Para muchas culturas la calle es mucho más que un espacio de tránsito, la conciben como un escenario social donde cruzar miradas, conversaciones y rutinas cotidianas. En la India, por ejemplo, las callejuelas sinuosas, los patios comunes y las arcadas cubiertas forman parte de una tradición urbana que favorece el encuentro informal y la vida comunitaria.
Este imaginario ha servido de punto de partida para repensar la arquitectura colectiva contemporánea, especialmente en desarrollos residenciales de nueva creación, donde el riesgo de espacios impersonales es elevado. Así se presenta The Street, una casa club comunitaria en Pune diseñada para funcionar más como un fragmento de ciudad que como un equipamiento aislado.
Una casa con tejido urbano
The Street se ubica en las afueras de Pune, en el estado indio de Maharashtra, y fue proyectada por el estudio local Studio VDGA para dar servicio a una nueva comunidad residencial formada por 240 parcelas destinadas a autoconstrucción.
Lo más interesante del proyecto es que, en lugar de recurrir al modelo habitual de club social cerrado y monumental, el estudio apostó por un planteamiento radicalmente distinto: creó un conjunto de espacios interconectados que se recorren como si fueran calles de un pequeño barrio.
El complejo ocupa una parcela de 15.000 m2 y alberga funciones diversas, entre ellas gimnasio, cocina comunitaria, sala polivalente, restaurante y piscina. Todos estos usos se enlazan mediante una red de caminos curvos, patios y arcadas que buscan fomentar lo que los arquitectos definen como “interacciones espontáneas”.
“El concepto central del diseño de The Street era crear una instalación que actuara como centro neurálgico de una comunidad parcelada, alejándose de los estereotipados clubes sociales construidos únicamente como herramientas de marketing”, explicó el estudio.
Esta intención se traduce en una organización espacial que evita los ejes rígidos y las jerarquías claras. Dos accesos principales, situados en los extremos norte y sur del recinto, conducen a senderos de ladrillo que serpentean hacia el interior del conjunto.
A medida que el visitante avanza, los espacios se van revelando de forma gradual, reforzando la sensación de descubrimiento propia de un entorno urbano tradicional. “Esta influencia tradicional continúa en la distribución, que imita la sensación de las animadas callejuelas indias”, añadió el estudio.
Ladrillo para el encuentro
En el corazón de The Street las principales instalaciones se organizan en torno a plazas abiertas pavimentadas con piedra. Hacia el este se sitúan el gimnasio y los vestuarios, vinculados a una gran piscina exterior que actúa como foco social. Este ámbito se completa con zonas de descanso al aire libre y una sucesión de espacios cubiertos que ofrecen sombra, desde una marquesina de estructura metálica hasta una galería de hormigón.
Al oeste, el conjunto se abre a un espacio para eventos polivalentes y a una grada exterior tipo anfiteatro que mira hacia una plaza arbolada. Este lugar funciona como punto de reunión para celebraciones, actividades colectivas o simplemente como área de estancia informal. En el extremo sur, una estructura vertical a modo de torre concentra los servicios del complejo y una pequeña tienda, reforzando la idea de hitos urbanos dentro del recorrido.
Uno de los elementos más característicos del proyecto es el uso extensivo de muros de ladrillo, muchos de ellos perforados, que delimitan los caminos, envuelven zonas de descanso elevadas y configuran espacios cubiertos con techos abovedados.
Además, actúa como elemento climático y simbólico. Según el estudio, se eligió este material “para evocar una sensación de nostalgia y arraigar la estructura en el paisaje, en un guiño a la arquitectura tradicional india. Esto se complementa con el uso de acabados de hormigón en bruto, que proporcionan un contraste moderno al tiempo que mantienen el carácter auténtico y sin refinar del edificio”.
Los ligeros cambios de nivel repartidos por todo el recinto refuerzan la experiencia de paseo urbano, recordando la topografía irregular de muchas ciudades históricas. Por su parte, los patios intercalados permiten la ventilación cruzada y la entrada de luz natural, mientras que las arcadas crean transiciones suaves entre interior y exterior.
“El diseño fomenta un estilo de vida natural, abierto y conectado, haciendo hincapié en las experiencias compartidas, los valores tradicionales y el sentido de pertenencia con una distribución sinuosa similar a la de una calle para fomentar las interacciones espontáneas y las historias compartidas”, explican los arquitectos.








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