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Las dos caras del covid-19 en la agricultura: se queda sin mano de obra, pero impulsa las ventas online

Foto: José Leal
Foto: José Leal
Autor: @Lucía Martín (colaborador de idealista news)

La voz en la radio suena entre lánguida y resignada: el agricultor, que cuenta con varias plantaciones de espárragos, se queja de que por el cierre de fronteras, los temporeros que habitualmente venían a trabajar con él, no podrán hacerlo este año. Tampoco encuentra mano de obra local porque los oriundos que acuden a trabajar “no aguantan dos días”. Y ahí están los espárragos, estropeándose, porque las conserveras locales tampoco pueden asumir toda esta materia prima…

La pandemia del coronavirus no sabe de fronteras ni de sectores económicos y, por supuesto, demuestra que todo está interrelacionado porque seguramente a ti te guste mucho esa tienda gourmet donde compras unos espárragos y unas cerezas estupendas, pero si nadie las recoge… ¡a tu mesa no van a llegar!

Hace unas semanas, el ministro de Agricultura, Pesca y Alimentación, Luis Planas, estimaba que se necesitaban entre 100.000 y 150.000 trabajadores para hacer frente a la recogida de las cosechas en las próximas semanas. Unos trabajadores que no han llegado, puesto que las fronteras están cerradas, y que no han podido ser sustituidos por mano de obra local porque ésta es prácticamente inexistente.

José Leal conoce de primera mano este problema: él tiene varias explotaciones con cerezos en el afamado Valle del Jerte. En total, son tres fincas entre las que recolecta entre 50.000 y 60.000 kilos anuales, dependiendo de cómo haya sido el año. Sus cerezas van a muchas tiendas gourmet de Madrid, a Galicia, a alguna cooperativa… Pero este 2020 no sabe qué va a pasar, como tantos otros agricultores: “La familia de rumanos que lleva trabajando conmigo desde hace 15 años no puede venir. Justo antes de que se estableciese el estado de alarma estaban en Ciudad Real, donde habían ido por la campaña de la aceituna y adelantaron la vuelta a Rumanía previendo el cierre. Y ahora no pueden venir”, comenta.

La campaña de recolección debiera empezar de forma inminente: “Contratamos habitualmente a cinco personas, más mi mujer y yo. Pero no sé qué va a pasar, nos dicen que van a enviarnos personas desde el INEM (ahora llamado SEPE), pero esa no es la solución: si no has trabajado en el campo, no lo aguantas. Es muy duro, trabajamos todos los días de la semana en campaña. Si hay que coger cerezas en domingo, se cogen, la cereza no espera por un festivo. Se trabaja mucho pero también se gana: puedes ingresar entre 6.000/7.000 euros por dos meses de trabajo”, aclara. Tampoco encuentra mano de obra en los alrededores porque, quién más quién menos, tiene sus propias plantaciones: “Encuentras a personas que vienen días sueltos, pero no para toda la campaña”, se queja Leal.

¿De cuánto podrían ser las pérdidas si al final no puede coger la cereza? “Pues calculo que entre unos 80.000-90.000 euros brutos”. Otros agricultores de la zona están igual o peor, porque además les afectó la granizada de hace unas semanas, llevándose por delante la cosecha. Leal no cuenta con seguro: “Los seguros del campo tampoco cubren la falta de mano de obra y además, es que son muy caros”, finaliza.

La situación de falta de mano de obra foránea, que es la que trabaja en las campañas de recolección, viene a añadirse a un sector maltratado (recordemos sus manifestaciones antes de que comenzase la pandemia): los agricultores venían quejándose de ser los olvidados en la cadena económica y de que no les saliese rentable trabajar la tierra: no es una queja baldía, a pesar de que muchos productos se han encarecido en los supermercados por la alta demanda durante el estado de alarma, eso no se ha traducido en una mejora de los ingresos para el sector. Un ejemplo: el precio medio del tomate en rama en subasta en Almería  era de 0,18 euros el kilo (precios de 23 de abril); el del calabacín, de 0,33 euros el kilo y la berenjena larga, 0,27 euros el kilo.

Vayamos ahora a otra parte de la geografía, Valencia: allí tiene su sede una de las compañías pioneras en el comercio online de fruta sin intermediario, Naranjas Lola. Aunque la mayor parte de sus clientes son restaurantes, muchos de ellos con estrella Michelin, no solo han conseguido capear la crisis sino que, además, acaban de lanzar un nuevo producto: verduras a domicilio.

¿Cómo se las arreglan con la recogida de hortalizas si medio país carece de mano de obra? “Tenemos la suerte de vivir en un pueblo agrícola, no tiene industria, aquí toda la gente vive del campo. Y como llevamos años con los cítricos, pues esa misma mano de obra es la que recolecta la verdura”, explica su fundador, Federico Aparici.

Disponer de esa fuerza de trabajo local y su 'expertise' en el mundo online les ha permitido seguir con un proyecto, el de las verduras a domicilio, en el que venían trabajando desde finales de 2019: “Creo que ahora, con la cuarentena, al vernos obligados a estar en casa y a cocinar nosotros mismos, apreciamos más la verdura de calidad. El confinamiento a nosotros nos ha salvado porque aunque los restaurantes han cerrado, han aumentado considerablemente los pedidos de particulares”, añade.