Los problemas para acceder a una vivienda que sufren los jóvenes se han convertido en uno de los principales síntomas de desigualdad económica y sociales en España.
Según alerta la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea), se está produciendo una "profunda fractura generacional" en los últimos años y "la limitada capacidad de los jóvenes para acceder a la vivienda o al ahorro financiero podría reforzar una 'brecha patrimonial hereditaria' que perpetúe estas desigualdades a largo plazo".
Estos mensajes se extraen del estudio que ha publicado la fundación sobre la evolución de la riqueza de los hogares en las últimas dos décadas, y que está firmado por los catedráticos José Ignacio Conde-Ruiz (Universidad Complutense de Madrid) y Francisco García-Rodríguez (Universidad de Alcalá de Henares).
El documento afirma que, entre 2002 y 2022, la riqueza media de las familias en España se ha disparado un 80,9% en términos reales, impulsada principalmente por la revalorización de los inmuebles y, más recientemente, por el crecimiento de los activos financieros. Sin embargo, este aumento se ha producido de forma muy desigual, puesto que se ha concentrado en los hogares de mayor renta y mayor edad, y deja a los jóvenes como los grandes damnificados.
"El análisis por edad revela una estructura patrimonial fuertemente condicionada por el ciclo vital: los jóvenes acumulan principalmente deuda, especialmente hipotecaria, y apenas han comenzado a construir su patrimonio; los hogares en edad intermedia presentan la mayor carga financiera y los niveles más altos de activos reales; y los mayores de 65 años concentran la mayor riqueza neta, con carteras más diversificadas y bajo nivel de deuda", sostiene el 'think tank'.
Fedea argumenta que las cohortes nacidas entre 1956 y 1975 (final del 'baby boom' y primera 'Generación X') han consolidado altos niveles de riqueza gracias a un contexto de empleo estable, crédito accesible y fuerte apreciación inmobiliaria, mientras que los 'millennials' (nacidos después de 1986) acumulan menos patrimonio que generaciones anteriores a su misma edad y se enfrentan a mayores barreras para acceder a la vivienda.
Entre los datos que incluye el texto para justificar la "profunda fractura generacional" que arrastra España está que la brecha de riqueza media entre los menores de 35 años y los mayores de 75 años se ha ampliado de 50.000 euros en 2002 a más de 360.000 euros en 2022. Es decir, se ha multiplicado por más de 7 veces.
En concreto, los menores de 35 años apenas acumulaban una riqueza media de 18.971 euros en 2022, con una mediana en este grupo de edad de apenas 4.500 euros. Unos datos que indican que "una parte sustancial de los jóvenes apenas dispone de ahorro financiero, lo que limita su margen de maniobra ante shocks económicos o imprevistos".
Por otro lado, el estudio revela que el peso de los jóvenes en la riqueza neta total se situó en 2022 en el 2,1%, frente al 8,2% registrado dos décadas antes; mientras que el de los mayores de 75 años se ha incrementado con el paso de los años, tras pasar del 8,3% al 18,3%.
Por tanto, inciden Conde-Ruiz y García-Rodríguez, "los hogares más jóvenes no solo acumulan menos riqueza en términos absolutos, sino que también pierden relevancia relativa dentro del conjunto patrimonial nacional, lo que dificulta su acceso a los beneficios asociados a la acumulación de activos".
Menos jóvenes con viviendas en propiedad
Uno de los principales 'drivers' de estas desigualdades lo encontramos en el cambio estructural en los patrones de tenencia de inmuebles que se está produciendo en este siglo.
En 2022, solo el 39% de los menores de 35 años poseía una vivienda en propiedad, frente al 65% registrado en 2008. Este descenso, según los autores del estudio, es consecuencia del "encarecimiento de la vivienda, el menor acceso al crédito hipotecario y la precarización laboral", que afectan especialmente a los jóvenes y "dificultan su transición a la propiedad".
En cambio, los hogares de mayor edad, y especialmente aquellos mayores de 65, años "han mantenido niveles muy elevados de propiedad -superiores al 90% durante todo el periodo analizado-, lo que confirma que la vivienda sigue siendo el principal activo patrimonial acumulado a lo largo del ciclo vital".
El documento también pone sobre la mesa que los mayores de 65 años poseen de media más de dos inmuebles, mientras que los jóvenes no alcanzan ni una propiedad por hogar; e incide en que esta diferencia no solo refleja una brecha económica, sino también un cambio en el modelo de acumulación patrimonial.
A diferencia de las generaciones previas, los nuevos hogares no solo tienen menos propiedades, sino también menos capacidad para acceder a segundas viviendas o inversiones inmobiliarias. Y es que, en un país como España, donde el ladrillo sigue siendo el epicentro del ahorro y la inversión familiar, quedarse fuera del mercado inmobiliario significa también quedarse al margen del principal canal de generación de riqueza.
Según el estudio, la tendencia actual puede tener consecuencias duraderas sobre la equidad intergeneracional y la movilidad patrimonial, y perpetuar en el tiempo las desigualdades económicas y sociales.
Para evitar este desenlace, Fedea insta a los poderes públicos a diseñar políticas que aborden de manera prioritaria la redistribución intergeneracional del patrimonio, el acceso asequible a la vivienda y el fomento del ahorro entre los hogares jóvenes, con el fin de garantizar un reparto más equilibrado de las oportunidades económicas.
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