La orientación, la herramienta natural más eficaz para calentar tu casa en invierno, según dos arquitectos

Marcelo Ruiz Pardo y Sonia Nebreda explican cómo sacar partido al sol en obra nueva y en pisos ya construidos, y por qué conviene pensar también en el verano
Orientación sol
Magnific

Cuando llega el frío, lo primero que se nos viene a la cabeza es subir el termostato, renovar las ventanas o mejorar el aislamiento. Son soluciones eficaces, pero no las únicas. Según los arquitectos Marcelo Ruiz Pardo y Sonia Nebreda, fundadores del estudio Ruiz Pardo–Nebreda, una de las mejores herramientas para tener una casa cálida es también una de las más antiguas: la orientación.

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Así lo explican en una entrevista publicada por 'Arquitectura y Diseño', donde defienden recuperar el conocimiento de la arquitectura tradicional para proyectar viviendas que se adapten al clima y a distintos usos. “Una buena orientación se valora por su contribución al confort durante todo el año”, resumen. El sol de invierno aporta calor, pero esa misma casa tiene que ofrecer sombra y protección cuando llega el verano.

Qué decidir desde el principio en una obra nueva

Para los arquitectos, el punto de partida es estudiar el clima, el recorrido del sol a lo largo del año y las sombras que proyecta el entorno. A partir de ahí hay que ajustar la profundidad de las estancias y el tamaño y la posición de las ventanas, buscando un equilibrio entre captar calor en invierno, evitar pérdidas y no sobrecalentar la casa en verano.

La protección solar forma parte de esa decisión inicial. En fachadas orientadas al sur, un voladizo bien dimensionado deja pasar el sol bajo del invierno y frena el más alto del verano. En las orientadas al este y al oeste, donde el sol incide más bajo, hacen falta soluciones específicas. Los elementos regulables ayudan a adaptarse a cada estación, y las galerías y los porches añaden espacios intermedios que se pueden aprovechar de distintas formas según la época.

Los arquitectos también piden superar la separación rígida entre zona de día y zona de noche. Trabajar, cuidar o descansar puede ocurrir en distintas estancias y a distintas horas, así que conviene diseñar espacios bien proporcionados, con buena luz y opción de intimidad, para que su uso pueda cambiar con el tiempo.

Si ya vives en una casa y no puedes cambiar la orientación

Su primer consejo es observar la vivienda durante todo el año. Un rincón soleado puede ser ideal para trabajar en invierno, mientras que otro más resguardado funcionará mejor en verano. Mover muebles y adaptar hábitos permite aprovechar esas diferencias sin hacer obras.

En invierno, recomiendan dejar entrar el sol y cerrar persianas y cortinas al anochecer. En verano, conviene desplegar las protecciones exteriores antes de que el interior se caliente y ventilar cuando fuera haga más fresco. Corregir las infiltraciones en las ventanas y aislar los cajones de persiana también reduce pérdidas, siempre que se mantenga la ventilación necesaria. Si se plantea una reforma, aconsejan abordar a la vez la distribución y el aislamiento, porque poder elegir dónde estar exige buen confort en toda la casa.

Los errores más habituales

Para Ruiz Pardo y Nebreda, un error de fondo es proyectar pensando en una situación fija, ya sea climática o doméstica. Lo que funciona en enero puede ser incómodo en agosto, y un dormitorio puede acabar siendo un espacio de trabajo.

Otro fallo frecuente es confundir cantidad de vidrio con calidad del espacio y repetir las mismas ventanas y protecciones en todas las fachadas. Un gran ventanal mal resuelto puede aumentar las pérdidas de calor en invierno y provocar sobrecalentamiento en verano, sobre todo si da al oeste. Cada orientación necesita su propia respuesta. Y el detalle constructivo pesa mucho: una discontinuidad en el aislamiento o una carpintería mal instalada pueden echar por tierra el confort previsto.

Materiales y suelos que retienen el calor

Los arquitectos distinguen entre almacenar calor y transmitir sensación de calidez. La piedra, el hormigón o un suelo cerámico sobre una base con suficiente masa pueden acumular la energía del sol y liberarla poco a poco, lo que suaviza los cambios de temperatura. Su eficacia depende del clima, del aislamiento y del uso de la vivienda. En verano, esa masa debe protegerse del sol y poder enfriarse, por ejemplo con ventilación nocturna.

También importa el conjunto del suelo: un acabado muy fino acumula poco, y una alfombra gruesa puede limitar el intercambio de calor con la masa inferior. La madera y los textiles aportan otro tipo de calidez, más ligada al tacto. Los tonos claros reflejan más luz y los oscuros tienden a absorber más radiación solar, pero el color no sustituye al aislamiento ni a la masa térmica.

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