Con un «Hola niños, hoy vamos a aprender un poquito de economía básica», al son de «Hola, don Pepito, hola, don José» y con la Puerta del Sol como telón de fondo, Aldo Narejos ha viralizado sus canciones sobre el problema de la vivienda. Las melodías son infantiles; los dardos apuntan a las reivindicaciones de los acampados. Pero el músico que les canta las cuarenta conoce bien ese universo: antes de hacerse empresario, fue activista de izquierdas e incluso ‘okupa’. Ahora vuelve con otro repertorio, aunque confiesa que todavía le dan ganas de abrir una litrona y ponerse a cantar a Silvio Rodríguez.
Lo cuenta él mismo. El ambiente le resulta familiar, los códigos también y, a primera vista, su gorro y su camiseta podrían hacer pensar que ha venido a sumarse a la protesta. Pero su repertorio lleva otra dirección: canciones infantiles que se viralizan en Instagram y TikTok y que pone de relieve y en el centro de la discusión las recetas con las que los manifestantes quieren resolver el problema de la vivienda. “Ellos me van a ver como un enemigo 100%, pero yo a ellos los veo como colegas”, explica a idealista/news. En esa distancia entre cómo cree que le ven y cómo los mira él cabe buena parte de su historia. Porque el músico que ahora canta las cuarenta a los acampados estuvo, ideológicamente, al otro lado. Y no precisamente de paso.
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“Era activista de izquierdas, hasta fui ‘okupa’ en su día”, recuerda. También montó una asociación probolivariana. Por entonces, asegura, interpretaba las desigualdades desde una convicción: “Yo evaluaba el mundo como que la culpa de todo la tenía el capitalismo y la gente que tenía dinero”. Después se hizo empresario. Sitúa ahí el comienzo de una transformación que fue alejándole de aquellas ideas, aunque no necesariamente de las personas con las que las había compartido. Sus amigos, cuenta, siguen siendo en buena medida los del entorno en el que creció como músico y cantautor.
Narejos se dedica a componer canciones, principalmente para eventos corporativos. Su trabajo consiste en tomar información que puede resultar técnica o compleja y darle una forma que se pueda escuchar, recordar y tararear. En Sol ha trasladado ese oficio al debate sobre la vivienda. “Soy especialista en transformar información compleja o técnica en canciones”, resume. A esa experiencia añade su formación como psicólogo y los años que lleva estudiando economía por su cuenta, según explica, desde la perspectiva de la escuela austríaca.
Ese es el punto de partida de sus vídeos: utilizar la música para defender su visión del mercado del alquiler y cuestionar las medidas que reclaman los manifestantes. Su argumento es que las restricciones pueden reducir la oferta y agravar el encarecimiento de la vivienda. Una posición que presenta con la seguridad de quien ha cambiado de convicciones y quiere explicar por qué.
Pero una cosa es componer una canción pegadiza y otra conseguir que quien se siente señalado quiera escucharla. Narejos es consciente de la dificultad, especialmente cuando el formato elegido es el de una canción infantil. “Yo sé que no les va a servir para conectar, porque de hecho les parece insultante. Y lo entiendo”, reconoce.
La elección encierra esa contradicción: quiere despertar curiosidad entre personas que, a su juicio, no escucharían a determinados divulgadores económicos, pero recurre a un tono que puede ponerlas a la defensiva. Aun así, insiste: “No voy a dejar de intentar conectar con ellos de algún modo”.
Su apariencia forma parte de esa primera impresión. El gorro, la camiseta y la naturalidad con la que se presenta pueden llevar a quien se cruza con uno de sus vídeos a situarlo entre los propios acampados. Él no reniega de esa cercanía estética ni del pasado que la acompaña. “Yo no trato de ocultar que vengo de ser un progre. Al revés. Creo que es una fortaleza», sostiene. Se considera «una prueba viviente de que se puede cambiar”.
Tampoco describe ese cambio como un tránsito sencillo. Desde su perspectiva, revisar las propias ideas supone enfrentarse a algo más que a una discusión política: implica cuestionar la pertenencia a un grupo, las amistades y la imagen que cada uno tiene de sí mismo.
Por eso, dice, le interesan especialmente quienes acuden a la acampada con una voluntad sincera de ayudar. “Confío en que muchos de ellos tienen realmente una motivación positiva”, afirma. Su crítica se dirige al diagnóstico y al camino que han elegido para resolver el problema. Y eso no suaviza demasiado su lenguaje. Cuando se le pide que resuma los perfiles que cree ver en Sol, traza una división tajante: “Para mí hay dos grupos: los engañados y los interesados”.
En su repertorio de comparaciones también aparecen los Reyes Magos. Narejos los utiliza para explicar cómo entiende el abandono de ciertas creencias: una vez descubierto algo que considera evidente, sostiene, resulta imposible volver a verlo como antes.
Es su manera de ilustrar lo que, a su juicio, sucede con determinados principios económicos. La comparación enlaza con otra de sus convicciones: cree que existe una infantilización de la sociedad y atribuye una responsabilidad directa al sistema educativo. “Estamos viviendo una explotación de la infantilización creada de manera deliberada por los sistemas educativos en España”, afirma.
Las canciones infantiles adquieren así una intención que va más allá de la broma. Son el vehículo de una crítica política y de su voluntad de explicar, desde su posición ideológica, por qué considera equivocadas las soluciones que se plantean.
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1 Comentarios:
A mí me da igual los intereses que puedan tener los acampados con esta iniciativa porque si siguen y con ello intentan o consiguen cambiar la ley de la selva en los alquileres y venta de viviendas que no se corresponden con los salarios españoles,.... bienvenidos sean .
Esto no se sostiene al ritmo que va.
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