¿Un pueblo en Murcia donde las norias no son museo, sino herramienta diaria? Existe. Se llama Abarán y presume de la mayor rueda hidráulica en uso de Europa, un engranaje de madera que todavía eleva agua del Segura a las huertas. A su lado giran otras tres, formando una ruta señalizada que atraviesa acequias históricas, un soto fluvial con aves esquivas y un puente de hierro convertido en icono local. La estampa es fotogénica, pero lo relevante está en el detalle: estas norias no solo cuentan una historia, también riegan. Y ese patrimonio vivo, declarado Bien de Interés Cultural, se puede recorrer en poco más de una hora.
Por qué Abarán bate un récord hidráulico
Abarán, en el extremo norte del Valle de Ricote, conserva cuatro norias en funcionamiento, la mayor concentración en uso de España. La Noria Grande roza los 12 metros de diámetro y continúa elevando caudal hasta bancales altos, algo nada habitual ya en Europa. El sistema se completa con acequias de origen andalusí y galerías talladas en roca, una red que la Comunidad Autónoma reconoció en 2018 como Bien de Interés Cultural por su valor etnográfico.
El regadío de estas huertas transformó la economía local: a principios del siglo XX se multiplicaron los motores de elevación del agua y, en 1929, se contabilizaban cerca de 60 artefactos de bombeo y rodadura en las dos grandes acequias. A ese empuje exportador se le debe el apodo de "Abarán, París, Londres". El resultado hoy es un paisaje agrícola activo que se puede entender caminando, paso a paso, por el trazado del agua.
Una rueda que aún riega: casi 12 metros y 128 cangilones
La Noria Grande, de madera salvo el eje y los cubos, luce 32 radios y 128 cangilones. Su diseño original se proyectó en 1805, y la estructura que gira actualmente la construyó el maestro Nicomedes Caballero en 1951 para la comunidad de regantes, que sigue siendo su propietaria. No es un decorado: el río impulsa la rueda y los cangilones vacían arriba el agua en un canal superior, regando parcelas que de otro modo serían de secano.
La Ruta de las Norias (Sendero Azul): cómo recorrerla
El itinerario oficial, de unos 4,5 kilómetros y trazo circular, enlaza las cuatro norias entre huertas, motas y pasarelas. Se completa en algo más de una hora a ritmo tranquilo y está señalizado por el ecomuseo Legado Vivo, una iniciativa premiada por Hispania Nostra en 2023 por su labor de salvaguarda del patrimonio del valle. El paseo es urbano-rural: fácil, accesible y con paradas que invitan a mirar de cerca.
El punto de partida es el Parque de las Norias, junto a la Noria Grande. Desde allí, el camino remonta el Segura hacia Las Canales para girar después a la Hoya de Don García. Una pasarela lleva a la margen derecha en busca de la noria de Candelón y de La Ñorica, que se esconde en El Caño, un soto recuperado en 2005 donde anidan oropéndolas, caza relámpagos el martín pescador y, con fortuna, se deja ver la nutria. El regreso cruza el Puente Viejo, de hierro, levantado tras la gran riada de 1879 y terminado en 1883. Hoy es peatonal, Bien de Interés Cultural y famoso por su apodo local, "puente de Gandhi", en recuerdo del pintor Joaquín Juliá. El tramo final bordea el Molino de las Pilas -molió harina hasta los años setenta- y llega a La Alcantarilla, el curioso cruce doble donde las acequias de Abarán y Blanca se superponen sin mezclar sus aguas.
Consejos rápidos para el paseo
El trazado es sencillo, pero conviene preparar la visita para disfrutar del recorrido y del patrimonio sin interferir en las labores agrícolas. Estas pautas ayudan a que la experiencia sea más cómoda y respetuosa con el entorno.
- Elegir calzado cómodo y evitar salirse de las motas o sendas señalizadas.
- Llevar agua y protección solar; hay tramos sin sombra continua.
- Respetar compuertas, partidores y tiempos de riego; no manipular mecanismos.
- Observar la fauna a distancia, en silencio, especialmente en el soto de El Caño.
Las cuatro norias, una a una
El conjunto de ruedas convierte a Abarán en referencia hidráulica. Cada noria tiene carácter y una historia propia ligada a la acequia que la alimenta y al barrio que riega. Antes de acercarse, se debería fijar la vista en los cangilones, oír el golpe del agua y observar la descarga en los canales altos: ahí está el "milagro" cotidiano.
- Noria Grande: de casi 12 metros, estructura de madera, 32 radios y 128 cangilones. Proyecto documentado en 1805 y reconstrucción en 1951 a cargo de Nicomedes Caballero para la comunidad de regantes. Considerada la mayor noria europea que sigue elevando agua para riego.
- Hoya de Don García: heredera de una antigua ceña y con más de ocho metros de diámetro. Reconstruida en 1951, eleva en torno a 42 litros por segundo. Durante décadas se habló de su "cuarto pesado", un tramo que la hacía cojear; mediciones de investigadores confirmaron ese comportamiento irregular.
- Candelón: rueda de unos seis metros, documentada desde 1850. En 1988 se reconstruyó en metal, replicando fielmente la tipología original de madera para garantizar su continuidad en el riego.
- La Ñorica (o de la Pacha): la más pequeña, alrededor de cuatro metros. Un motor instalado en 1911 la dejó sin función y hacia 1929 se detuvo. En los años setenta se rehabilitó para llenar una piscina privada y, desde 2016, vuelve a servir al riego por goteo.
Un paisaje de huerta esculpido por siglos
La base del sistema se remonta a época andalusí, cuando se abrió la acequia principal junto al río y se tallaron canales en la roca. En el siglo XVIII se excavó la acequia de Charrara para regar la margen derecha, y en 1805 se proyectó la primera gran rueda de Abarán. Dos años más tarde, una riada arrasó la presa que abastecía a la vecina Blanca; desde entonces, ambas huertas comparten la toma de Abarán mediante un partidor que reparte el caudal.
Durante el siglo XIX se multiplicaron las norias de corriente y, ya en el XX, se sumaron los motores para llegar a cotas más altas. Aquella modernización impulsó el envasado de fruta y la exportación, con Abarán abriéndose mercado en capitales europeas. En 2018, el paisaje hidráulico completo -acequias, partidores, presas y ruedas- recibió la protección de Bien de Interés Cultural como lugar de interés etnográfico.
Calles en meandro, guiños literarios y miradores de altura
El casco antiguo se encarama sobre las terrazas fluviales del Segura, en un meandro que regala perspectivas constantes. Abarán nació como alquería andalusí (Fauaran) a finales del siglo IX y en 1281 se vinculó a la Orden de Santiago por promesa del entonces infante don Sancho. Las guerras con el reino de Granada vaciaron la aldea en el siglo XV y, a finales de ese siglo, se repobló con una veintena de familias musulmanas procedentes de Hellín, obligadas al bautismo. Su expulsión en 1613 quedó reflejada en la literatura: en la segunda parte del Quijote, Cervantes menciona a Ricote, el morisco vecino de Sancho Panza.
Ese guiño literario pervive en el Teatro Cervantes, inaugurado en 1926, levantado sobre un armazón de hierro pensado para resistir seísmos y con un gran lienzo que muestra al escritor junto a escenas de su obra. En lo alto, la ermita de los Santos Médicos, dedicada a San Cosme y San Damián, se alzó en 1953 con ladrillo visto, dos torres y juego de cúpulas en estilo neobarroco adaptado a la ladera. En su interior se veneran tallas del siglo XVIII y, en las pechinas, el pintor Luis Molina ilustró episodios de la leyenda de los santos, desde la curación de un camello hasta su martirio. Su balcón ofrece una de las mejores vistas de la vega; en la otra orilla, la Sierra del Oro completa el cuadro con el santuario de la Virgen del Oro y un sendero al Mirador de la Cruz.
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