Canarias conserva rincones donde el tiempo parece haberse detenido. Aunque no es tan habitual como en la península, en varios puntos encontramos aldeas hoy sin habitantes, ya sea por su aislamiento o porque sus funciones desaparecieron. A continuación, puedes descubrir tres casos de pueblos abandonados en Canarias, aldeas sin residentes permanentes y complejos que nunca llegaron a usarse.
Tacalcuse (La Gomera)
Al sureste de La Gomera se encuentra la aldea abandonada de Talalcuse, ubicada en la margen izquierda del barranco de Chinguarime, dentro del municipio de San Sebastián de La Gomera. Se encuentra a unos 700 metros de altitud y queda protegida bajo una gran pared de roca volcánica, una singular localización.
El núcleo llegó a estar formado por tres casas, aunque solo dos permanecieron habitadas en sus últimos años. Sus vecinos vivían de una agricultura adaptada a las laderas. Pero la falta de electricidad obligaba a recurrir a lámparas de aceite, velas y quinqués, mientras que los caminos eran la única conexión con los pueblos cercanos.
La vida diaria exigía largos desplazamientos a pie. Los niños acudían a la escuela de Jerduñe, y para compras, trámites o atención médica era necesario llegar a San Sebastián. El aislamiento, la ausencia de servicios básicos y las dificultades de comunicación llevaron a las familias a emigrar a Tenerife durante la década de 1990.
Roque Bermejo (Tenerife)
Roque Bermejo es un pequeño caserío costero situado en el extremo oriental del macizo de Anaga, dentro del municipio de Santa Cruz de Tenerife. Se encuentra junto a la desembocadura de los barrancos de Roque Bermejo y La Quebrada.
El lugar no cuenta con población permanente desde hace años, aunque conserva su condición de segunda residencia para algunos vecinos. Entre sus elementos más reconocibles se encuentran el embarcadero, una pequeña ermita dedicada a la Virgen de Candelaria y el roque o Corcovado que da nombre al caserío.
Llegar hasta Roque Bermejo requiere hacerlo a pie por senderos o por mar, una circunstancia que ha condicionado históricamente la vida en el enclave. El caserío forma parte íntegramente del parque rural de Anaga desde 1994.
Sanatorio de Abades (Tenerife)
Aunque no es un pueblo como tal, el sanatorio de Abades reúne decenas de edificaciones y fue concebido como un pequeño complejo autosuficiente en el sur de Tenerife. Está situado en el municipio de Arico y fue proyectado en la década de 1940 para acoger a personas enfermas de lepra y tuberculosis.
El diseño incluía instalaciones sanitarias, viviendas, una iglesia, espacios de servicio y otras construcciones. Sin embargo, el proyecto nunca llegó a abrir con el uso previsto. La evolución de los tratamientos médicos y otros problemas relacionados con la planificación dejaron sin sentido la inauguración.
Posteriormente, el lugar pasó a manos de Defensa y fue utilizado para maniobras militares. Hoy, sus más de 30 edificios sin terminar o deteriorados por el tiempo forman uno de los escenarios abandonados más conocidos de Tenerife. Las edificaciones llevan décadas sin mantenimiento y pueden presentar daños estructurales.
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