Vivir con más gente solía ser sinónimo de etapa temporal. Hoy, con la vivienda y la cesta de la compra al alza en España, no solo se comparte piso entre amigos: se multiplican los hogares intergeneracionales donde conviven abuelos, padres y nietos. Y, además, el teletrabajo ha llegado para quedarse en muchas casas. ¿El resultado? Cocinas que hacen de despacho, salones que son comedor y oficinita, y rutinas que chocan a diario. La flexibilidad promete mucho, pero cuando dos usos coinciden en el mismo momento, la privacidad salta por los aires. Dos arquitectos españoles -Clara Ulargui Aparicio y Luis Aguilar Benavides, del estudio Positivelivings- explican qué falla y cómo arreglarlo sin vender humo.
- Por qué compartir vivienda hoy es diferente
- El error de los "espacios para todo": flexibles, sí; privados, no
- Soluciones realistas cuando faltan metros
- Diseñar para rutinas opuestas: el método de "perfiles de uso"
- Zonas que conviene blindar y zonas que se pueden abrir
- Viviendas multigeneracionales: flexibilidad con reglas claras
Por qué compartir vivienda hoy es diferente
Compartir ya no consiste solo en repartir alquiler o hipoteca. Se debe coordinar horarios, costumbres y niveles de ruido en estancias que, a menudo, son pequeñas y están pensadas para "servir para todo". En muchos pisos actuales se ha pasado de distribuciones amplias y compartimentadas a viviendas mínimas con espacios polivalentes. Ese cambio aporta flexibilidad, pero también eleva el riesgo de choque entre usos simultáneos: quien necesita silencio para trabajar convive con quien desayuna, charla o atiende a los niños en el mismo espacio.
La convivencia, por tanto, se juega en un equilibrio delicado entre la vida en común y la intimidad individual. Y ahí es donde la arquitectura cotidiana -la que se habita, no la que se fotografía- marca la diferencia. El diseño de la casa se debería adaptar a las personas y a sus ritmos, no al revés. Cuando no ocurre, llegan el estrés, el cansancio y la sensación de no tener un lugar propio, aunque se comparta con familiares o amigos.
El error de los "espacios para todo": flexibles, sí; privados, no
Los espacios polivalentes funcionan bien mientras no se usen de forma distinta al mismo tiempo. En cuanto coinciden tareas incompatibles -reunión por videollamada y desayuno en familia, por ejemplo-, la supuesta versatilidad se convierte en ruido y molestias. Este es, según Positivelivings, el mayor fallo de diseño que rompe la convivencia en 2024: confundir flexibilidad con privacidad. Se puede tener un salón-cocina-comedor-despacho, pero no asegura aislamiento cuando se necesita concentración o descanso.
Para mitigar ese conflicto, los arquitectos recomiendan prever mecanismos de separación rápida. Aun así, advierten de que ninguna solución ligera resolverá por completo el aislamiento acústico o visual si la base del proyecto no diferencia bien los usos de día y de noche, y si no se asigna a cada persona un espacio propio -aunque sea mínimo- para sus tareas clave.
Soluciones realistas cuando faltan metros
En pisos pequeños, donde no caben tabiques nuevos ni habitaciones extra, se recurre a recursos móviles que permitan compartimentar al instante. La clave está en priorizar lo que de verdad se necesita aislar y aceptar que el resultado será práctico, pero no perfecto. El objetivo es ganar grados de privacidad, no un búnker.
Según la experiencia de Positivelivings, funcionan especialmente bien los paneles correderos de suelo a techo y las cortinas de calidad montadas como elemento escénico. Ambas opciones se montan con relativa rapidez, permiten transformar el espacio en minutos y ayudan a crear microámbitos. Eso sí, conviene asumir sus límites: no sellan al 100% y no sustituyen una separación constructiva cuando el uso exige silencio total.
Cómo sacarles partido sin obras constantes
Antes de instalar nada, se debería definir qué uso requiere más protección y en qué franja horaria. A partir de ahí, se ordena el plano: el área más sensible se coloca donde haya menos tránsito, el paso común se despeja, y los elementos móviles se instalan para dividir sin invadir circulaciones. Si se teletrabaja, se debe buscar la mejor luz natural y una pared de fondo estable para llamadas; si se madruga o se trasnocha, se separan claramente los circuitos de descanso y actividad.
Diseñar para rutinas opuestas: el método de "perfiles de uso"
Cuando conviven personas con horarios y hábitos muy distintos, proyectar sin datos es un billete seguro al conflicto. Por eso, el estudio trabaja con "perfiles de uso": se recopilan rutinas, aficiones, horas de sueño y necesidades de concentración de cada ocupante, y se dibuja el programa de la casa en torno a esa realidad. La idea es sencilla: minimizar la fricción diaria colocando cada actividad donde menos molesta a la otra.
Así, si alguien se levanta muy temprano y otro empieza tarde, el circuito matutino (baño, café, vestirse) no debería cruzarse con la zona de descanso del que aún duerme. El plano ideal separa los usos de día -cocinar, comer, trabajar, recibir visitas- de los de noche -dormir y relajarse-, evitando que se mezclen. La casa se vuelve un "acuerdo espacial" entre personas y no un campo de batalla.
Checklist básico para repartir el espacio según rutinas
Antes de mover muebles o comprar paneles, se recomienda acordar entre todos un mapa simple de necesidades. Este ejercicio ordena prioridades y previene compras innecesarias.
- Identificar quién necesita silencio y en qué horarios.
- Separar claramente los circuitos de día y de noche.
- Asignar un punto fijo de trabajo a quien teletrabaja de forma habitual.
- Ubicar las zonas de tránsito lejos de los espacios que exigen concentración.
Zonas que conviene blindar y zonas que se pueden abrir
La demanda que más ha crecido desde 2020 es la del espacio de trabajo en casa. No se trata solo de una mesa: se necesita buena luz y, cuando haga falta, la posibilidad real de aislarse del resto de la vivienda. Ese ámbito debería ser el mejor protegido, sobre todo si hay reuniones o llamadas frecuentes. En la práctica, muchas casas no permiten una sala independiente, de modo que se recurre a soluciones mixtas: paneles, cortinas y una cuidada ubicación dentro del plano para reducir interferencias.
En cambio, las áreas de uso común -comer, cocinar, estar- pueden mantenerse más abiertas siempre que no compitan con actividades que exijan silencio en la misma franja. El criterio de diseño pasa por jerarquizar: primero se garantizan los usos críticos (descanso y concentración), después se libera el resto para la vida en común.
Teletrabajo sin chocar con la vida diaria
Si el despacho no puede ser una pieza cerrada, se puede integrar en el salón o en un pasillo ancho con dos apoyos clave: un frente de almacenaje que oculte cables y equipos tras la jornada y un cierre móvil que se abra o cierre según el momento. La premisa es clara: fácil de usar, rápido de guardar y sin invadir circulaciones básicas de la casa.
Viviendas multigeneracionales: flexibilidad con reglas claras
En hogares donde conviven varias generaciones, la necesidad de flexibilidad es aún mayor. Se conviven ritmos vitales distintos -siestas, juegos, tareas, trabajo- en menos metros de los deseados. Aquí, los arquitectos insisten en dos ideas: áreas comunes versátiles y, a la vez, rincones personales reconocibles para cada integrante. Un banco junto a la ventana con cortina, una mesa auxiliar que se convierta en escritorio o un módulo móvil pueden marcar la diferencia entre sentirse en casa o sentirse de prestado.
La clave está en nombrar y respetar esos microespacios. Aunque no sean habitaciones, se deben considerar "propios" durante los usos pactados. Con esa base, los elementos móviles cumplen su función y la convivencia gana previsibilidad: cada cual sabe dónde estar y cuándo, sin pisarse.
Sigue toda la información inmobiliaria y los informes más novedosos en nuestra newsletter diaria y semanal. También puedes seguir el mercado inmobiliario de lujo con nuestro boletín mensual de lujo.







Para poder comentar debes Acceder con tu cuenta