Obsolescencia programada, ¿qué es, qué tipos hay y cómo evitarla?

La obsolescencia programada es un fenómeno que nos acompaña desde hace décadas, y muchas veces somos sus responsables directos
Obsolescencia programada
Freepik

Comprar determinados productos de forma recurrente y periódica se ha convertido en una práctica normalizada, pero detrás de ella se encuentra, en muchas ocasiones, una estrategia comercial. Y es que, para garantizar la viabilidad económica de las empresas fabricantes, es necesario generar un consumo estable a lo largo del tiempo, con todas las consecuencias que ello acarrea.

En este contexto, aparece el concepto de obsolescencia programada, una práctica a la que se intenta poner coto a través de políticas de consumo responsable e impulso de la economía circular. Te contamos qué es, cómo te afecta y cómo evitarla. 

Publicidad

¿Qué es la obsolescencia programada?

La obsolescencia programada consiste en producir bienes con una vida útil determinada, definiendo así de antemano cuál será el momento en el que el consumidor deberá adquirir uno nuevo como sustituto.

Esto puede conseguirse de muchas maneras: haciendo que el producto se vuelva inservible, dejando de fabricar repuestos, encareciendo el coste de reparación con respecto al de un artículo nuevo, etc.

Tipos de obsolescencia programada

Existen diferentes tipos de obsolescencia que suelen combinarse a la hora de diseñar los bienes que consumimos. Estos son los más frecuentes:

  • Obsolescencia programada funcional: Consiste en que un producto deje de funcionar, en todo o en parte, pasado cierto tiempo establecido de antemano por la empresa.
  • Obsolescencia indirecta: Se produce cuando no existen piezas de repuesto para reparar el producto dañado. Muchas empresas dejan de fabricar repuestos pasados ciertos años para impulsar el consumo de modelos nuevos.
  • Obsolescencia programada psicológica: En este caso, el producto en sí sigue funcionado y cumpliendo con su finalidad, pero la existencia de nuevas versiones o modelos harán que sea el propio consumidor el que desee abandonar un modelo antiguo para adquirir uno nuevo con mejores prestaciones o diseño.
  • Obsolescencia por incompatibilidad o sistémica: En estos casos, lo que marca la caducidad del producto es la obsolescencia de la tecnología que permite su funcionamiento. Por ejemplo, un teléfono con varios años de vida será incompatible con los nuevos sistemas operativos.
  • Obsolescencia por caducidad: Ocurre cuando se reduce artificialmente la vida de un producto a través de la fijación de una fecha de caducidad, a pesar de que el producto siga siendo válido tras dicha fecha.
  • Obsolescencia ecológica: Cada vez asistimos a más casos de impulso de consumo de productos nuevos que se justifica por motivos de eficiencia o respeto al medio ambiente, a pesar de que los aparatos que van a sustituirse siguen funcionando correctamente.
  • Obsolescencia legal: En ocasiones, son las políticas de los diferentes Gobiernos las que definen la 'caducidad legal' de ciertos bienes, como los vehículos diésel.
Obsolescencia programada
Freepik

5 ejemplos de objetos con obsolescencia programada

El mundo que nos rodea está repleto de ejemplos de obsolescencia programada. Tanto es así que solemos tener perfectamente interiorizada cuál será la vida útil aproximada de un jersey, un teléfono o una cafetera en el momento de su compra, y somos capaces de asumir o no su precio en función de esa vida útil estimada. Aquí tienes algunos ejemplos muy frecuentes en el mercado global: 

  • Baterías insustituibles: Son muchos los casos en que la vida útil de la batería es la que define la obsolescencia del producto entero. Smartphones, ordenadores e incluso cepillos de dientes eléctricos son diseñados, en muchas ocasiones, con un marco temporal muy claro.
  • Elevado coste de reparación: En ocasiones la reparación es posible, pero el coste de hacerlo es tan elevado que muchas veces supera o iguala el precio de un nuevo producto de iguales o mejores prestaciones.
  • Uso de materia prima de mala calidad: Ya sea por necesidad o por otros motivos, compramos productos a bajo precio sabiendo que la calidad de sus materiales permitirán una vida útil muy breve.
  • Estética y moda: Muchas veces, los propios consumidores son los responsables de adquirir bienes de forma desmesurada y sustituir productos cada poco tiempo por razones estéticas o de moda. La publicidad y el marketing juegan un papel muy importante en este ámbito.
  • Nuevas versiones ligeramente alteradas: Ocurre mucho con los libros de texto, que se revisan mínimamente para lanzar así nuevas versiones y evitar el reciclaje de manuales y su uso durante varios cursos.

¿Cómo evitar la obsolescencia programada?

Una obsolescencia programada controlada y respetuosa con el consumidor y con el medio ambiente es posible a través de políticas públicas que definan un marco claro. Por ejemplo, en España, desde el pasado 1 de enero de 2022, se aplican dos mejoras:

  • El plazo de garantía de los productos es de 3 años en lugar de 2.
  • Los fabricantes deben asegurar las piezas de repuesto de sus productos durante 10 años, y no durante 5 años.

Además, en la actualidad se trabaja en una Ley de Consumo Sostenible que incentiva la reparación de productos durante el plazo legal de garantía, aumentando este en 12 meses adicionales cuando se opta por la reparación en lugar de la sustitución.

Esta propuesta emana de una directiva europea sobre el derecho a reparar que, entre otras cosas, insta a que, una vez expirada la garantía legal, el fabricante siga obligado a reparar productos domésticos comunes técnicamente reparables.

La norma también prohíbe ocultar información al consumidor sobre actualizaciones de software que afecten negativamente al funcionamiento de bienes, prohíbe presentar como necesaria una actualización que solo mejore características de funcionalidad y prohíbe cualquier comunicación comercial que contenga una característica introducida para limitar su durabilidad.

Otras políticas que pueden ayudar a reducir el impacto de la obsolescencia programada son las siguientes: 

  • Economía circular: Prácticas como el reciclaje de componentes y el aprovechamiento de residuos son clave para reducir el impacto medioambiental de la fabricación constante de nuevos productos.
  • Ecodiseño: Utilizar criterios medioambientales en todas las fases de vida del producto permite reducir el impacto de su existencia y de su uso, disminuyendo su huella ecológica.
  • Gestión de residuos: Una adecuada clasificación y gestión en este ámbito puede ayudar a reducir el impacto medioambiental de nuestra sociedad de consumo.

Para poder comentar debes Acceder con tu cuenta

Sigue toda la información inmobiliaria y los informes más novedosos en nuestra newsletter diaria y semanal. También puedes seguir el mercado inmobiliario de lujo con nuestro boletín mensual de lujo.