El cerebro invisible del mundo digital: así funcionan los centros de datos

Carlos Lospitao , Luis Manzano

No los vemos, no los oímos, y sin embargo están presentes en cada mensaje de WhatsApp, cada capítulo de Netflix, cada operación bancaria, cada reserva de tren o cada conversación por videollamada. Son los centros de datos, esas infraestructuras discretas y blindadas que permiten que nuestra vida digital fluya sin interrupciones. Pero, ¿quién los gestiona, qué papel juegan en la economía, y cómo se preparan para el tsunami que representa la inteligencia artificial? idealista/news visita un 'data center' ubicado en Madrid y entrevista a Robert Assink, director general de Digital Realty en España, una de las voces más autorizadas del sector, para saber cómo funcionan estos activos y qué futuro les espera estos "aeropuertos de datos", como él mismo los describe. 

Los centros de datos se instalaron en España hace relativamente poco. Digital Realty, antes conocida como Interxion, abrió su primer centro en Madrid en el año 2000. “Fue tras la liberalización del mercado de telecomunicaciones. Las redes de los nuevos operadores necesitaban un punto de encuentro neutral, independiente de Telefónica”, recuerda Assink.

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Imagen del exterior idealista/news

Desde entonces, la expansión ha sido constante: cuatro centros en funcionamiento en Madrid, uno en construcción y otro más en desarrollo en Barcelona. “Ya no se mide por metros cuadrados. La clave es la capacidad energética que puedes ofrecer a los clientes para sus máquinas”, señala con respecto a los métodos de medir la magnitud de estos activos. Cabe recordar que la consultora Colliers ya recogió este furor por los centros de datos en su último informe donde reconocía un incremento del 20% del pipeline de este tipo de activos. 

¿Quién usa los centros de datos? 

Aunque suene técnico, el funcionamiento es sencillo: las empresas colocan sus servidores (sus “máquinas”) dentro de los centros de datos. Esas máquinas necesitan energía eléctrica, refrigeración, y sobre todo conexión. “Nuestro papel es ser el entorno donde todo eso ocurra con garantías de disponibilidad y seguridad”, explica Assink.

Los clientes son variados. Desde operadores de red (más de 200 están interconectados en los centros de Digital Realty) hasta plataformas digitales como Amazon, Netflix o Meta, pasando por grandes empresas no tecnológicas como Renfe o Correos que deciden externalizar su infraestructura tecnológica para ganar eficiencia y resiliencia.

“Nosotros no gestionamos los datos. Eso lo hacen los clientes. Igual que AENA no es responsable del billete que vende Iberia, nosotros tampoco lo somos de lo que pasa por las máquinas. Damos el entorno”, insiste el directivo.

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Imagen del centro de datos idealista/news

En un entorno tan crítico como el digital, los errores no se toleran. “Si falla tu nevera durante una hora, no sale en las noticias. Pero si se cae WhatsApp media hora, hay titulares en todos los medios”, bromea Assink. Esa presión obliga a una vigilancia constante y una ingeniería extrema.

Los centros de datos están diseñados para soportar incendios, fallos eléctricos, variaciones de temperatura, vibraciones sísmicas, y cualquier tipo de interferencia que pudiera afectar a las máquinas. Todo el entorno está controlado: temperatura, humedad, calidad del aire, alimentación eléctrica sin cortes. “Nuestro objetivo es que el cliente ni se entere si algo pasa. Todo debe seguir funcionando sin parar”, afirma.

Eficiencia, reciclaje y energía 100% renovable

La sostenibilidad se ha convertido en un eje central del negocio. Desde su origen, Digital Realty en España ha utilizado exclusivamente energía de origen renovable, algo que ya es obligatorio para toda su operación europea. Pero no basta con usar energía verde: también hay que usarla bien.

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Imagen del centro de datos idealista/news

“La mayor parte del consumo energético va a la climatización”, explica Assink. Por eso, la empresa ha invertido en tecnologías avanzadas de refrigeración eficiente, aprovechando el aire exterior cuando la temperatura lo permite y optimizando los flujos internos para evitar el derroche.

Además, el sector ha firmado un compromiso con la Comisión Europea para auto-regular su impacto ambiental. Cada empresa debe informar públicamente sobre su consumo energético, uso de agua, reciclaje y eficiencia, y en el futuro estas métricas serán obligatorias por ley.

El nuevo motor: inteligencia artificial

Si hay algo que está revolucionando el panorama de los centros de datos es la inteligencia artificial (IA). Los modelos de IA, como los que usan los asistentes virtuales, los traductores automáticos o los sistemas de reconocimiento de imágenes, requieren una capacidad de procesamiento descomunal. Eso, a su vez, exige centros de datos mucho más grandes, con una infraestructura energética muy superior.

“Es el tipo de demanda más fuerte que hemos visto nunca”, dice Assink. Aunque muchos proyectos todavía están en fase de construcción, se espera que en los próximos meses entren en funcionamiento. “El futuro inmediato del sector está completamente ligado a la IA”, confirma.

¿Y por qué en España? La respuesta está bajo el mar. Literalmente. España es uno de los países con mayor potencial para convertirse en hub digital por su posición geográfica estratégica. Cables submarinos provenientes de América, África y Asia conectan con la península ibérica y se canalizan, en su mayoría, hacia Madrid.

“Madrid está idealmente situada para distribuir datos hacia cualquier punto del país y hacia el resto de Europa”, asegura Assink. “En 2018 ya hicimos un estudio que demostraba que Madrid era el hub digital del sur de Europa. Hoy, eso es una realidad”.

El lado humano del sector: empleo técnico y alta cualificación

Pese a su alta tecnología, los centros de datos no son instalaciones con miles de empleados. Funcionan con equipos reducidos pero muy cualificados, principalmente técnicos electromecánicos con formación profesional. “Son perfiles de FP2 bien remunerados, que garantizan el mantenimiento 24/7 de la infraestructura”, detalla Assink.

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Centro de datos idealista/news

El impacto laboral, sin embargo, se extiende más allá. “Por cada millón de euros invertido, generamos entre 9 y 12 millones de euros en PIB en la región, y se crean hasta 670 puestos de trabajo entre directos, indirectos e inducidos”, según estudios encargados por la propia empresa.

En los últimos años se han multiplicado los anuncios de nuevos centros de datos. Pero Assink lanza un mensaje de cautela. “Aquí no vale construir para ver si viene alguien. Las inversiones son tan grandes que nadie levanta un centro de datos sin tener clientes asegurados”, afirma. De hecho, la inversión media es de 10 millones de euros por megavatio, lo que convierte a estos proyectos en apuestas de altísimo riesgo si no están bien planificados.

Además, hay un cuello de botella que limita cualquier exceso: la red eléctrica. “España no ha hecho suficiente inversión en conexiones de alta capacidad. El acceso a la red troncal es ahora mismo el recurso más escaso”, advierte.

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