Fosa Atlántica: un cementerio nuclear a 700 kilómetros de la costa gallega

Hasta los años ochenta estuvo permitido tirar residuos radioactivos al mar. En esta zona del Atlántico, a 700 kilómetros de cabo Fisterra, hay 140.000 toneladas de basura nuclear.
Estado de los bidones en el fondo de la fosa Atlántica
Estado de los bidones en el fondo de la fosa Atlántica CNRS

James Lovelock, padre de la teoría Gaia (que considera la Tierra un organismo vivo gigantesco y que defiende que la vida no surge cuando hay condiciones que lo permitan, sino que es la propia vida la que define las condiciones que permiten su existencia), comentó una vez en una entrevista que él se quedaría con gusto los residuos nucleares generados en Inglaterra (pasó de ser ecologista a un firme defensor de la energía nuclear) para enterrarlos en su jardín y así tener calor gratis en su casa. El científico e inventor, que falleció en 2022, siempre fue bastante polémico con lo cual esa aseveración no sorprendió a nadie.

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No sabemos si Lovelock querría para sí alguno de los 220.000 bidones que están en el fondo de la fosa Atlántica que han vuelto a estar de actualidad este año gracias a las fotos de una expedición francesa que ha enviado un submarino a ver el estado de la cosa, una cosa bastante terrorífica por cierto… Daría igual que Lovelock o cualquier otro los quisiera porque esos deshechos, localizados a unas 300 millas, 700 kilómetros, del cabo Fisterra, en Galicia, no pueden, lamentablemente, ser manipulados ni retirados. Los bidones, colocados allí hace más de 40 años, están sumergidos a más de 4.000 metros de profundidad y manipularlos podría romperlos lo cual provocaría una dispersión radiactiva descontrolada. 

Lo único que puede hacerse, a día de hoy, es monitorear la zona que es lo que hizo unos meses atrás el Centre National de la Recherche Scientifique, CNRS francés con su proyecto Nodssum. Gracias al submarino Nautile, los investigadores pudieron observar el estado de los bidones y constataron un deterioro en los mismos, con filtraciones. Se percataron también de los materiales con los que la industria nuclear de entonces había encapsulado sus desperdicios: resinas, asfalto y cemento.

La prohibición no llegó hasta 1993

Pero, ¿cómo ha llegado ahí esa escalofriante cantidad de bidones con residuos radioactivos? ¿De quién fue la espantosa idea de lanzar al fondo del mar basura nuclear? Podríamos resumirlo en que llegaron ahí como a otras partes del planeta porque estaba permitido, era del todo legal.  También los hay en el océano Ártico porque la extinta Unión Soviética los depositó allí entre 1964 y 1986 y al parecer, como los barriles eran estancos, los soldados rusos tenían órdenes de agujerearlos con disparos para que se hundiesen, según ha relatado el experto nuclear Andrei Zolotkov. En efecto, podría ser el guion de una comedia pero no tiene gracia alguna, ¿verdad?

Los residuos localizados a unos 700 kilómetros de la costa gallega se depositaron allí entre los años 40 y los 90 del siglo pasado. La prohibición formal no llegó 1993. Antes de esta fecha lo habitual era que países europeos, Holanda, Francia, Alemania... tirasen ahí su basura nuclear. La práctica se dio a conocer gracias a un pequeño barco gallego, El Xurelo, que se adentró en esas aguas, sin permiso para ello, para documentar lo que se estaba haciendo. Hablamos de septiembre de 1981: la voz de alarma la dio Greenpeace, que entonces no tenía presencia en España. La información llegó a Esquerda Galega quien intentó recabar apoyos para realizar una acción entre otros partidos políticos, de todas siglas, y ayuntamientos. Nadie les escuchó. Acudió entonces a las cofradías de pescadores y bingo: el patrón del Xurelo, Ánxel Vila, fue el único en responder a la llamada. Sacarían su barco e irían a la fosa Atlántica para documentar los vertidos. Así lo hicieron: en el barco iban algunos políticos, tripulantes y por supuesto, medios de comunicación nacionales. No tenían ni siquiera permiso para navegar ni tenían muy claro dónde estaba exactamente el cementerio nuclear pero su determinación estaba clara: había que documentar esos vertidos y dar a conocer al mundo lo que estaba pasando en esas aguas. La suerte estuvo de su parte: consiguieron avistar, al tercer día de navegación, dos buques holandeses con los residuos nucleares y así pudieron documentar la práctica. Era la primera vez que sucedía. 

El Xurelo tardó una semana en volver a puerto (les cayó una multa simbólica) pero al año regresaron al mismo sitio acompañados esta vez de más naves. Ahí ya se tomaron cartas en el asunto: en 1983 el organismo europeo encargado de controlar los residuos nucleares declaró una moratoria de los vertidos. El Convenio de Londres de la Organización Marítima Internacional, vetó, una década más tarde, cualquier vertido radioactivo al mar pero el daño ya estaba hecho: en el lecho de la fosa Atlántica hay 140.000 toneladas de basura radioactiva. Tic tac, tic tac.

1 Comentarios:

Gema Del Cerro Alcazar
27 Agosto 2026, 21:51

Un día u otro eso tendrá fugas..y luego que??

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