Este año 2022 se presenta con importantes desafíos que están ralentizando la recuperación tras el impacto de la pandemia del coronavirus. Las economías tienen que lidiar con la escasez de productos básicos ante la guerra entre Rusia y Ucrania, los problemas de la cadena de suministro debido a los cierres en China o el endurecimiento de las políticas monetarias a medida que aumenta la inflación.
Por todo ello, el Fondo Monetario Internacional (FMI) ha reducido sus predicciones económicas para 2022 y 2023, y se estancará en un PIB mundial del 3,6%. En las predicciones por países, Ucrania tendrá la contracción más severa, de un -35% este año. La invasión de Rusia ha dañado o destruido el 30% de la infraestructura de la nación y más de 14 millones de personas han huido de sus hogares. Mientras, Rusia verá caer su Producto Interior Bruto (PIB) un 8,5% como consecuencia de las sanciones impuestas.
En Europa, Irlanda (5,2%), España (4,8%), Noruega y Portugal (ambos con un 4%) serán las economías que más crezcan en un entorno de incertidumbre. Potencias económicas como Reino Unido (3,7%), Francia (2,9%), Alemania (2,1%) o Italia (2,3%) crecerán algo menos.
En Asia, se prevé que India experimente un fuerte crecimiento del 8,2 % en 2022 y del 6,9 % en 2023. El crecimiento está respaldado por el gasto público y las reformas económicas, como la reducción de la tasa del impuesto de sociedades y la autorización de una mayor inversión extranjera directa.
Mientras tanto, el crecimiento del PIB en EEUU alcanzará el 3,7% en 2022 y el 2,3% en 2023, aunque se espera que el conflicto bélico en desacelere el crecimiento de los socios comerciales de EEUU, reduciendo su demanda de productos estadounidenses.
El FMI recomienda a los bancos centrales que ofrezcan una orientación clara sobre los tipos de interés para minimizar las sorpresas que perturban los mercados. Además, los gobiernos pueden continuar ofreciendo apoyo fiscal específico a las poblaciones vulnerables, como a los refugiados y a los hogares más afectados por la pandemia.
Y más largo plazo, los países pueden concentrarse en volver a capacitar a su fuerza laboral para la transformación digital, invirtiendo en energías renovables para la transición ecológica y mejorar la resiliencia de la cadena de suministros globales.




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