En una ladera del Maresme, al norte de Barcelona, donde buena parte de las casas vecinas tratan de ocupar toda la superficie posible aun a costa de alterar el paisaje, una vivienda ha optado por el camino contrario y se ha colocado a media parcela, apoyada sobre una estructura metálica ligera que deja los árboles y la topografía prácticamente como estaban.
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Se llama Casa 144º, la firman los estudios Jaime Prous Architects y Pineda & Monedero, con la colaboración de Otherstructures y GLBlanes, y ha recibido el voto del público en la categoría Casa urbana del año de los Dezeen Awards 2026.
Una planta quebrada a 144 grados
La casa, una vivienda unifamiliar aislada que se terminó de construir en 2025, se levanta en una sola planta de 200 m2 y debe su nombre a la forma que dibuja vista desde arriba, una línea quebrada con un ángulo de 144º.
Ese quiebro orienta el extremo en voladizo hacia las vistas de la montaña, donde se ha situado la sala de estar, abierta al paisaje, mientras que en el extremo opuesto se encuentra un taller en el sótano iluminado desde arriba, al que se baja por una escalera de caracol de acero desde la planta principal.
El encargo era dar hogar a una pareja jubilada y, al tratarse de un entorno complejo y frágil como la ladera de un bosque, los arquitectos se plantearon cómo asentar una construcción en una pendiente sin alterar el paisaje.
Cuatro pilares de acero galvanizado
La solución consistió en incrustar la casa en el terreno por un lado y dejarla volar por el otro, sostenida por cuatro pilares de acero galvanizado reforzados con cruces de San Andrés, unos tirantes en forma de aspa que les dan rigidez y permiten que sean más delgados. Con ello se evitan los grandes movimientos de tierra y se limita el impacto de la obra sobre el suelo y la vegetación.
Madera por dentro, acero por fuera
Casa 144º es una construcción en seco y de consumo casi nulo que combina un material poco habitual en vivienda, la chapa de acero, con otro de gran eficiencia, la madera. La estructura principal está formada por muros de madera prefabricados en taller y ensamblados en obra con un forjado ligero de vigas de madera, y por fuera una envolvente de chapa de acero galvanizado protege el conjunto y le da su imagen industrial.
Las ventanas, sin carpintería visible, se abren al paisaje como grandes recortes en la fachada, un recurso con el que los autores buscan desmaterializar la casa y reforzar su idea de ligereza. Los arquitectos la definen como una «construcción en seco con una lógica constructiva sincera», alejada, según explican, de la estética de muros blancos que esconde estructuras de hormigón y grandes movimientos de tierra.
Un interior cálido y abierto al bosque
Frente a la imagen industrial del exterior, el interior apuesta por una atmósfera cálida de inspiración moderna y rústica, con la estructura de madera a la vista definiendo espacios sencillos y claros. Rodeada de bosque, la casa mantiene desde dentro una relación constante con el entorno, y tanto las ventanas como la sala de estar en voladizo acercan la vegetación y las vistas de la montaña a las estancias.
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