo contemporáneo del pintor Traver Calzada dedicado al martirio del santo, detalle que añade interés a la visita. A su lado se eleva un campanario barroco de planta octogonal y unos 70 metros de altura, señalado como uno de los más altos de la Comunitat Valenciana. La tradición oral cuenta que sus cimientos se asentaron sobre sarmientos para resistir mejor el viento, una anécdota que acompaña la foto inevitable desde la plaza. En el entorno, la actual Casa de Cultura ocupa la antigua Casa Capitular, edificio de raíz renacentista que llegó a tener una prisión en la planta baja, síntoma de la importancia histórica del municipio.
Ermitas y memoria popular
En el litoral próximo destaca la Ermita de San Antonio de Padua, pequeño templo muy ligado a las fiestas del barrio de Capicorb. Esta parada conecta el interior monumental con la franja marina y funciona como antesala al cambio de paisaje que espera unos kilómetros más allá, donde el pinar, la arena y la roca mandan el ritmo.
Alcossebre: puerto, paseo y calas
Alcossebre nació como núcleo costero vinculado a las mismas tierras de Alcalà y hoy gira en torno a su puerto deportivo. Un paseo marítimo continuo permite recorrer buena parte del frente litoral y enlaza con el faro de Irta, punto de referencia para quienes buscan fotografías con acantilados al fondo. Desde aquí arrancan senderos que se adentran en el parque natural y facilitan un plan sin coche, combinando caminatas suaves con baños en calas cercanas. Entre ambos núcleos, el paisaje agrícola de algarrobos y cultivos tradicionales marca una transición serena entre el interior histórico y la costa más playera, una mezcla que no se encuentra todos los días en el Mediterráneo.
Cinco banderas azules y calas casi secretas
El municipio suma más de diez kilómetros de litoral y presume de cinco playas con bandera azul. Son arenales con servicios bien resueltos y aguas limpias, ideales para familias o para quienes no quieren complicarse la logística. Una de ellas es singular por una razón difícil de creer hasta que se ve: los manantiales de agua dulce que brotan en plena arena. A pocos minutos, entre urbanas y naturales, esperan calas pequeñas donde el silencio manda y la transparencia del agua invita a bajar el ritmo. Esta alternancia constante es la que permite encadenar baños distintos en un mismo día.
Las cinco con bandera azul
Antes de organizar el recorrido, conviene tener claras las opciones con distintivo ambiental. A continuación, se enumeran para facilitar la planificación por zonas y gustos. Un consejo útil: alternar una urbana y una más tranquila ayuda a evitar aglomeraciones en horas punta. Y si se viaja en temporada alta, se debería llegar temprano a los aparcamientos públicos de las playas principales.
- Les Fonts: única por los manantiales de agua dulce que afloran en la arena.
- El Carregador: la más extensa y céntrica del núcleo, con accesos sencillos.
- La Romana: amplia, de ambiente familiar y bien conectada con el paseo.
- El Moro: arenal tranquilo; junto a ella, una cala homónima separada por una duna.
- Manyetes: opción menos masificada para quienes buscan más espacio.
Calas del parque natural
Al norte, dentro del Parque Natural de la Sierra de Irta, el litoral se vuelve más agreste. Aparecen rincones como las calas del Russo y del Pebret, esta última con una duna en regeneración natural que se debería respetar evitando pisarla. Aquí no hay chiringuitos ni grandes infraestructuras: se accede caminando, en bicicleta o por pistas forestales, y precisamente por eso conservan gran parte de su encanto. También existen tramos donde se permite el naturismo, bien señalizados. La nitidez del agua, el silencio y los pinares que llegan hasta la costa marcan la experiencia.
Sierra de Irta: la costa que resiste
El Parque Natural de la Sierra de Irta protege unas 7.744 hectáreas terrestres y una reserva marina adyacente en el Mediterráneo. La sierra discurre paralela al mar entre Alcalà de Xivert-Alcossebre, Santa Magdalena de Pulpis y Peñíscola, y alterna playas, calas y acantilados. Entre los hitos destaca la Torre Badum, atalaya sobre uno de los cortados más llamativos de la Comunitat Valenciana. La cota máxima del macizo, el pico de Campanilles, alcanza 572 metros, suficiente para regalar vistas panorámicas sin exigir grandes desniveles. Pinares, matorral mediterráneo y zonas dunares dan cobijo a fauna variada, con aves rapaces como el halcón peregrino y el milano real.
Miradores y romerías
Dentro del parque, la Ermita de Santa Lucía y San Benito es uno de los grandes miradores naturales de la comarca. Se llega por rutas de senderismo bien marcadas y es destino de romería, por lo que conviene consultar el calendario local si se quiere evitar aglomeraciones. Desde su explanada se dominan la costa, los núcleos y la línea de cumbres, una panorámica que ayuda a entender el encaje entre cultura y naturaleza que define a todo el municipio. La luz de atardecer aquí es un cierre perfecto para quienes han empezado el día en el castillo.
Consejos útiles para una escapada redonda
Para disfrutar sin sorpresas, se debería asumir que parte del litoral del parque se recorre a pie o en bicicleta y que no hay sombras ni servicios en las calas más naturales. Por eso, es recomendable llevar agua, protección solar, calzado cómodo y una bolsa para la basura. En las playas con duna en regeneración se ha de evitar salirse de los caminos y respetar la señalización. En el casco histórico, conviene reservar un rato para entrar en la parroquia y rodear el campanario, y, en el castillo, planificar la subida evitando las horas centrales en días calurosos. Con ese mínimo de previsión, la doble cara de Alcalà de Xivert-Alcossebre -medieval y marinera- se disfruta en un mismo día sin prisas.
Artículo visto en (viajes.nationalgeographic.com.es) El pueblo de Castellón con un castillo templario, un casco histórico medieval y cinco playas con bandera azul
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