Una torre de piedra marca el perfil de Vilanova dos Infantes, en el municipio ourensano de Celanova. A sus pies se extiende un núcleo de calles estrechas, viviendas tradicionales y pequeñas plazas que conserva su trazado medieval. La localidad, integrada en la asociación Los Pueblos Más Bonitos de España, reúne patrimonio defensivo y tradiciones vinculadas a la vida rural gallega.
Su construcción más reconocible es la torre del homenaje, de 19 metros de altura, asentada sobre roca granítica. Es el principal vestigio del castillo cuyos orígenes se remontan al siglo X. La fortaleza sufrió la destrucción de las revueltas irmandiñas del siglo XV y fue reedificada posteriormente, por lo que su aspecto actual responde a distintas etapas históricas.
La torre tiene planta cuadrada y muros de gran espesor. Su función cambió con los siglos: además de servir como construcción defensiva, llegó a albergar dependencias municipales. Tras su restauración en 2000, se destinó a la interpretación de la historia, la geografía y las tradiciones de Terras de Celanova.
Un paseo entre patrimonio y antiguos oficios
El recorrido por Vilanova dos Infantes continúa por sus rúas empedradas y su plaza con fuente. La escala del conjunto permite observar cómo las casas se agrupan alrededor de la fortificación, que sigue siendo la principal referencia del paisaje urbano. Entre los lugares que completan la visita figura la Cova de San Vivián.
La localidad también conserva la memoria de sus artesanos zapateros. Ese pasado tiene presencia en la Romaría Etnográfica Raigame, que se celebra cada 17 de mayo y recupera oficios, música y bailes populares. En septiembre, las fiestas de la Virgen del Cristal suman otra de las manifestaciones culturales del pueblo.
La combinación de la torre, el caserío y estas tradiciones permite descubrir un enclave del interior de Ourense cuyo interés va más allá de su monumento más visible.








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