Desde que fueron inventadas, las piezas Lego han inspirado generaciones enteras de niños y adultos a construir mundos en miniatura. Su sencillez y versatilidad han convertido a estos bloques en una metáfora de la creatividad sin límites, y no es extraño que la arquitectura se haya visto influida por ellos en múltiples ocasiones.
De la misma manera que un niño imagina un castillo, una nave espacial o una ciudad, los arquitectos han encontrado en los Lego un lenguaje que invita a experimentar con estructuras, colores y proporciones. Así fue como Peter Cook ha transformado los icónicos bloques de juguete en protagonistas de un edificio real, el Play Pavilion, concebido para el juego y la diversión de niños y familias en la Serpentine Gallery de Londres.
Un espacio para jugar
El Play Pavilion fue inaugurado en los Jardines de Kensington, coincidiendo con la celebración del Día Mundial del Juego de Lego y ha permanecido abierto todo el verano. Se ubica justo al lado del Serpentine Pavilion de este año, diseñado por la arquitecta Marina Tabassum.
Concebido como una gran cúpula, el pabellón destaca por sus paredes onduladas de color naranja, recubiertas con PVC brillante y salpicadas de aperturas irregulares que le otorgan un aire lúdico y poco convencional. En palabras de su autor, el concepto pretendió “expresar alegría, diversión, exuberancia y un poco de irreverencia”.
Para ello, se recurrió a colores mucho más intensos, brillantes y puros que los de un edificio convencional, haciendo que el espacio “sea libre y ‘ondulado’ y susceptible de estallar en formas extrañas”.
En el exterior, sobresalen coloridas protuberancias hechas de bloques Lego que funcionan como ornamentos caprichosos y convierten la superficie del pabellón en un lienzo táctil. También se ha incorporado un tobogán amarillo al que se accede desde unas escaleras situadas dentro de la cúpula, reforzando la idea de que la arquitectura aquí es, ante todo, un escenario para jugar.
Un interior interactivo y teatral
El interior del Play Pavilion prolonga la misma lógica lúdica. Se accede desde dos puntos a un espacio central dominado por tres grandes columnas de colores construidas con Lego, que ascienden hasta tocar la cubierta geodésica translúcida. El techo se sostiene por una estructura de acero, filtra la luz y crea una atmósfera brillante, casi teatral.
El mobiliario está compuesto por piezas amarillas móviles que pueden reconfigurarse según las actividades. En las paredes se encuentran cajas llenas de bloques Lego que invitan a los visitantes a construir sus propias creaciones, mientras que unos tableros preparados para ensamblar piezas funcionan también como escaparates improvisados. Las mismas protuberancias de Lego que decoran el exterior reaparecen dentro, unificando el lenguaje visual del pabellón.
La intención de Peter Cook fue crear un espacio como “una obra de teatro” con el fin de ofrecer una experiencia arquitectónica en la que los usuarios se sintieran protagonistas. Según sus palabras, “la arquitectura debe permitir al habitante u observador disfrutar del teatro del espacio, la tentación, la variedad de formas y superficies”.
De hecho, desde el parque se ven indicios de las torres que hay en el interior. La ubicación del conjunto, que se ve como un objeto curioso que se divisa por primera vez a través de los árboles, parece expresar que todo es ‘teatro’.
La propuesta se integra además en un contexto conmemorativo pues se celebran los 25 años del encargo anual del Serpentine Pavilion, una de las citas más prestigiosas de la arquitectura contemporánea. En este contexto, el Play Pavilion se suma a los programas de la Serpentine destinados a familias y público joven, reafirmando que la arquitectura puede ser color, irreverencia y juego.
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