Los puertos industriales han ejercido una influencia silenciosa pero poderosa en el diseño arquitectónico. De esta manera, los elementos como la chapa ondulada, el acero estructural o las mallas metálicas, originalmente pensados para resistir condiciones duras, se han reinterpretado en viviendas que combinan estética industrial y confort doméstico.
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En esta línea se sitúa el trabajo del estudio Philip Stejskal Architecture, que ha diseñado una vivienda unifamiliar en Perth (Australia) tomando como referencia directa el puerto de carga de Fremantle. El resultado es una casa que transforma el lenguaje industrial en un espacio habitable, íntimo y conectado con el exterior.
Una vivienda compacta
El proyecto, llamado Henville Street House, se ubica en una parcela urbana reducida, lo que condicionó tanto su forma como su organización. En lugar de abrirse a la calle, la vivienda se vuelca hacia un patio interior, estableciendo una relación directa con el jardín mientras mantiene la privacidad respecto al entorno urbano.
El diseño se articula como un volumen sencillo revestido de chapa ondulada, evocando las antiguas viviendas obreras de la zona portuaria. Esta elección responde a un componente estético y funcional, ya que responde al clima costero y a las limitaciones presupuestarias del proyecto.
“El diseño consiste en una caja literal revestida de chapa ondulada, que recuerda a las antiguas casitas de los trabajadores de la zona. Esto permite soportar el duro entorno costero, no requiere mantenimiento y ofrece una solución rentable”, explicó el estudio.
El terreno presenta un desnivel de aproximadamente un metro, lo que permitió organizar los espacios de forma escalonada. Las áreas de día —salón, comedor y cocina— se sitúan en una cota inferior y se abren hacia el jardín mediante grandes puertas correderas de vidrio. Un amplio alféizar funciona como banco, generando un espacio intermedio entre interior y exterior.
Un patio central
El corazón de la vivienda es un patio que el propio arquitecto define como una extensión del espacio doméstico. Este ámbito, protegido por una estructura de acero de doble altura, funciona como una estancia exterior adaptable a distintas estaciones del año.
“La sala exterior está envuelta en un enrejado vertical que se cubrirá de vegetación con el tiempo, y cubierta por un toldo de tela retráctil”, explicó el estudio. La estructura metálica incorpora rejillas que, con el paso del tiempo, serán colonizadas por plantas trepadoras, suavizando la dureza del acero y creando un microclima más agradable.
“En invierno, la pared verde de hoja caduca se abre para acoger el sol, mientras que en verano ofrece protección y proporciona a los propietarios otra estancia para vivir y comer al aire libre”, añadió.
Además, esta estructura genera una terraza en la planta superior, conectando los tres dormitorios y extendiendo las áreas habitables hacia el exterior. Mientras que, en la fachada principal, el sistema metálico forma pequeños voladizos que protegen la entrada y el garaje.
En el interior, el diseño contrasta totalmente. Frente al carácter industrial del exterior, los espacios interiores incorporan elementos más cálidos, como maderas duras australianas en armarios y revestimientos, combinadas con textiles claros que suavizan la atmósfera.
Las fachadas orientadas al jardín se revisten con listones verticales que aportan textura y continuidad visual, reforzando la conexión entre interior y exterior. El resultado es una vivienda que reinterpreta el imaginario portuario desde una perspectiva doméstica, demostrando cómo los lenguajes industriales pueden transformarse en espacios acogedores, eficientes y profundamente vinculados a su contexto.
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