Hay edificios que tienen una arquitectura impresionante, grandiosa, porque fueron concebidos para apabullar al visitante. Porque, por ejemplo, cuando uno entraba en el antiguo cuartel general de la Stasi en Berlín, debía sentirse pequeñito, impresionado, apabullado... la arquitectura como emblema del control ideológico y moral.
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Ese edificio se ha conservado tal cual, no se ha cambiado su uso ni su estética y desde hace años es un museo que puede visitarse para descubrir cómo se ejercía el control de los ciudadanos en la extinta RDA. Otros edificios sin embargo, mutan su uso completamente, es el caso del inmueble protagonista de esta historia. Nos referimos al que se ubica en el número 57 de Whitehall de Londres, o lo que viene a ser igual, el epicentro gubernamental del país, con numerosos edificios oficiales, casi enfrente de Downing Street y a escasos pasos del parlamento de Westminster.
En esa dirección estaba The OWO, el Old War Office o Ministerio de Guerra inglés durante las dos contiendas mundiales que ahora es un hotel de lujo, The Raffles at the Owo. Dicho de otra forma, si tu billetera goza de buena salud, puedes dormir en un impresionante edificio en el que antes estuvo Winston Churchill, Ian Fleming, Lawrence de Arabia y por supuesto, el agente más famoso de la historia, 007.
Mil millones de euros de inversión
La reconversión del antiguo ministerio a hotel de súper lujo ha supuesto seis años de trabajos, poco nos parece, y la friolera de mil millones de euros de inversión para conseguir un lugar especial, muy british, que rezuma historia por los cuatro costados. Esta mole de estilo barroco eduardiano de 76.000 metros cuadrados, lo de mole no era una forma de hablar, empezó a construirse en 1902 con piedra caliza traída desde la isla de Portland, Dorset, la misma utilizada para el Palacio de Buckingham o la Catedral de San Pablo. Fueron necesarios 25 millones de bloques de piedra… Su construcción, que finalizó en 1906, estuvo en manos del arquitecto William Young conocido también por la Glasgow City Chambers, su obra más importante en Escocia. En su día era un laberinto de más de mil estancias unidas por cerca de 4.000 metros de pasillos que eran recorridos en bici por adolescentes que trabajaban como mensajeros, era la única forma que el correo no llegase tarde en la época…
Allí llegaron a trabajar 22.000 personas en su momento de mayor actividad. Los números y las dimensiones del edificio intimidan, sin lugar a dudas, como lo hace una de las partes más representativas del complejo y que se ha conservado de forma fidedigna: la escalera del hall principal que fue levantada como símbolo de la majestuosidad y poderío del Imperio Británico de aquella época, lo que decíamos al principio, la arquitectura que pretende apabullar a quien la visita.
Accor es el propietario
Realizada en mármol italiano, desde ella se accedía entonces a los despachos de los más altos mandos convertidos hoy en suites que llevan por nombre el de los personajes más emblemáticos vinculados con este antiguo centro de poder. Ninguna de las 120 habitaciones y suites se parece, cada una tiene su identidad y únicamente comparten el lujo que ha querido transmitir el dueño de la marca, el grupo hotelero Accor, y la majestuosa mano del interiorista Thierry Despont que ha sabido mantener el umami, la esencia del edificio, con las comodidades actuales. Los arquitectos responsables de la reconversión es el estudio EPR.
Así, se han preservado los paneles de madera, las molduras, las chimeneas, los detalles art decó y gran parte del mobiliario original. La suite Churchill, por ejemplo, fue la antigua sala del Consejo del Ejército donde los altos mandos militares tomaron decisiones trascendentales. La suite Haldane albergó el despacho de Churchill durante la Segunda Guerra Mundial y las suites de las esquinas están dedicadas a mujeres que sirvieron a las fuerzas armadas o al servicio secreto británico.
Despont, quien también está detrás del interiorismo del hotel Ritz en París, ha mantenido también techos de escayola, lámparas de araña, suelos de parqué y mosaico, candelabros y revestimientos de roble que han sido restaurados gracias al trabajo de cientos de artesanos. El complejo cuenta además con 85 residencias privadas que han sido adquiridas en gran parte por empresarios asiáticos y americanos, que cuentan con servicios como mayordomo, concierge, personal shopper… El hotel tiene nueve restaurantes y tres bares, uno en una de las azoteas más espectaculares de Londres.
Y para terminar, dos curiosidades: dicen que antes de enfilar las impresionantes escaleras del hall hay que tocar la nariz del león del pasamanos derecho porque da buena suerte… Y sobre el nombre del establecimiento, Raffles, se debe a Sir Stamford Raffles, funcionario de la Compañía de las Indias Orientales que estableció el puesto comercial británico que dio origen a la ciudad de Singapur. Se cierra el círculo.
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