Nuevo ‘melón’ sobre el futuro de Barcelona, abierto en el consistorio de la ciudad. El Ayuntamiento de Barcelona ha anunciado que llevará a votación en el pleno municipal una versión revisada del proyecto para construir el nuevo Museu Carmen Thyssen en el corazón del Eixample, en la confluencia de paseo de Gràcia con Gran Via. La tramitación oficial del plan, que propone transformar el histórico antiguo Cine Comèdia y Palau Marcet en un equipamiento cultural, marca un avance clave en una iniciativa que desde su presentación ha generado tanto expectativas como críticas en la ciudad.
La propuesta, promovida por Stoneweg Places & Experiences con la baronesa Carmen Thyssen como impulsora cultural, plantea rehabilitar la fachada y estructura del Palau Marcet, un edificio catalogado como Bien Cultural de Interés Local (BCIL), para albergar un museo de arte centrado en la pintura catalana, española e internacional de los siglos XIX y XX, junto con exposiciones temporales, un auditorio de unas 400 plazas, librería, tienda de diseño y una zona gastronómica.
En esta fase de tramitación, el Ayuntamiento ha recibido formalmente el texto del proyecto mejorado, que incorpora ajustes tras el periodo de consulta pública y preparación de documentación urbanística. La intención del consistorio es someter esa versión revisada a votación en el pleno para dar el visto bueno definitivo a la modificación del Plan General Metropolitano (PGM) que permite ampliar la volumetría del edificio y habilitar nuevos usos en un punto urbano de alto valor arquitectónico y cultural.
El proyecto, que no ha empezado aún la construcción, tiene como objetivo completar la última gran pieza en el mapa de grandes museos de Barcelona y reforzar su atractivo como destino cultural europeo. Según fuentes de prensa, se espera que el museo abra no antes de 2027-2028, aunque esa fecha depende de que primero se resuelva la tramitación urbanística y la aprobación definitiva en el pleno del Ayuntamiento.
¿Qué cambia con esta “versión mejorada”?
La versión ahora sobre la mesa incorpora correcciones técnicas y aclaraciones respecto al texto original del proyecto urbanístico, con el objetivo de facilitar su aprobación por parte de los grupos municipales tras un intenso periodo de exposición pública y alegaciones. Entre los elementos que se han revisado están la precisión de usos permitidos, la distribución de espacios interiores y una articulación más detallada de los usos complementarios que convivirán junto a las salas de exposición.
Aunque el Ayuntamiento ha defendido que se trata de un proyecto que puede consolidar a Barcelona como capital cultural en los próximos años, la discusión política y social sigue abierta. Varios partidos y colectivos han exigido más transparencia, participación ciudadana y garantías de retorno público antes de validar una modificación urbanística de tal calado.
El debate no es nuevo: ya en etapas anteriores del proceso se rechazó, por ejemplo, la inclusión de una tienda textil con acceso desde el interior del museo al considerar que no estaba suficientemente ligada a los usos culturales, aunque se mantiene la previsión de reservar aproximadamente un 25 % de los espacios para actividades complementarias como restauración, librería y tienda de diseño.
Críticas desde urbanismo y patrimonio
El proyecto ha sido objeto de cuestionamientos por parte de arquitectos y asociaciones profesionales que han pedido al Ayuntamiento frenar la iniciativa y abrir un proceso participativo que permita revisar el planteamiento arquitectónico y urbanístico. Desde el Col·legi d’Arquitectes de Catalunya (COAC) se ha señalado que el proyecto incrementa considerablemente la volumetría del edificio histórico y que la modificación del PGM debe venir acompañada de estudios económicos y de impacto social que justifiquen el cambio.
Distintas asociaciones vecinales han tachado la iniciativa de “operación especulativa disfrazada de museo”, señalando que la ampliación prevista, con alturas que duplicarían la construcción existente y una parte significativa dedicada a usos comerciales, podría desvirtuar el carácter urbano y patrimonial de la zona. También se ha reclamado más transparencia sobre el contenido exacto de la colección y cómo se garantizará su permanencia en Barcelona.
En redes profesionales, la crítica se ha centrado en la noción de que la intervención combina la “rehabilitación” de un edificio histórico con una expansión que algunos consideran agresiva. Expertos han cuestionado si realmente se preserva la esencia del Palau Marcet o si la propuesta predominante es una reconstrucción monumental que acaba por influir de forma definitiva en el paisaje urbano.
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