La provincia de Almería, lejos de la capital y sus espectaculares costas, cuenta con varias localidades que quedaron despobladas debido a los cambios económicos y sociales, muchos de ellos vividos a lo largo del siglo XX. La despoblación rural, la emigración hacia las ciudades y la transformación de actividades como la minería o la agricultura dejaron numerosos núcleos sin habitantes. Hoy, estos lugares despiertan interés por su valor histórico, pero también por su potencial turístico. Descubre 10 pueblos abandonados en Almería que hoy puedes visitar.
Hueli
Hueli, en el término municipal de Sorbas, es uno de esos pequeños asentamientos agrícolas que quedaron sin habitantes en el último tercio del siglo XX. Su economía giraba en torno al cultivo de olivos, almendros y cereal, en un entorno marcado por la aridez y la escasez de infraestructuras.
La falta de servicios como escuela o asistencia sanitaria aceleró la salida de sus últimos vecinos. Con el paso del tiempo, las viviendas fueron deteriorándose hasta quedar en ruinas. Hoy apenas se conservan muros y algunas estructuras que recuerdan su pasado agrícola.
Marchalico Viñicas
También en Sorbas se encuentra Marchalico Viñicas, un núcleo muy próximo a Hueli que compartió un destino similar. Sus habitantes vivían del cultivo de secano, principalmente trigo, cebada y almendros, complementado con pequeñas explotaciones ganaderas.
La emigración hacia Cataluña y otras zonas industriales durante los años cincuenta y sesenta dejó el caserío prácticamente vacío. Hoy el visitante encuentra restos de viviendas dispersas y bancales abandonados.
El Arteal
El Arteal, en Cuevas del Almanzora, nació vinculado a la actividad minera en plena etapa de autarquía franquista. Fue concebido como un poblado planificado para alojar a trabajadores y sus familias, llegando a contar con iglesia, escuela y otros servicios comunitarios.
Sin embargo, el cierre de las minas a finales de los años cincuenta provocó un rápido declive. Sin empleo que sostuviera a la población, las viviendas quedaron vacías y el núcleo perdió su función original. Actualmente se conservan parte de sus estructuras.
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Portocarrero
En el municipio de Gérgal, Portocarrero se asentaba en plena sierra de los Filabres. Sus vecinos combinaban el pastoreo con cultivos de subsistencia, en un entorno de inviernos fríos y comunicaciones difíciles. Las sequías y el aislamiento complicaban aún más la vida cotidiana.
A medida que avanzaba el siglo XX, las dificultades económicas y la falta de servicios empujaron a las familias a trasladarse a zonas con mayores oportunidades. Hoy muestra restos de construcciones tradicionales de piedra.
Las Morcillas
En Bacares, Las Morcillas se situaba en una ladera abrupta a gran altitud, lo que condicionaba por completo la vida de sus habitantes. La agricultura de cereal y la ganadería eran sus principales recursos, en un contexto de aislamiento y duros inviernos.
El acceso a servicios básicos era limitado y las distancias hasta el municipio cabecera suponían largas caminatas. En las décadas de 1960 y 1970 la emigración fue constante, dispersando a sus vecinos hacia otros puntos de la provincia y fuera de Andalucía.
Mancheño
Mancheño, perteneciente a Vélez Blanco, fue un pequeño caserío de calles paralelas y viviendas construidas con materiales tradicionales. Su economía se basaba en el cereal, la ganadería y trabajos eventuales en fincas cercanas.
La emigración se intensificó a partir de los años sesenta, dejando el núcleo prácticamente vacío en pocas décadas. Las nevadas y el aislamiento invernal marcaron algunos de sus últimos años habitados.
El Higo Seco
También conocido como Cortijada del Hornillo, El Higo Seco se localiza en el término de Níjar. Durante su etapa habitada combinó actividades agrícolas adaptadas al entorno árido con pequeñas explotaciones mineras en las cercanías.
Su ubicación, alejada de grandes vías de comunicación, condicionó su desarrollo hasta provocar su declive en la década de 1960, coincidiendo con la reorganización agrícola y la aparición de nuevos poblados de colonización como Campohermoso o Pueblo Blanco.
La Olapra
La Olapra, también en el municipio de Bacares, fue una cortijada con relevancia histórica documentada desde siglos atrás. Su población vivía principalmente de la agricultura y la ganadería, adaptadas a las condiciones de la sierra de los Filabres. Como en otros casos, la distancia a servicios esenciales complicaba la vida diaria.
Con el progresivo abandono del medio rural, las viviendas fueron quedando deshabitadas. Hoy el enclave conserva restos de edificaciones tradicionales que muestran la importancia que tuvo en su momento.
Gilma el Viejo
Hoy en el municipio de Nacimiento, Gilma el Viejo tiene un origen que se remonta a época medieval. Su economía se apoyaba en cultivos de olivos y almendros, además de pequeñas explotaciones ganaderas. El asentamiento llegó a contar con una veintena de construcciones.
Durante el siglo XIX sufrió daños importantes, lo que precipitó su abandono definitivo. En la actualidad pueden identificarse restos de muros, eras y antiguas edificaciones.
Rambla Ercina
Vinculada a la actividad minera, Rambla Ercina surgió como núcleo asociado a la extracción de hierro en la zona de Nacimiento. La presencia de trabajadores y sus familias dio lugar a la construcción de viviendas y algunos servicios básicos, configurando un pequeño asentamiento industrial.
Cuando la explotación dejó de ser rentable, la población comenzó a marcharse. Sin actividad económica que lo sostuviera, el núcleo quedó abandonado y pasó a integrarse en rutas de senderismo que recorren la zona.
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