10 pueblos abandonados en Cuenca que te transportarán a otra época

La despoblación rural, especialmente a mediados del siglo XX, cambió para siempre muchas zonas de la provincia conquense.
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Villas Viejas / Malopez 21, CC BY-SA 4.0 Wikimedia commons

La provincia de Cuenca es una de las zonas de España donde el problema de la despoblación es más acusado. Y es que la zona guarda un amplio mosaico de pueblos que un día estuvieron llenos de vida y que hoy permanecen en silencio. La despoblación rural, especialmente intensa a partir de los años sesenta, transformó por completo estas pequeñas comunidades agrícolas y ganaderas. Descubre 10 pueblos abandonados en Cuenca que te harán retroceder en el tiempo.

Carrascosilla

Enclavada en un valle de la Alcarria conquense y perteneciente a Huete, Carrascosilla fue durante décadas una pequeña aldea agrícola de notable actividad. A pesar de contar con electricidad desde mediados del siglo XX, la falta de agua potable y el mal estado de los caminos condicionaban la vida diaria.

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Las fiestas de San Roque formaban parte de una vida social intensa y cohesionada. Sin embargo, la emigración progresiva de los años sesenta y setenta, motivada por la precariedad de servicios y la falta de oportunidades, terminó por vaciar el pueblo. Hoy, solo las tierras siguen trabajándose.

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Carretera a Huete, cerca de Carrascosilla / carrodeguas, CC BY-SA 3.0 Wikimedia commons

Villalbilla

Villalbilla, antigua pedanía de Villar de Domingo García, llegó a reunir cerca de una veintena de viviendas alineadas en torno a una calle principal. Sus habitantes vivían del cultivo de cereales y de la ganadería ovina. Uno de los principales problemas fue siempre la escasez de agua potable.

Sin embargo, la mecanización del campo, la falta de servicios básicos y la emigración hacia Cuenca y Valencia aceleraron su declive. A finales de los años setenta apenas quedaban unas pocas familias.

Valtablado de Beteta

Situado en la Serranía Alta, Valtablado fue durante siglos una de las aldeas vinculadas al Señorío de Beteta. Con poco más de una veintena de casas en sus mejores tiempos, su economía se apoyaba en el cultivo de cereales y, sobre todo, en la ganadería ovina. 

La emigración comenzó en los años sesenta, cuando las limitadas tierras y la dureza de la vida rural hicieron que los más jóvenes buscaran futuro en la ciudad. La expropiación de terrenos en los años setenta para repoblaciones forestales aceleró el abandono definitivo. 

El Cañizar

El Cañizar, otro de los lugares abandonados en Castilla-La Mancha, nació como núcleo vinculado a la explotación resinera en las proximidades del río Cabriel. Dividido en dos zonas, albergaba viviendas para trabajadores y propietarios, además de instalaciones industriales para la transformación de la resina y la actividad forestal. 

El declive del sector resinero y la falta de perspectivas laborales provocaron su progresivo abandono a partir de los años sesenta, aunque aún permanecieron algunos guardeses durante décadas posteriores. Hoy es una propiedad privada y el acceso está restringido.

La Fuencaliente de Mira

La Fuencaliente fue una aldea perteneciente a Mira cuya historia se remonta varios siglos atrás, vinculada inicialmente a antiguas dehesas y disputas territoriales. Con el paso del tiempo llegó a consolidarse como un núcleo habitado, alcanzando una notable población a finales del siglo XIX y contando con ermita propia.

Su destino cambió radicalmente en la década de 1960, cuando la construcción del embalse de Contreras obligó a expropiar y desalojar la aldea. Tras años de obras, el antiguo pueblo quedó sumergido bajo las aguas en 1974. 

Villas Viejas

Antigua pedanía de Huete, Villas Viejas se sitúa en un entorno natural marcado por el paso del río Cigüela. En su época de mayor actividad fue un pequeño núcleo agrícola, con viviendas y una ermita que aún hoy se mantiene en pie.

El abandono progresivo dejó muchas construcciones en estado ruinoso, aunque pasear por sus calles permite imaginar la vida cotidiana que allí se desarrolló. La sensación de aislamiento y silencio define actualmente este enclave.

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Ruinas en Villas Viejas / Malopez 21, CC BY-SA 4.0 Wikimedia commons

Casas de Juan Fernández

Ubicada en la comarca de La Manchuela y dependiente de Iniesta, las Casas de Juan Fernández fueron perdiendo población a mediados del siglo XX, siguiendo la tendencia general de éxodo rural. La búsqueda de mejores condiciones de vida y empleo llevó a sus vecinos a trasladarse a núcleos mayores.

A pesar de la despoblación, todavía se conservan varias viviendas en pie y el entorno mantiene elementos tradicionales del paisaje manchego. Destaca por la tranquilidad de sus calles y la cercanía de zonas naturales.

Cabrejas

Cabrejas, hoy despoblado perteneciente a Abia de la Obispalía, fue en el siglo XIX un pequeño municipio con ayuntamiento propio y varias decenas de habitantes. Situado en una zona elevada y expuesta a los vientos, contaba con viviendas dispersas, una capilla dedicada a Santa Quiteria y una fuente.

Su economía se basaba en la agricultura de cereal y la ganadería, con terrenos en parte llanos y en parte montuosos. Con el tiempo, la falta de oportunidades y la concentración de servicios en otras localidades provocaron su abandono.

Hortizuela

Hortizuela, en la Serranía Media y vinculada a Villar de Olalla, fue un pequeño conjunto de casas ligado a una gran finca agrícola. Sus habitantes trabajaban como jornaleros en explotaciones de cultivo y ganadería, y el núcleo llegó a contar con iglesia y edificaciones señoriales.

Abandonado a mediados del siglo XX, el conjunto conserva restos arquitectónicos de interés, aunque en estado de deterioro. Su proximidad al río Júcar y su entorno natural aportan un atractivo especial a este enclave.

La Nogueruela

En los límites con la provincia de Teruel se encuentra La Nogueruela, una aldea de clima riguroso que basaba su economía en la ganadería ovina y el cultivo de cereales. Permanecía aislada durante los inviernos debido a sus comunicaciones complejas.

La despoblación culminó en la década de 1970, cuando las últimas familias se trasladaron a municipios cercanos o a la Comunidad Valenciana. En los últimos años algunas viviendas han sido rehabilitadas como residencias temporales.

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