La provincia de Albacete es una tierra de amplios horizontes, sierras escarpadas y extensas llanuras llenas de historia y naturaleza. A lo largo de su territorio se reparten numerosos pueblos que conservan la esencia rural manchega. Sin embargo, junto a las localidades que aún mantienen vida y costumbres, también existen núcleos que el paso del tiempo y la despoblación han ido dejando atrás. Descubre 6 pueblos abandonados de Albacete que, desgraciadamente, se quedaron sin vida.
Alcadima
Enclavada en un estrecho valle por el que discurre el río Mundo, Alcadima pertenece al término municipal de Liétor y destaca por su estampa pintoresca. Sus casas, agrupadas y construidas en buena parte con yeso, llegaron a sumar poco más de una docena, formando un conjunto armonioso junto al cauce.
La relación con las aldeas cercanas era constante, especialmente con Hijar y Ayna, lugares a los que acudían para la escuela, la misa o el comercio. Sin embargo, la falta de accesos adecuados y el cierre de servicios esenciales precipitaron la marcha de sus habitantes en la década de 1970.
Marimínguez
En plena comarca de La Manchuela se encuentra Marimínguez, pedanía de Alcalá del Júcar. Este pequeño núcleo, que superó la veintena de casas en el pasado, vivía de la agricultura de secano, centrada en trigo, cebada, lentejas y vid.
A mediados del siglo XX llegaron avances como la electricidad, celebrados como auténticos acontecimientos. Pese a resistir más que otros enclaves serranos, la mecanización del campo y el éxodo rural terminó por vaciar el lugar. Hoy muestra edificaciones arruinadas junto a otras que aún se utilizan.
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Arteaga de Abajo
Levantada sobre un espolón rocoso junto al río Puentecillas, Arteaga de Abajo formaba parte del municipio de Peñascosa. Su ubicación, aislada y azotada por los inviernos fríos de la sierra, condicionó siempre la vida. Las viviendas, de construcción modesta, se agrupaban en torno a caminos estrechos y empinados, a los que solo se podía acceder a pie o con caballerías.
La ausencia de servicios básicos y la dificultad de las comunicaciones acabaron acelerando el abandono a partir de los años sesenta. El declive fue imparable y las familias buscaron nuevas oportunidades en municipios mayores y ciudades. Hoy, el caserío aparece en ruinas.
El Encebrico
A más de 1.400 metros de altitud en la sierra del Segura, se encontraba El Encebrico, dependiente de Paterna del Madera. Su aislamiento era extremo, especialmente durante los inviernos, cuando la nieve podía incomunicar la aldea durante días. Las viviendas carecieron durante mucho tiempo de electricidad y agua corriente.
La falta de escuela estable, servicios sanitarios cercanos y comunicaciones aceleró la emigración en las décadas centrales del siglo XX. Aunque algunos resistieron más tiempo, finalmente el despoblamiento fue total. Hoy apenas quedan restos que reflejan la dureza de quienes habitaron este rincón remoto.
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Moharras
En el noroeste de la provincia, dentro del término de Villarrobledo, se sitúa Moharras, un despoblado con raíces históricas que podrían remontarse a época andalusí, pues la presencia de antiguos aljibes y la sonoridad de su nombre apuntan a un pasado remoto ligado a la ocupación árabe del territorio.
Durante siglos fue un pequeño enclave agrícola que llegó a contar con iglesia propia y una reducida población. Su declive se aceleró en la segunda mitad del siglo XX hasta dejar un antiguo asentamiento en el que apenas permanecen algunas construcciones de interés histórico. Mientras, la tradición religiosa vinculada al Cristo de Moharras se mantiene viva en Villarrobledo.
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Las Hermanas
Situada en la sierra del Segura y dependiente de Molinicos, Las Hermanas se extendía en una ladera sobre el barranco de la Dehesa Vieja. En sus mejores tiempos llegó a reunir varias decenas de viviendas alineadas en pendiente, rodeadas de olivos, almendros y pequeñas parcelas de cereal.
La vida era exigente, marcada por los desplazamientos constantes a pie hacia otros núcleos para casi cualquier gestión. La progresiva emigración hacia Molinicos en los años sesenta y setenta fue reduciendo la población hasta quedar deshabitada a finales del siglo XX. Hoy, el deterioro es evidente.
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