¿Un río que aparece de la nada y desaparece en cuestión de días? En Mallorca sucede de verdad. Al pie de la Serra de Tramuntana, un encinar se transforma en un cauce impetuoso cuando las borrascas empapan la montaña durante jornadas seguidas. El agua, invisible durante meses, irrumpe entre piedras y raíces, corre por los torrentes y termina alimentando el gran humedal de la isla. No es un truco ni una leyenda: es un fenómeno hidrogeológico único en Baleares y, además, se puede visitar. Así funcionan y así se disfrutan Ses Fonts Ufanes, en Campanet.
- Qué son y por qué sorprenden
- Dónde ocurre y cómo llegar
- Cuándo brotan y cuánto duran
- Cómo es la visita: del encinar al torrente
- Patrimonio oculto entre árboles
- El oratorio de Sant Miquel: la parroquia que cambió de lugar
- Coves de Campanet: la otra cara del agua
- Consejos útiles para ver las Fonts Ufanes
- Por qué importa: de un bosque secreto al gran humedal de Mallorca
Qué son y por qué sorprenden
Ses Fonts Ufanes son surgencias kársticas que solo brotan tras episodios de lluvias intensas y continuadas en el entorno del Puig Tomir, uno de los grandes picos de la Serra de Tramuntana. Las calizas de la sierra actúan como una esponja: filtran el agua hacia un acuífero muy permeable, que en la parte baja de la finca de Gabellí Petit topa con margas casi impermeables a lo largo de una falla. Cuando el acuífero se desborda, el agua asciende de golpe a la superficie por puntos como la Ufana Grossa y la Ufana Petita. El resultado es un encinar que, de repente, se convierte en un río.
La magnitud del cambio es tan llamativa como su rapidez. Según el Govern balear, el caudal puede pasar de cero a tres metros cúbicos por segundo en cuestión de minutos y, en episodios excepcionales, rozar los cien. La imprevisibilidad añade emoción: hay años de sequía en los que ni siquiera llega a producirse, y cuando aparece suele durar apenas un par de días.
Dónde ocurre y cómo llegar
El fenómeno se localiza en la finca de Gabellí Petit, en el término de Campanet (Mallorca). Desde 2001, el paraje está protegido como Monumento Natural e incluido en el entorno de la Serra de Tramuntana. Tras años de reivindicaciones, el Govern balear adquirió la finca con fondos europeos en 2005 y la abrió al público, garantizando la conservación de algo más de cincuenta hectáreas de gran valor ecológico y cultural.
El acceso es sencillo: se toma la salida 37 de la autopista Ma-13 y se aparca junto al oratorio de Sant Miquel, a pocos metros de la entrada a la finca. El horario ordinario de apertura es de 10 a 17 horas. Desde la barrera de acceso, un sendero circular señalizado de unos tres kilómetros conduce hasta la zona de surgencias en alrededor de veinte minutos.
Cuándo brotan y cuánto duran
La gran pregunta no tiene un calendario fijo. Las fuentes despiertan, por lo general, dos o tres veces al año y durante un par de días cada vez. Dependen de lluvias intensas y persistentes en la Tramuntana, no solo del chubasco puntual en Campanet. En sus dos primeras décadas como espacio protegido se registraron 76 episodios de surgencia, una cifra que confirma su carácter esporádico y, al mismo tiempo, recurrente cuando la sierra se empapa.
Para acertar, se debería estar atento a los avisos del personal gestor en la entrada y a la situación meteorológica previa en el Puig Tomir y su entorno. Una pista inequívoca: después de varios días de borrascas, el encinar ruge.
Cómo es la visita: del encinar al torrente
El recorrido arranca entre campos de algarrobos y las antiguas casas de Gabellí, y se adentra luego en un encinar fresco y umbrío. El sotobosque de lentiscos y madroños, donde florece el ciclamen balear -exclusivo de las islas-, anticipa un paisaje de roca y raíces por el que, cuando brotan, las aguas corren sin aviso previo. En otoño, el suelo se puebla de setas y, en silencio, se mueven especies esquivas como la marta y la gineta, mientras sobrevuelan el halcón peregrino y el águila calzada.
Si las surgencias están activas, el agua inunda tramos de sendero y el personal del Ibanat ordena el paso. Desde aquí, la corriente sigue por el torrente de Teló, enlaza con el de Sant Miquel y atraviesa los cultivos del llano de sa Pobla antes de desembocar en el Parque Natural de s'Albufera. Es decir, lo que comienza bajo un encinar termina alimentando el mayor humedal de Mallorca y, en última instancia, el mar.
Patrimonio oculto entre árboles
El paseo reserva sorpresas más allá del agua. Entre las encinas aparecen huellas de los antiguos oficios del bosque: barracas de piedra y plataformas circulares donde se hacía carbón vegetal durante siglos. Bajo las copas se conserva, además, la portada de un talayot, una de las grandes construcciones megalíticas de la prehistoria balear cuya función exacta sigue siendo motivo de debate. Un centro de interpretación en las dependencias de la finca proyecta un audiovisual que explica el fenómeno, y un itinerario autoguiado permite seguir el torrente de Biniatró, otro cauce calcáreo que también despierta con las lluvias fuertes.
El oratorio de Sant Miquel: la parroquia que cambió de lugar
Junto a la entrada del monumento natural se encuentra el oratorio de Sant Miquel, uno de los templos más antiguos del valle. Tras la conquista de 1229, aquí se fijó en 1248 la parroquia que abarcaba también Búger y sa Pobla. A su alrededor existió un pequeño núcleo que se fue vaciando, quizá por la peste negra de 1348 o por el auge de Campanet, adonde la parroquia se trasladó en el siglo XV. El templo conserva la sencillez medieval: una sola nave con cubierta de madera sobre arcos apuntados, ampliada con sacristía en 1408 y con fechas grabadas que remiten a obras posteriores.
En el interior destaca una tabla gótica del arcángel san Miguel en el altar y, en una hornacina, un Cristo gótico muy venerado. La tradición cuenta que vecinos de sa Pobla intentaron llevarse esta imagen, pero no pudieron sacarla del término. Un antiguo camino, el camí del Sant Crist, conecta a pie el pueblo de Campanet con el oratorio y la entrada de la finca.
Coves de Campanet: la otra cara del agua
A muy poca distancia, en la vertiente sur del monte de Sant Miquel, el mismo subsuelo calizo ha esculpido durante más de diez millones de años las Coves de Campanet. Los vecinos conocían desde antiguo una corriente de aire fresco que salía del suelo, y en 1945, mientras se buscaba agua en la finca de So na Pacs, se descubrió el acceso. Bartomeu Palou lo ensanchó y, en 1948, las cuevas abrieron al público con terrazas, escaleras y jardines proyectados por el arquitecto Josep Ferragut.
La visita, de unos cuarenta minutos, discurre a una profundidad media de unos 50 metros por salas como la Romántica, la del Lago o la del Castillo Encantado, entre estalactitas, columnas, delicados tubos de calcita y coladas que parecen cortinas petrificadas. Durante las obras aparecieron restos del Myotragus balearicus, un pequeño bóvido endémico de Mallorca y Menorca extinguido tras la llegada de los primeros pobladores.
Consejos útiles para ver las Fonts Ufanes
Antes de planificar la escapada conviene tener en cuenta varios aspectos prácticos. El fenómeno es breve y depende de lluvias previas en la sierra, los senderos pueden anegarse y la afluencia de visitantes aumenta cuando las aguas brotan. Estas indicaciones ayudan a aprovechar la jornada sin contratiempos.
- Consultar la meteorología y acudir tras varios días de precipitaciones intensas en la Tramuntana.
- Respetar las indicaciones del Ibanat en los accesos y pasarelas cuando el caudal sea alto.
- Llevar calzado con buen agarre: el terreno kárstico y el barro resbalan.
- Evitar salir de los senderos señalizados: se protege un ecosistema sensible.
- Recordar el horario de 10 a 17 h y planificar la visita con margen para recorrer el circuito.
Por qué importa: de un bosque secreto al gran humedal de Mallorca
Ses Fonts Ufanes no son solo un espectáculo natural. También son una pieza clave del ciclo del agua en el norte de Mallorca. Su caudal recarga los torrentes que riegan el llano de sa Pobla y acaban en el Parque Natural de s'Albufera, la zona húmeda más extensa de las islas. Entender cómo una sierra calcárea "bebe" y "exhala" agua permite valorar por qué la conservación del bosque, del acuífero y de los valles agrícolas está conectada.
La próxima vez que las nubes se instalen sobre el Puig Tomir, habrá que escuchar el bosque: quizá, entre encinas y rocas, esté naciendo por unas horas un río que solo Mallorca puede mostrar.
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