Creció entre la tienda y la fábrica de iluminación de sus abuelos, rodeada de vidrio, casquillos y pantallas, descubriendo la capacidad de la luz para transformar un espacio. Raquel Gutiérrez fundó junto a Ignacio Castillejo el estudio Polight, entendiendo la iluminación no como algo añadido a la arquitectura si no como un material más del proyecto.
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¿Por qué hizo Arquitectura?
No lo tenía muy claro. Sabía que me gustaba dibujar, me gustaban los espacios, tampoco tenía histórico de familiar, creo que era más un tema de percepción del diseño de los espacios, de intentar entenderlos.
Pero siempre ha estado vinculada a la iluminación…
Cuando empecé Arquitectura desde el año uno ya empecé como a coquetear con el tema de la iluminación, haciendo prácticas, trabajando en cadenas de montaje, o sea, desde muy abajo. Y sinceramente seguía haciendo arquitectura porque vi que, a través de la iluminación, que era donde yo me quería enfocar, podías transformar el espacio sin necesidad de construir muros. Entonces llevo vinculada la iluminación desde hace 17 años. El estudio lo fundamos hace tres años, lo que pasa es que siempre he trabajado para la marca que represento en Italia y en España.
¿Qué tipo de clientela llega a su estudio? Porque está muy enfocado en iluminación.
Sí, solo hacemos iluminación y el cliente que nos llega es mucho cliente residencial. Mucho arquitecto que nos contrata desde el proyecto básico, también tenemos una pata fuerte de retail, grandes grupos internacionales para los que la parte lumínica es como un lenguaje de marca. O sea, al final tanto retail como hoteles la luz, acompaña mucho la imagen de marca. Entonces son uno de nuestros mayores clientes, fondos, grupos de retail y hoteles.
¿Cree que la iluminación es una asignatura pendiente de muchos arquitectos o en muchos proyectos?
Sí, totalmente. Doy clases a tiempo parcial y la verdad es que tengo la suerte de que la mayoría de los alumnos dicen que cómo no han estudiado esto más en profundidad. Hay algunos masters de posgrado pero creo que es una asignatura pendiente.
¿Con qué proyectos está ahora?
Estamos con el Salón de Reinos, que al final es una obra muy ilusionante, muy larga. Estamos con proyectos de aeropuertos para ver cómo afecta la iluminación y la implantación para los distintos procesos humanos que vives en un aeropuerto. Estamos con el grupo Vuitton, haciendo imágenes de iluminación para ciertas flagships, hospitales… son disciplinas muy dispares pero que todas hablan de cómo se siente una persona en esos espacios.
¿Qué prefiere, luz calidad o fría?
Lo de luz cálida o luz fría se queda muy estandarizado y la realidad es que cada estancia tiene que tener su temperatura, siempre en los rangos cálidos y mayor o menor intensidad en función del momento del día. Debería acompañarte con el ciclo circadiano del día a día.
¿Qué espacios públicos cree que están especialmente bien iluminados?
Los museos. Creo que hay muchísimo estudio detrás de ese aspecto, por ejemplo, dentro del Museo del Prado, en función de la colección y del comisario, tienes un ambiente lumínico que intenta evocar la época. Ahora mismo una exposición que hay de Italia y España, la luz que acompaña esas piezas, esos tablones y demás, esos retablos, tiene esa luz que podría ser similar a la que había en ese momento, que no había luz artificial.
¿Y algún espacio que le parezca especialmente mal iluminado?
Los hospitales. Encontrarte en una sala de espera y que realmente estés a las dos de la mañana con una cantidad de luz que te activa y te hace sentir todavía peor de lo que estás, porque los pacientes no entienden de horario para ponerse enfermos. Es casi una necesidad social que se invierta en ese aspecto, porque por desgracia todos vamos a pasar por ahí en algún momento.
Arquitectos que le gusten especialmente
Me gustan arquitectos que le dan un valor a la iluminación. Hay uno que quizás es relevante y con el que he tenido la suerte de aprender de él, Peter Zumthor, la luz es una componente como intrínseca en toda su obra. Tienes Alberto Campo Baeza, el arquitecto de la luz. Creo que al final su propia arquitectura habla de iluminación.
Háblenos de esta casa…
Veníamos de una casa muy luminosa, pero nada más casarnos, bebés, empezaron a llegar. Necesitábamos una casa más grande y sinceramente, a priori me espantaba la poca cantidad de luz natural que hay viniendo de un ático. Pero fue un reto más que un problema.
¿Hizo mucha reforma?
Pues la mayor parte de la reforma fue para introducir luz para que hubiera luz indirecta. Al final la orientación no es sur, es una orientación más bien norte. Lo que hicimos fue abrir los tabiques del salón para que por lo menos entrase más cantidad de luz. Cerrar esa parte de detrás metiendo luz en el paramento vertical que además acompaña cada momento del día, mañana, tarde o noche, la luz va aumentando o bajando intensidad. La parte interior de la vivienda da a un patio interior, así que hicimos lo mismo, meter luz en las ventanas iluminando la vegetación. Son recursos que nos han ayudado a vivir la casa.
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