La preservación sistemática del conocimiento humano originó las primeras estructuras bibliotecarias de la antigüedad. Instituciones pioneras, entre ellas los repositorios de tablillas en Mesopotamia, o las colosales estanterías de Alejandría, surgieron con el propósito de custodiar documentos.
Con la invención de la imprenta, el libro se democratizó, forzando a los arquitectos a proyectar salas de lectura diáfanas, dotadas de amplios ventanales para garantizar una iluminación adecuada. Llegado el siglo XX, las bibliotecas presidenciales en Norteamérica fusionaron la función de archivo documental con las características de los museos cívicos.
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El análisis del beneficio y el coste en estos proyectos de esta envergadura justifica una inspección minuciosa del diseño interior. Teniendo en cuenta este y otros criterios, el estudio arquitectónico Snøhetta, ha finalizado el diseño de una biblioteca conmemorativa en honor al vigésimo sexto presidente de los Estados Unidos, Theodore Roosevelt.
Mesetas formadas por la erosión
La instalación ocupa una colina en la periferia de la localidad de Medora, en el estado de Dakota del Norte. El proyecto suma aproximadamente 8.600 metros cuadrados de superficie construida, dominando un valle contiguo a las formaciones rocosas características de la región.
El estudio ubicó la construcción hacia la parte posterior de la parcela, en las proximidades de un desnivel pronunciado, buscando dominar las vistas sobre las mesetas formadas por la erosión secular.
El terreno elegido posee un alto valor paisajístico, limítrofe con un parque nacional. La estrategia de los arquitectos consistió en adaptar la volumetría al relieve. Los muros monumentales de tierra apisonada delimitan el pasillo de ingreso, utilizando sustrato extraído de la propia zona para levantar estos paramentos masivos.
El perfil de los muros reproduce las estrías naturales de la topografía circundante. Mamparas de madera protegen las zonas de tránsito de las corrientes de aire. La propia orientación del edificio optimiza la entrada de luz solar a través de vanos en las fachadas, sumado a tragaluces superiores mientras que las estructuras de acero corten enmarcan algunas aperturas cenitales, rompiendo la monotonía visual del plano inclinado.
En la parte superior, una inmensa techumbre inclinada cubre los recintos interiores cuyo intradós presenta paneles de madera.
Dos volúmenes principales
El programa arquitectónico divide las funciones en dos volúmenes principales situados bajo el techo inclinado pero separados por un corredor techado. El bloque de menores dimensiones contiene un teatro y salas destinadas a la impartición de clases.
El bloque de mayor amplitud agrupa las áreas de exposición y los servicios de restauración. En la totalidad de estos recintos internos quedan a la vista elementos portantes de madera maciza. Determinados paramentos presentan recubrimientos de yeso para facilitar el montaje de vitrinas u obras de arte.
Los recorridos de circulación reciben luz natural mediante pozos verticales conectados al techo. Una rejilla hexagonal oculta una porción de las vigas de hormigón estructural. El análisis de los flujos peatonales evidencia una cuidadosa planificación. Los accesos arrancan desde una cota distinta a la del estacionamiento de vehículos.
La separación de las entradas respecto a las vías rodadas genera un umbral psicológico. El usuario abandona el ritmo frenético citadino. Para ello, el estudio trazó senderos sinuosos con la intención “de reducir la velocidad de marcha de los visitantes, invitando a la observación pausada de las colinas onduladas previo al ingreso al vestíbulo central”.
La ejecución del complejo elude el simbolismo habitual de los monumentos conmemorativos oficiales, al tratarse de una iniciativa financiada mediante aportaciones privadas. Los diseñadores aplicaron modelos computacionales para idear unas proporciones afines a los sistemas preindustriales de la región, simulando una prolongación de la tierra misma.
El análisis exhaustivo del espacio edificado resulta esencial para entender la viabilidad de los equipamientos culturales de gran formato. La implantación de una infraestructura en un entorno agreste impone soluciones basadas en el entendimiento del suelo. La fusión de madera estructural con muros masivos ancla el edificio a las praderas de las Badlands, constituye un caso de estudio fundamental para el urbanismo de áreas extraurbanas.
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