Los japoneses han vuelto a apostar por el sector inmobiliario. El capital destinado en 2023 es más del triple del promedio anual de los últimos 15 años.
Los inversores japoneses están invirtiendo la mayor cantidad de dinero en dos décadas en la compra de propiedades en el extranjero, sin dejarse llevar por la crisis inmobiliaria mundial y la caída del yen a mínimos de 50 años.
Un rascacielos en Manhattan, centros de datos en Toronto y edificios de oficinas en Londres son algunos de los activos que empresas y fondos de pensiones japoneses han adquirido este año. Rebosantes de liquidez y en la única economía desarrollada con acceso a tipos de financiación mínimos, sus compras están aliviando un poco el mercado, ya que el aumento de la desocupación y de los tipos de interés mantiene alejados a otros compradores.
El capital procedente de Japón ha representado 7.400 millones de dólares en transacciones inmobiliarias comerciales mundiales en lo que va de 2023, más del triple de la media anual de los últimos 15 años, según MSCI Real Assets. Desde finales de la década de 1980, cuando la burbuja de activos del país impulsó la compra de lugares emblemáticos como el Rockefeller Center y Pebble Beach Golf Links, rara vez se había visto un gasto de esa magnitud procedente de Japón.
Los inversores japoneses buscan inmuebles principalmente en EEUU, Australia e India.






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