Una ampliación en Londres demuestra que menos materiales pueden dar más hogar

Twin Pitches se ubica en el barrio londinense de Ealing y ha consistido en la renovación y ampliación de una vivienda eduardiana.
Twin Pitches Jim Stephenson

La ampliación de viviendas unifamiliares en Londres se ha convertido en uno de los campos de experimentación más fértiles de la arquitectura residencial contemporánea. Como hemos visto en numerosos ejemplos en este portal, estas intervenciones ocupan los patios interiores de las viviendas para formar nuevos espacios habitables.

Una de las principales causas de este aumento de ampliaciones se deben a las normativas y a la protección de las viviendas históricas, como las victorianas y las eduardianas, por lo que crecer hacia dentro, hacia arriba o hacia el jardín trasero es a menudo la única alternativa a mudarse.

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Repensando una casa eduardiana

En el barrio de Ealing, al oeste de Londres, el estudio local Atelier Baulier ha llevado a cabo la renovación y ampliación de una vivienda eduardiana que sufría tanto limitaciones espaciales como un bajo rendimiento medioambiental. El proyecto, llamado Twin Pitches, fue encargado por una familia de cuatro miembros que buscaba transformar la casa en su “hogar para siempre”, adaptado a sus necesidades presentes y futuras.

Antes de añadir nuevos espacios, el estudio abordó una intervención profunda sobre la vivienda existente. La estructura fue desmontada parcialmente y vuelta a aislar, con el objetivo de mejorar su comportamiento térmico y reducir su consumo energético. A partir de ahí, el planteamiento se enfocó en sustituir únicamente lo imprescindible y dejar visibles muchos de los materiales y capas constructivas que normalmente quedan ocultas.

“Queríamos establecer un nuevo estándar en cuanto a materiales naturales y sostenibilidad para esta remodelación. No se trata solo de lo que se ve, sino también de lo que hay bajo tierra y oculto detrás de los acabados”, explicó el estudio. Esta filosofía se tradujo en una revisión crítica de cada decisión constructiva, desde los sistemas de cimentación hasta los acabados finales.

Uno de los gestos más significativos fue el uso de pilotes atornillados en lugar de cimientos de hormigón, reduciendo así la huella de carbono de la obra. En el interior, el yeso de cal se utilizó como capa hermética y acabado final, sin pintura añadida, mientras que las tablas estructurales del tejado pasaron a ser el propio techo visible.

“El tablero del techo de la ampliación es también el acabado del techo, el yeso de cal interno es la capa hermética y se deja sin pintar, ya que así queda muy bien. Se trata de utilizar los materiales adecuados con frugalidad y honestidad”, afirma el estudio.

Diálogo entre lo antiguo y lo nuevo

Además de la mejora de la casa original, el proyecto incluyó la ampliación de la buhardilla para crear un dormitorio adicional y una nueva extensión trasera de 22,5 metros cuadrados que alberga la cocina y una terraza acristalada. Esta ampliación se reconoce fácilmente desde el exterior por su cubierta a dos aguas en forma de dientes de sierra, que da nombre al proyecto y aporta una identidad clara sin competir con la vivienda eduardiana existente.

La estructura de madera de esta cubierta se dejó vista en el interior y se trató con aceite de linaza. En la nueva cocina, estos techos de contrachapado dialogan con los muros de ladrillo pintados de blanco de la casa original. El conjunto se completa con armarios y encimeras en tonos rosa pálido, superficies de acero inoxidable y un salpicadero de terrazo que introduce textura y matices.

El uso del color se convierte en otro hilo conductor del proyecto. Una pared divisoria verde oscuro y una estantería hacen referencia a una chimenea de azulejos original, que fue trasladada desde un dormitorio al salón y enmarcada ahora por un contorno amarillo. Este mismo color aparece en la puerta principal, en las chimeneas y en la escalera central de la vivienda, iluminada desde arriba.

“Los clientes estaban muy de acuerdo con nuestra atrevida combinación de colores, y el color de la puerta principal se discutió en nuestra reunión informativa”. Según la arquitecta, ese amarillo se extendió a la escalera como un guiño a la tradición arquitectónica de John Soane, aportando carácter y continuidad visual.

En la buhardilla, el techo alto revestido de madera contrachapada teñida se resolvió sin recurrir a una estructura de acero intensiva en carbono. En su lugar, una gran columna de madera ocupa el centro del espacio, asumiendo una función estructural y expresiva a la vez.

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