Teresa Olea es arquitecta, pero también es otras cosas. Al terminar los estudios, cuando las cosas no venían bien dadas en el sector inmobiliario y de construcción, se formó en Gemología y lanzó una línea de diseño de zapatos con la que, confiesa, se divirtió muchísimo. En definitiva, podríamos decir que Olea es un profesional 'multitask', aunque ahora ya solo esté inmersa en su profesión de origen.
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En esta entrevista nos habla de la parte creativa de su trabajo y también de una de las facetas que no suele gustar a nadie de su sector: la burocracia, que no solo alarga plazos como si fuesen un chicle, sino que muchas veces se puede cargar la ilusión por el proyecto.
¿Qué quería ser de pequeña?
Aunque mucha gente piense que las carreras son vocacionales desde que naces, en mi caso no fue así. Era buena estudiante, me gustaba lo técnico, también la creatividad y el diseño. Siempre me gustó pintar y por eso decidí hacer arquitectura.
¿Cuál es la parte que más le gusta de su profesión?
La parte creativa, que se aplica hasta donde te permiten los clientes muchas veces, pero es el punto más motivador. Probablemente sea lo más bonito de la profesión y lo que tratamos de tener presente cada día. No siempre es posible.
¿Cuánta libertad le permite el cliente?
Depende. Hay gente que tiene las cosas muy claras y muy bien definidas. Hay gente que tú ves que necesita acompañamiento, aunque no sean muy conscientes, y hay gente que claramente te pide ayuda porque no sabe por dónde empezar. De las partes más importantes de un arquitecto es la psicología de conocer al cliente y saber qué es lo que necesita y con lo que se va a sentir a gusto.
¿Y qué es lo que menos le gusta de su profesión?
La parte burocrática, es un infierno, sobre todo porque los procesos son largos, son complicados, no facilitan nada los ayuntamientos. En fin, es muy tedioso.
Debe de serlo porque absolutamente todos los arquitectos entrevistados hasta ahora respondéis lo mismo…
Creo que de alguna forma tendrían que darle la vuelta y facilitarnos más el trabajo, porque no puede ser que presentes un proyecto y un año y medio después no tengas la licencia. Estamos ahora persiguiendo en Castilla-La Mancha hacer una construcción en una finca rústica y un año y medio después estamos sin tener noticias diciéndonos que entrará en la comisión siguiente. ¿Pero cuándo va a ser esa comisión? No sabemos si va a ser en un mes, en un año… es muy complicado.
Aparte que con esos plazos pueden cambiar hasta las necesidades del cliente…
Todo cambia. Sobre todo nos tira el proyecto porque cambian los precios, pero además cambia la ilusión. Al final tú empiezas una cosa con un recorrido que prevees más corto, con mucho ímpetu y mucha energía y te vas desinflando. Un año y medio después casi no te acuerdas de lo que lo que proyectaste, incluso muchas veces efectivamente te apetece a lo mejor otra cosa distinta de lo que se prevé ejecutar. Es complicado.
Aparte de ese proyecto, ¿qué otros tiene entre manos?
Nos hemos centrado en arquitectura doméstica. Cuando terminamos la carrera y nos encontramos el mercado, nos especializamos en mucha reforma de vivienda, principalmente en Madrid, hemos hecho alguna obra fuera también, cerca.
¿Hay edificios de Madrid que le gusten especialmente?
Me gusta muchísimo CaixaForum, es un proyecto precioso. Fue la primera fachada vegetal. Me gusta perderme en el Museo Lázaro Galdiano, pasear por el Madrid de los Austrias, observar las fachadas de los edificios. No sé, infinitos.
¿Y alguno que le parezca especialmente horroroso?
Pues no me gustan nada las torres Kio. Me incomodan.
Arquitectos a los que admire…
Me gustan mucho los arquitectos portugueses. Souto de Moura, me gusta mucho Álvaro Siza. Creo que tienen una similitud con la arquitectura danesa, ese racionalismo que respeta mucho el lugar, el clima. Y luego son arquitectos muy de escala humana, afinan al detalle, que es lo que nosotros solemos hacer. Cuidan mucho los materiales a nivel espacial y a nivel acabados.
¿En España sabemos cuidar la arquitectura?
Tenemos un problema y además nos lo decían en la escuela, no es una cosa reciente, mira el eje de la Castellana y los edificios no te dicen nada. Al revés, muchas veces son construcciones feas, sin ningún tipo de cuidado ni de intencionalidad. Y sin embargo, luego encontramos en el interior arquitectura fantástica o distribuciones muy buenas materiales bonitos. Pero ha mejorado muchísimo en los últimos años.
Creo que también diseñó zapatos
Bueno, eso ya eso es una forma parte de mi pasado. Cuando yo salí de la carrera, pues fue justo el momento de máxima crisis en el sector de la construcción y la forma de reinventarme fue una marca de zapatos, calzado femenino y me matriculé en Gemología en la Universidad Autónoma, que es un título de dos años.
Háblenos de esta casa…
Pues esta casa la compramos en el año 2002 y veníamos de una casa más pequeña. Tenía cuatro hijos, ya nos teníamos que mover como fuera y nos surgió la oportunidad, muy cerca de donde estábamos, que es lo que queríamos, no movernos por comodidad, tema colegios y tal. La dinamitamos y la hicimos desde cero conforme a nuestras necesidades.
¿Cómo fue la reforma?
La casa atendía a la distribución que se solía hacer en los años 70, mucho pasillo, cocina independiente, una zona de servicio independiente que yo no necesitaba. Son 150 metros cuadrados y en el momento en el que lo tiramos todo abajo, la distribución cambió por completo. Es decir, lo que hice básicamente fue diferenciar zona de día y zona de noche.
¿Y su rincón favorito?
Pues me gusta mucho estar en la cocina y en la terraza. No sé por qué. Desde siempre me pongo con el ordenador y si no hay nadie en casa y no me apetece ir al estudio, me pongo a trabajar en la cocina.
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