Para un goloso/a, el súmmum del placer debe ser que te tiren sobaos y que te los puedas comer a dos carrillos. Y gratis, que es una palabra que en general gusta mucho al común de los mortales. Comerte dos sobaos como mucho porque todos sabemos que los sobaos cántabros, los originales hechos con buena y calórica mantequilla, están deliciosos pero son de un tamaño considerable con lo cual, si tienes un estómago normal, lo suyo es que te comas uno o como mucho dos. Y ya os digo que dos incluso me parece complicado.. palabra de golosa. Pero hay héroes sin capa, individuos con capacidades singulares que se lanzan a realizar gestas como la de comerse 18 sobaos en tan solo ocho minutos, como sucedió hace unas semanas en Ambrosero, Cantabria, en el Campeonato Mundial de Comedores de Sobaos.
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Ya saben de nuestro amor por las fiestas singulares y en España tenemos varias, afortunadamente, aunque no son patrimonio exclusivo nuestro, en algún país extranjero persiguen quesos redondos cuesta abajo y no hablemos de los concursos gastronómicos de USA como, por ejemplo, el de engullir perritos calientes.
Ya hablamos en su día de ese pueblo donde se tiran roscos de pan e incluso, jamones (ojo que siempre es mejor que te dé un sobao en la cabeza, que es blandito, a una barra de pan, eso es innegable); también del lanzamiento de hueso de aceituna o del campeonato del rebobinado de cassette. Por eso cada año indagamos, buceamos, investigamos con ahínco para descubrir otros lugares y otras celebraciones que merezcan ser contadas. De primeras llama la atención que no haya uno de comer brócoli, por ejemplo, o coles de Bruselas, aunque en Cataluña sí que hay alguno parecido que haría las delicias de carnívoros pero también, de vegetarianos. Nos referimos a la Calçotada de Valls. En la última edición, celebrada en enero pasado, el ganador engulló 109 calçots, lejos del récord del año anterior del barcelonés que se zampó casi 200, algo más de 3 kgs de calçots y que había ganado 13 ediciones seguidas.. Desde luego amor por esta especie de cebolla no le faltaba, es indudable…
Fartons y horchata a voluntad
Si seguimos viajando por el Mediterráneo hacia el sur encontramos otro concurso gastronómico que endulza las papilas pero que al cuerpo le debe sentar regulero, considerando los niveles de azúcar. Nos referimos al concurso de comer fartons de la localidad de Xátiva, otro paraíso para los amantes de este dulce y de la horchata (levantemos manos). Este festival ya tiene solera, lleva más de 20 ediciones. El concurso consta de distintas rondas: en la primera deben tragar 12 fartons en 12 minutos, las cuentas salen fáciles; en la segunda ronda, seis dulces en diez minutos y en la última, que dura un cuarto de hora, no hay límite, gana el que más coma… Todo regado con litros y litros de horchata (la organización puede repartir 200 litros de horchata y unos 3.500 fartons).
En las últimas ediciones el ganador por goleada ha sido un creador de contenido que, como buen amante de la gastronomía, también ha participado en el festival de Ambrosero, el de los sobaos que nos servía de percha para arrancar este singular viaje gastronómico. Y no solo ha participado en el festival cántabro sino que se ha declarado ganador en varias de sus ediciones. Es decir, es un comedor profesional alguien a quien, como diría mi padre, es mejor comprarle un traje que darle de comer. Su nombre, Valentín Carrasco, que se zampó 18 sobaos en la última edición del campeonato de Ambrosero, la cuarta vez en reportar la victoria, haciendo palidecer a los ganadores del Mundial.
El atracón le reportó 4.000 euros, como diría un 'teen', le rentó atiborrarse. “En un abrir y cerrar de ojos mojaba las piezas de sobao en un vaso de leche y se las metía a la boca, ladeando un poco la cabeza en una coreografía repetitiva que le ayudaba a digerirlo. Y todo ello sin dejar de beber agua para que la masa pasara más rápido y evitar atragantarse”, contaban en la prensa local que cubría el evento. Hubo empate entre el segundo y tercer clasificado, con 12 sobaos. El desempate se estableció encestando sobaos en un cubo de leche. Entre los participantes, dos mujeres, una de las cuales quedó entre los primeros puestos del ranking.
Las condiciones del concurso son claras: el tope son 30 participantes; no puede quedar ni un trocito de sobao; puedes ayudarte de agua o de leche, o de ambos, para tragar, en cuyo caso los vasos también tienen que quedar vacíos. Y no vale hacer trampas y si vomitas, por supuesto, quedas desclasificado.
Carlos Cobo, el dueño del obrador local que elabora los dulces, es el ideólogo del concurso que organiza en colaboración con la Junta Vecinal (son 200 vecinos en el pueblo). “Todo surge porque este tipo de concursos americanos siempre me ha llamado la atención, se lo propuse al presidente de la Junta Vecinal y lo hicimos realidad. Los asistentes siempre están en torno a las mil personas”, explica Cobo. Apuntarse tiene un coste de 15 euros, “Un precio simbólico para que no nos dejen tirados a última hora”, añade. Este año se emplearon más de 400 sobaos, y los que no se comen se lanzan al afortunado público. ¿Consejos para ganar en la siguiente edición? “Para ser campeón tienes que tener el estómago bien dilatado, empapar bien en leche el sobao, engullir y con agua, empujar”. Pues ya saben, vayan entrenando y que aproveche.
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