La provincia de Jaén, marcada por un interminable mar de olivos y sierras abruptas, es también una tierra con pueblos que no resistieron al paso del tiempo. Y es que existen núcleos rurales que un día estuvieron llenos de vida y que hoy permanecen en silencio. La despoblación, la emigración hacia las capitales y los cambios económicos del siglo XX dejaron tras de sí varios pueblos abandonados en Jaén, que aún conservan las huellas de quienes los habitaron. Descubre algunos ejemplos.
Almenara
A unos kilómetros de la capital jiennense, Almenara se extiende sobre una docena de hectáreas de terreno agrícola. Hoy sin población estable, fue un enclave con intensa actividad agraria. El olivar y los cultivos de cereal de secano marcaron su ritmo vital, aprovechando también la cercanía de la vega del río Guadalbullón.
Su historia se remonta a la Edad Media, cuando ya aparece citada en documentos del siglo XIV como aldea vinculada a Jaén, aunque nunca contó con parroquia propia ni fortificación. Hoy, entre construcciones en ruina destaca además por su valor ambiental: alberga una importante colonia de cernícalo primilla.
Bujaraiza
Bujaraiza yace bajo las aguas del embalse del Tranco, en plena Sierra de Segura. Cuando el nivel del pantano desciende, emergen los restos de lo que fue una pequeña aldea. La construcción del embalse obligó a sus vecinos a marcharse en la primera mitad del siglo XX.
Aún pueden contemplarse vestigios como la iglesia de San Miguel, la era que hacía también de plaza o el antiguo lavadero. Incluso los cementerios permanecen en las inmediaciones.
Los Avileses
En una suave loma cercana al río Guadalimar se asentaba Los Avileses, una pequeña agrupación de casas dependiente de Puente de Génave. La vida giraba en torno al campo: aceituna, cereales y ganadería ovina eran el sustento de sus vecinos. Carecía de servicios básicos, por lo que cualquier gestión implicaba desplazarse.
Ni la electricidad ni el agua corriente llegaron a instalarse plenamente antes de su abandono. Las familias fueron marchándose progresivamente en busca de mejores oportunidades, muchas rumbo a Cataluña o la Comunidad Valenciana. A mediados de los años sesenta, la última familia cerró la puerta definitivamente.
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Recena
Los restos del castillo de Recena se alzan sobre un promontorio junto al río Torres, en el término municipal de Jimena. Aunque hoy apenas se conservan fragmentos de muros y parte de una torre, en su día fue una fortificación estratégica.
La construcción posterior de un cortijo sobre sus estructuras originales aceleró su deterioro, hasta el punto de que buena parte del castillo desapareció en el siglo XX. Aun así, conserva la declaración de Bien de Interés Cultural y mantiene vestigios que remiten a épocas ibéricas, romanas y medievales.
Cortijos Nuevos
En un pequeño llano próximo al Guadalimar se encontraba esta aldea vinculada a Puente de Génave. Llegó a reunir alrededor de veinte viviendas y cerca de 90 habitantes en sus momentos de mayor actividad. El olivar era la base económica, aunque no tenía luz eléctrica ni abastecimiento de agua.
La emigración de los años cincuenta vació progresivamente sus casas. Las dificultades de comunicación y la falta de servicios precipitaron el éxodo, aunque durante un tiempo un único vecino permaneció allí, resistiendo en soledad hasta el siglo XXI.
Los Goldines
A más de mil metros de altitud, en la Sierra de Segura, Los Goldines soportaba inviernos duros y frecuentes nevadas. Sus veinte viviendas se distribuían en torno a una calle principal, adaptándose al desnivel del terreno. La agricultura de subsistencia — y la ganadería caprina y ovina sostenían a sus habitantes.
Sin embargo, la expropiación de terrenos para la repoblación forestal en la década de 1960 obligó a marcharse a sus vecinos. La aldea quedó vacía en poco tiempo, dispersándose sus habitantes por otras provincias y comunidades.
El Castil
Sobre un peñasco en la campiña de Torredelcampo se levanta El Castil. En torno a una antigua fortificación medieval, hoy casi desaparecida, se alinearon varias viviendas que conformaron la cortijada. Sin electricidad ni agua corriente, sus moradores dependían de fuentes cercanas y del trabajo agrícola y ganadero.
Durante décadas resistió pese a las carencias, pero la falta de servicios y la lejanía precipitaron su abandono definitivo en los años setenta. Actualmente, algunas fachadas aún se mantienen en pie mientras otras se desploman lentamente.
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La Lancha
En plena Sierra de Andújar se oculta La Lancha, un poblado levantado en torno a 1927 para albergar a los trabajadores que construían la presa del Jándula. Durante los años de obras llegó a concentrar cerca de 3.000 personas, con calles trazadas, servicios básicos e incluso edificios como hospital, economato e iglesia-escuela.
Tras finalizar la construcción de la presa, su aislamiento y la atracción de núcleos urbanos mayores propiciaron un declive paulatino. Hoy sobreviven la iglesia y algunas manzanas de casas, algunas reutilizadas como viviendas rurales.
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