Hay negociaciones que se desvirtúan. La que mantiene el Ayuntamiento de Barcelona con los herederos de la familia Trias para hacerse con la histórica casa modernista enclavada en el interior del Park Güell es, sin duda, una de ellas. El consistorio ha fijado en 3,2 millones de euros el precio de expropiación de uno de los inmuebles más singulares de la ciudad: un edificio modernista de principios del siglo XX, construido entre 1903 y 1906 por el arquitecto Juli Batllevell, en pleno corazón de un espacio declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO en 1984.
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La cifra, sin embargo, resulta difícil de sostener cuando se pone en contexto. Los herederos del abogado sabadellense Martí Trias i Domènech (primer adquirente de la parcela dentro de la frustrada urbanización privada que Eusebi Güell encargó a Gaudí a principios del siglo pasado) presentaron en un primer momento una valoración de casi 8,5 millones de euros. El Ayuntamiento rechazó la cifra sin pestañear. La familia rebajó entonces sus pretensiones a cerca de 6 millones. El consistorio volvió a decir que no. Y finalmente ofreció sus 3,2 millones: prácticamente la mitad de la segunda oferta y menos de dos quintas partes de la primera.
Esa asimetría lo cambia todo. La familia Trias no puede acudir al mercado libre para buscar un comprador alternativo que ofrezca una cifra más justa. Están obligados a vender al único comprador posible, que además es quien fija la oferta inicial. La posición negociadora del Ayuntamiento hace que el consistorio pueda ser muy conservador en su oferta porque no tiene competencia.
Por qué no se puede vender en el mercado libre
La Casa Trias no puede salir a la venta en el mercado inmobiliario convencional por la confluencia de tres factores jurídicos que, juntos, la convierten en un bien prácticamente cautivo de la administración pública.
Es Patrimonio Mundial de la UNESCO. El Park Güell ostenta la máxima protección cultural internacional desde 1984. Cualquier inmueble enclavado en su interior queda sometido a una regulación de uso y transmisión extraordinariamente restrictiva. La administración dispone de derecho preferente de adquisición (tanteo y retracto) sobre cualquier operación de compraventa.
La calificación urbanística de suelo de parque público. El suelo donde se asienta la casa está calificado como zona de parque de titularidad municipal. Eso impide cualquier transmisión a un tercero privado para usos incompatibles con el entorno.
El expediente de expropiación en curso. Desde junio de 2024, el Ayuntamiento inició formalmente el proceso de expropiación forzosa. Una vez abierto ese expediente, la propiedad queda bloqueada: los propietarios no pueden transmitirla a terceros al margen del procedimiento administrativo en curso.
La herencia de una urbanización que nunca fue
La historia de la Casa Trias arranca en 1900, cuando Eusebi Güell encargó a Antoni Gaudí el proyecto de una exclusiva urbanización privada en la que entonces se conocía como La Muntanya Pelada. El plan preveía hasta 60 parcelas para la alta burguesía barcelonesa, inspirado en los parques residenciales ingleses (de ahí el nombre en inglés). La parcela que adquirió Martí Trias i Domènech fue una de las dos únicas casas que llegaron a construirse. El proyecto nunca despegó: el transporte era deficiente, la exclusividad resultó excesiva y los compradores no aparecieron.
Tras la muerte de Güell en 1918, sus herederos cedieron los terrenos al Ayuntamiento, que los adquirió en 1922 y los abrió al público en 1926. La Casa Trias, sin embargo, quedó en manos de la familia, convertida en una anomalía histórica: una residencia privada en el interior de un parque público que décadas más tarde sería reconocido como uno de los grandes monumentos del patrimonio mundial.
Ante la ruptura de las negociaciones, el Ayuntamiento ha remitido el caso al Jurado de Expropiación de Catalunya, el organismo que deberá fijar el justiprecio definitivo. Será ese tribunal administrativo quien establezca cuánto vale realmente la última joya privada del Park Güell.
El consistorio tiene previsto destinar 10,4 millones de euros a la expropiación de la finca y a la construcción de un nuevo centro técnico para los servicios del parque, dentro de una inversión total de 39 millones para el mandato 2023-2027. Que la oferta al propietario sea de 3,2 millones en ese contexto dice mucho sobre cómo entiende el Ayuntamiento de Barcelona la palabra negociación.
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1 Comentarios:
Ah. Eso también es socialismo.
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