A media hora de Kioto se encuentra Daigo-ji, un complejo budista con más de 1.100 años de historia que reúne templos, pagodas, jardines y santuarios en el monte Daigo. Conocido como 'el templo de las flores' y declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1994, el recinto se convierte cada otoño en uno de los lugares de referencia para contemplar el cambio de color de las hojas en Japón.
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El origen del templo se remonta al año 874, cuando el monje Shobo encontró un manantial en la montaña y levantó una pequeña ermita junto a él. Según la tradición, llegó hasta allí guiado por una divinidad local. El agua recibió el nombre de daigo, una palabra que en los antiguos textos budistas hacía referencia al producto más refinado obtenido de la leche y que también simbolizaba la enseñanza suprema de Buda.
Con el paso del tiempo, el complejo creció bajo el respaldo de la familia imperial japonesa. En el año 907, el emperador Daigo lo convirtió en templo imperial y ordenó construir una sala dedicada a Yakushi, el buda de la medicina. Sus sucesores impulsaron nuevas edificaciones, entre ellas una pagoda de cinco pisos y 38 metros de altura que hoy está considerada el edificio de madera más antiguo de Kioto.
La pagoda sobrevivió a los incendios que arrasaron buena parte del templo en 1470, durante la guerra de Onin. Actualmente, el museo Reihokan conserva más de 150.000 piezas vinculadas a la historia del recinto, de las que más de 75.000 están declaradas Tesoro Nacional.
El jardín que mandó construir Toyotomi Hideyoshi
Uno de los espacios más destacados de Daigo-ji es Sanboin, el antiguo palacio de los abades, fundado en 1115. Su jardín está estrechamente ligado a Toyotomi Hideyoshi, el gobernante que completó la unificación de Japón a finales del siglo XVI.
En la primavera de 1598, Hideyoshi organizó en la montaña una celebración bajo los cerezos. Para la ocasión mandó plantar unos 700 árboles y reunió a cerca de 1.300 mujeres de su corte. También impulsó la ampliación del palacio y diseñó el jardín que rodea un estanque con islas, puentes, cascadas y centenares de piedras.
El gobernante murió pocos meses después de aquella celebración, aunque las obras del jardín continuaron hasta 1624. Su recuerdo sigue presente en el recinto y cada año, el segundo domingo de abril, un desfile con trajes tradicionales recrea aquella fiesta.
Una montaña de templos y rutas de peregrinación
Daigo-ji ocupa buena parte del monte Daigo y está dividido en dos grandes áreas. En la zona inferior se encuentran las principales salas de culto, la pagoda, el estanque y los jardines. Desde allí parte un sendero que asciende durante aproximadamente una hora hasta Kami Daigo, el recinto superior, donde se conservan algunos de los edificios más antiguos del templo.
La montaña también tiene un vínculo con el Shugendo, una tradición espiritual japonesa que combina elementos del budismo con el culto a la naturaleza y a las montañas. Sus practicantes, conocidos como yamabushi, realizan largas caminatas y pruebas físicas como parte de su búsqueda espiritual.
Durante siglos, el acceso a la parte alta estuvo restringido a las mujeres. Así lo recuerda el Nyonin-do, conocido como la sala de las mujeres, situado al comienzo del camino de ascenso.
El monte también forma parte de distintas rutas de peregrinación budista. Entre ellas destaca el recorrido por los 33 templos dedicados a Kannon, la divinidad de la compasión, en el oeste de Japón.
El otoño transforma el paisaje de Daigo-ji
Aunque el templo puede visitarse durante todo el año, el otoño ofrece una de sus estampas más conocidas. La contemplación de las hojas, conocida en Japón como koyo, alcanza su momento de mayor intensidad en Daigo-ji entre mediados de noviembre y principios de diciembre.
Uno de los lugares más fotografiados es el estanque Rinsen, situado en la zona inferior del complejo. A su orilla se levanta el Bentendo, una pequeña capilla lacada en color bermellón dedicada a Benzaiten, la diosa del agua y la música. El edificio, el puente que conduce hasta él y los arces de tonos rojizos y anaranjados se reflejan sobre la superficie del agua.
Durante algunas semanas de la temporada otoñal, el templo amplía sus visitas al horario nocturno e ilumina espacios como la pagoda, el salón principal y el estanque. En determinadas veladas, los cánticos de los monjes acompañan el recorrido por el recinto.
La relación de Daigo-ji con la cultura y la historia japonesa también se refleja en su vínculo con la poesía. El emperador Daigo, que da nombre al templo y está enterrado en sus proximidades, ordenó recopilar el Kokinshu, una de las primeras grandes antologías de poesía japonesa reunidas por mandato imperial. Entre sus composiciones figuran versos dedicados al otoño y a los colores de las hojas, una tradición que sigue presente en la visita a esta montaña situada a unos 30 minutos de Kioto.
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