La banca española está sufriendo de lo lindo en bolsa en plena guerra en Oriente Próximo. Tras ganar un 112% en 2025 y cerrar el mejor año de la historia, el sector está sufriendo una oleada de ventas. En plena recogida de beneficios de los inversores, el índice Ibex 35 Bancos acumula una caída del 7,5% en lo que va de ejercicio, totalmente descolgado de las ganancias de otros sectores como energía o construcción, que suben más del 10%.
La gran pregunta ahora es si la caída en marcha es un aviso para navegantes y el prólogo de más descensos en un sector cuyas valoraciones estaban por las nubes. O si, por el contrario, la corrección es una oportunidad de compra a niveles de nuevo atractivos después de caídas que van desde el 6% de CaixaBank hasta el 12% de Unicaja. Los expertos se inclinan por esta segunda opción, pero con matices.
“El sector ya estaba cotizando a múltiplos muy exigentes, con un PER (veces en que el beneficio por acción está contenido en el precio por acción, y más atractivo cuando más bajo es) más de un 30% por encima de su media de los últimos 3 años, lo que le hacía más sensible a la incertidumbre del mercado”, señalan los analistas de XTB.
Además, la banca se enfrenta a problemas añadidos al miedo que genera la posibilidad de un frenazo del crecimiento económico (y por lo tanto del crédito) global por el impacto del conflicto bélico. Por ejemplo, las dudas que despierta la crisis del crédito privado, una herida que ya se había abierto antes del comienzo de las hostilidades en Irán.
Santander o Barclays son algunas de las entidades expuestas a la crisis de Market Financial Solutions (MFS), un proveedor de crédito privado que ha disparado las alertas sobre el potencial riesgo de la banca tradicional en este segmento. Con todas estas cartas sobre la mesa, los expertos creen que no es hora de subir la apuesta por los bancos, pero tampoco de sacar la bandera blanca vendiendo a manos llenas.
Para justificar esta recomendación, ponen sobre la mesa dos grandes argumentos. El primero es que no hay razón para pensar que los enormes dividendos prometidos por la banca española están en peligro. Antes de que acabe el primer semestre, los seis bancos españoles cotizados (Santander, BBVA, CaixaBank, Sabadell, Bankinter y Unicaja) van a repartir más de 10.000 millones de euros entre sus accionistas.
El premio gordo será para los de Sabadell, que esta primavera prevé llenar sus bolsillos con 2.500 millones de euros de dividendo extraordinario por la venta del británico TSB a Santander. Será previsiblemente a finales del mes de abril, cuando la operación quede completamente cerrada. El cuarto mes del año será muy pródigo en pagos.
El 9 de abril CaixaBank repartirá 2.332 millones de dividendo complementario; un día más tarde BBVA pagará 3.425 millones; y el 23 de abril Unicaja pondrá sobre la mesa 0,107 euros por acción (274 millones de euros) en concepto de dividendo complementario. También en abril, Bankinter dará 139 millones. En mayo, Santander repartirá 1.836 millones.
Una lluvia de dinero fresco que se complementa con los 10.000 millones en recompras de acciones que la banca española prevé ejecutar este año. Cifras que dan un colchón amplio al sector para afrontar las incertidumbres geopolíticas y de negocio que genera el conflicto bélico en Oriente Próximo donde, por ejemplo, BBVA tiene una exposición de unos 90.000 millones de euros por la vía de su filial turca Garanti.
En un escenario complejo que podría provocar subidas de los tipos de interés si la inflación se dispara, el sector podría salir beneficiado por este potencial movimiento (a tipos más altos, márgenes mayores), compensando en parte otros impactos posibles negativos como la caída del negocio crediticio o una hipotética subida de la morosidad, hoy en un nivel muy discreto.
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