La hostelería de alta gama se ha superado exportando variedad de modelos a los diferentes rincones del planeta. El diseño de hoteles y embarcaciones apuesta por lo que el sector llama “sentido de lugar”, es decir, interiores construidos con materiales de proximidad, artesanía local y arte del territorio.
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Este concepto coincide con otro fenómeno en alza, el regreso del crucero de pequeño formato, como fórmula para llegar a parajes remotos sin infraestructura hotelera en tierra. En destinos frágiles como la Amazonía, la embarcación funciona como un hotel itinerante que concentra el impacto en un solo objeto flotante, en lugar de repartirlo en edificaciones por la selva.
Pure Amazon ha sido capaz de conectar ambas ideas, un barco fluvial de la colección Sanctuary del operador Abercrombie & Kent, cuyos interiores firma Studio Ibsen con sede en Milán, y desarrollado a partir del patrimonio artístico de la Amazonía peruana.
12 suites entre dos ríos
El barco-hotel navega por la Reserva Nacional Pacaya Samiria, un espacio protegido de unos dos millones de hectáreas en el noreste de Perú donde los ríos Marañón y Ucayali se unen para formar el Amazonas. Los itinerarios rondan las cuatro noches, con paradas para excursiones guiadas en pequeñas lanchas, avistamiento de fauna, kayak, pesca de pirañas y visitas a los pueblos ribereños.
A bordo, 12 suites se reparten a ambos lados de la cubierta central, todas con ventanales panorámicos que enmarcan el paisaje tropical en movimiento. En palabras del estudio, “se buscaba que el pasajero se sintiera dentro de un entorno natural, aunque uno que contrasta a propósito con la selva rebelde del exterior”.
El mobiliario de caoba de origen local, los techos con paneles tejidos de hierba seca, y los verdes de tapicerías y azulejos, tienden ese puente con la vegetación que rodea los ribazos del gran río.
El travertino peruano y la cuarcita amazónica revisten suelos y encimeras de los baños, piezas que Granato considera obras de arte en sí mismas, específicas de este lugar. Hasta el embarque participa del relato, ya que los huéspedes se registran en Iquitos dentro de un pequeño pabellón levantado con juncos, ramas, hierba y maderas de la zona.
El arte como carta de navegación
Lo que distingue al proyecto es la manera en que el arte contemporáneo ocupa la embarcación. Por los interiores se reparten obras de la peruana Silvana Pestana, que abordan el impacto de la minería ilegal de oro en la Amazonía mediante pan de oro, bronce y tejidos tradicionales, un discurso incómodo y pertinente para un público que navega el territorio afectado.
En el comedor de la cubierta inferior, se ubica una instalación mural “Manto de Escamas de Paiche” que despliega baldosas triangulares de bronce y arcilla evocando las escamas del paiche, el pez gigante del río.
En el otro extremo de la embarcación, un bar decorado con moqueta y paredes en verde pálido acoge las sesiones informativas. La cubierta superior continene gimnasio, sala de spa, un jacuzzi en proa y otro bar con sillas de mimbre, y cojines de tejidos geométricos kené, obra de Deysi Ramírez, y el colectivo de artistas indígenas Beneai.
El estudio presume de haber creado el primer barco fluvial de lujo de Perú que funciona como galería flotante, la fórmula que apunta hacia dónde va el sector. Los nuevos buques de expedición se diseñan cada vez más desde su destino, como el que recorre las Galápagos con interiores inspirados en sus reptiles.
Si el crucero quiere justificar su regreso, hacer de cada barco un embajador de la cultura que visita parece un camino más creativo que repetir el mismo salón en todos los mares.
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