El impacto de las nuevas tecnologías y sus posibilidades están condicionando la toma de decisiones en la que considero la profesión más antigua del mundo.
Por supuesto, el sector inmobiliario ha decidido navegar la ola de la innovación. Generando, ya no solo discursos y declaración de intenciones, sino nuevas empresas, nuevas líneas de trabajo e inversión y cambios en un modelo de negocio que desde el exterior se ha venido definiendo históricamente como “tradicional”.
La industrialización digital, la VR o la IA, el metaverso o la tokenización de activos son ya un hecho, aunque gran parte de ellos todavía se encuentren en fase de asimilación y desarrollo, como por ejemplo, la creación de un mercado de activos inmobiliarios tokenizados que ya está siendo monitorizado, en su periodo de pruebas, como “sandbox financiero” por la Comisión Nacional del Mercado de Valores, con el objetivo de permitir la entrada del pequeño inversor a negocios inmobiliarios que, hasta ahora, estaban cerrados a un fondo de inversión o family office.
Gran proyecto sin duda. Pero el emprendimiento y la innovación van siempre mucho más deprisa que cualquier órgano regulador y más si se dirige al público en general, al pequeño inversor o “ tenedor” donde en los últimos tiempos se le ha topado la rentabilidad de su vivienda en alquiler, es decir, de sus ahorros, aun cuando el coste de la vida ha subido un 10%. Pues bien, esta gente “lanzada” ya tiene a su disposición decenas de nuevas oportunidades, reguladas o no, pero eso es otro cantar.
La última, la tokenización de la vivienda en alquiler
Obviamente no me refiero a la conversión digital de la propiedad. Me refiero a la digitalización del negocio jurídico en torno al bien. En este caso, el contrato de alquiler.
Este ejemplo nos hace soñar con cientos de otros posibles negocios alrededor del complejo mundo del sector inmobiliario. Porque ese es el futuro, utilizar la estructura matemática “Blockchain” creando libros de contabilidad inmodificables y compartidos que faciliten el proceso de registro de transacciones, intercambio y seguimientos de activos o relaciones contractuales libres de intermediarios.
Recordemos que los tokens son activos digitales que pueden representar monedas, acciones o cualquier otro activo. Bien, pues en base a este concepto, ya podemos convertir cualquier contrato de alquiler en un token que puedo vender a un inversor, siempre con un seguro de impago que respalde la operación.
Así al tokenizar el contrato de alquiler, la aseguradora gestiona el alquiler, el inversor aporta un adelanto de la renta (inferior a 1 año) generando un “pool de liquidez”. Gracias a este pool, el usuario se introduce en el mercado de intercambio como proveedor de liquidez sin necesidad de infraestructura bancaria alguna y por tanto entrando en el mundo de las finanzas descentralizadas, que son instantáneas, inhackeables y con un coste marginal casi cero para el cliente, de momento.
Cientos de contratos, de pequeños contratos, ya están en este mundo a través de plataformas creadas al efecto. Obviamente el sistema es más complejo para poderlo describir en estas escasas líneas, pero la realidad, es que este modelo permite obtener rentabilidades de dos dígitos a pequeños propietarios que pueden utilizarlas bien para amortizar anticipadamente la hipoteca de esa vivienda, bien para adquirir otra vivienda o en último caso devolver el adelanto de su renta anticipadamente.
Es solo un ejemplo, pero es el ejemplo de que la realidad va en ocasiones más deprisa que los proyectos sublimes y sobre todo, lo más importante, que esto es solo el principio de las posibilidades que el metaverso nos va a brindar en todo tipo de relación comercial o negocio jurídico relacionado con el sector inmobiliario. Yo ya tengo varios proyectos y seguro que después de leer este artículo, a ustedes se les ha ocurrido algún otro más.
Mariano Fuentes es arquitecto técnico e ingeniero, experto en innovación y emprendimiento. Exconcejal del Área de Desarrollo Urbano del Ayuntamiento de Madrid y ahora de regreso al sector inmobiliario donde ha trabajado durante más de 20 años antes de su entrada en política.






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