Artículo escrito por Jorge Sáenz de Miera, director de Avanza Credit de Deutsche Bank.
Madrid es la segunda ciudad más poblada de la Unión Europea con más de 3,2 millones de personas. Solo el año pasado, más de 6 millones de turistas visitaron la Comunidad. Por eso no es de extrañar que, como consecuencia de su actividad económica y turística, sea también uno de los principales núcleos de emisiones de CO2 en España cada año.
De ahí que Madrid y otras grandes ciudades españolas se posicionen activamente frente a la lucha contra el cambio climático. De hecho, tal y como expone en su ‘Hoja de Ruta hacia la neutralidad climática de la ciudad de Madrid’, la ciudad aspira a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero un 65% y alcanzar la neutralidad climática para 2050.
Entre los pilares para hacerlo posible, de acuerdo al Pacto verde europeo, el Acuerdo de París o los Fondos de recuperación, transformación y resiliencia, además de la reducción de la demanda de transporte, también se encuentra la rehabilitación energética y la electrificación de los sistemas de calefacción.
Y es que no solo el tráfico contamina y los edificios, como sabemos, son también grandes depredadores de energía y emisores de CO2. De ahí que existan incentivos para erradicar la contaminación que generan los edificios, a través de la rehabilitación de áreas apremiantes o más vulnerables como pudiera ser el Barrio del Aeropuerto.
Esta zona de clase trabajadora, con cerca de 570 viviendas y más de 1.500 vecinos -de los cuales un 70% tiene más de 65 años- presentaba, tras un periodo largo de tiempo sin inversión ni reforma de ningún tipo, un estado de construcción deficiente. Sin embargo, su rehabilitación ha regenerado el entorno mejorando el desempeño energético de los edificios, reduciendo el consumo y las emisiones de energía, así como dotándolo de zonas verdes y sociales.
En concreto, con su rehabilitación energética, el Barrio del Aeropuerto ha reducido la demanda de calor por edificio un 60% por término medio, lo que supone menos contaminantes locales y 1.000 toneladas menos de emisiones de CO2 al año, al mismo tiempo que ha reducido la pobreza energética y se ha mejora también la accesibilidad de los edificios, considerando la edad media de los residentes.
Si bien, en un principio, el desembolso económico puede suponer trabas y escepticismo para los vecinos, es fundamental considerar también el importante retorno de la inversión en términos de ahorro energético y bienestar en las viviendas. Además, es importante conocer también que existen ayudas públicas para este tipo de mejoras y partners de confianza que financian, con agilidad en la aprobación de préstamos, de manera flexible y sin vinculaciones, rehabilitaciones sostenibles como estas que a menudo se plantean en las comunidades de propietarios.
De este modo, áreas a menudo olvidadas como pudiera ser el propio Barrio del Aeropuerto, se convierten en zonas inspiradoras a través de proyectos de rehabilitación que abren la puerta a una edificación sostenible, mejorando, además de la calidad de vida de los vecinos, también el valor de sus viviendas que, según fuentes del mercado inmobiliario, podrían revalorizarse hasta un 25%.
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