Tener una mansión ya no es suficiente. Ni dos. La última aspiración de los grandes patrimonios en EEUU es hacerse con las propiedades vecinas para construir verdaderos complejos privados, con instalaciones que van desde enormes jardines propios, casas de invitados o muelles privados, sin olvidar canchas de pádel y hasta un spa. Un fenómeno que ya tiene nombre ‘landmaxxing’, un neologismo anglosajón que describe la búsqueda compulsiva de más terreno, más metros, más privacidad.
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El último informe de la inmobiliaria Coldwell Banker del primer semestre del año revela que las búsquedas de propiedades de lujo en EEUU se duplicaron en los primeros cinco meses de 2026 respecto al mismo período de 2025. Las búsquedas de suelo edificable han crecido un 97% interanual, y las de propiedades singulares, como islas privadas y grandes fincas también se han más que duplicado.
Un mercado ajeno a la crisis
Mientras el mercado inmobiliario lleva meses lastrado por los tipos de interés elevados y la incertidumbre económica, el segmento de ultra lujo sigue su propio curso. "Si la gente quiere moverse y tiene efectivo, puede hacerlo, y lo hace", resume Mary Lee Blaylock, presidenta de Coldwell Banker Affiliates. Los datos lo corroboran: el volumen medio de ventas de lujo entre enero y mayo subió un 2,8% interanual para viviendas unifamiliares, mientras que el precio medio aumentó un 4,7%, hasta situarse en 1,83 millones de dólares.
El inmobiliario de lujo se ha convertido, en definitiva, en un activo de inversión más en la cartera de los más ricos. "Para algunos es privacidad y seguridad. Para otros, una cobertura contra la inflación", destaca Danny Hertzberg, agente inmobiliario de Coldwell Banker Realty en Miami.
Los 'landmaxxers' más conocidos
Los nombres propios del fenómeno son los habituales en cualquier lista de grandes fortunas. Ken Griffin, fundador del fondo de inversión Citadel, ha invertido más de 450 millones de dólares en ensamblar un complejo de casi 11 Hectáreas en Palm Beach. Jeff Bezos desembolsó más de 230 millones en propiedades en Indian Creek Island, en Miami. Y Larry Ellison, fundador de Oracle, es habitual en Malibú, Incline Village y Manalapan, acumulando finca tras finca en distintos estados.
No son los únicos. En Miami Beach, el inversor Ibrahim Al-Rashid construyó una vivienda de 1.000 metros cuadrados sobre el solar del antiguo Miami Beach Rod & Reel Club, que había comprado por 3 millones de dólares en 2010. Cuando dos vecinos pusieron sus casas en venta, las adquirió por 12,5 millones en total. Con esas parcelas construyó una casa de invitados con gimnasio y spa, y un lago artificial. Se calcula que ha invertido unos 45 millones de dólares en el conjunto, cuyo valor se estima ahora en 100 millones dólares (85,6 millones de euros), aunque no tiene intención de vender.
Privacidad y muchos metros
Muchos clientes adinerados exigen ahora metros y metros de frente junto al mar para ganar privacidad y unas vistas espectaculares en la costa. “Para ganar de 60 a 90 metros de frente la única salida suele ser unir varias parcelas. Hace cinco años, este tema ni se mencionaba", destaca George Carroll, agente inmobiliario de Compass, que recientemente vendió una parcela doble en Palm Island, Miami Beach, por 40 millones de dólares. El vendedor era un promotor que había fusionado dos solares para construir una vivienda de 1.100 metros cuadrados con cancha de tenis. El comprador fue su propio vecino, el inversor de capital riesgo Benjamin Ling.
El empresario Patrick Dovigi, por su parte, gastó 48,5 millones de dólares en tres operaciones consecutivas: una casa con vistas al mar, parte de la parcela contigua y un solar sin acceso al mar en la acera de enfrente. En ese último construirá una cancha de pádel. La instalación deportiva privada se ha convertido en uno de los grandes reclamos de este tipo de complejos.
'Compra defensiva': proteger las vistas de otras construcciones
Más allá del lujo, algunos compradores actúan por lo que los agentes llaman "compra defensiva": adquirir los terrenos colindantes simplemente para que nadie construya al lado. Es el caso de Dace Brown Stubbs, heredera de la familia fundadora de Jack Daniel's, que pagó 2,99 millones de dólares por un rancho de 14 Hectáreas en Snowmass, Colorado. Tras reformarlo, ella y su marido se dieron cuenta de que necesitaban "proteger las vistas". Desembolsaron otros 1,15 millones por 40 hectáreas adicionales. "Detestaba la idea de que levantaran una o dos casas enormes en esos campos tan bonitos", confiesa.
En Manalapan (Florida), David MacNeil, fundador de WeatherTech, una marca de accesorios para automóviles, pagó 93,5 millones de dólares por dos parcelas en 2024 y 2025, que revendió por 105 millones. Desde entonces ha adquirido propiedades contiguas por más de 100 millones adicionales y está a punto de cerrar la compra de un tercer lote por 36 millones, lo que le dará un conjunto de más de 3 Hectáreas.
Un activo tan escaso como deseado
Los vecinos son siempre los primeros a quienes se acude cuando sale a la venta una propiedad, y "muy a menudo están dispuestos a pagar de más", señala Dana Koch, del grupo Corcoran. La escasez de suelo en las zonas más exclusivas convierte cada nueva parcela disponible en un bien deseado, lo que alimenta aún más la espiral de precios.
El ‘landmaxxing’ no es solo una excentricidad de los más ricos: es el reflejo de un cambio profundo en cómo la élite concibe la vivienda. Ya no se trata de metros cuadrados construidos, sino de metros cuadrados de mundo propio. Cuantos más, mejor.
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