¿Puede subir el oro a 6.000 dólares o hay más riesgo de desplome?

Hay analistas que creen que el metal precioso podría alcanzar esa barrera, pero también alertan de que el futuro inmediato es imprevisible
Onzas de oro
Getty images

El oro ha firmado un mes de enero para la historia. El metal amarillo ha subido un 12% en el primer mes del año, en el que ha llegado a tocar el nivel histórico de los 5.416 dólares por onza. Ni el más optimista de los analistas se habría atrevido a pronosticar cuando empezó 2026 un rally de estas dimensiones. Todos los factores se han alineado para permitir esta carrera alcista.

Todos los factores económicos y geopolíticos juegan a favor del ‘boom’ del metal, que ya subió casi un 65% en 2025: las posibles nuevas rebajas de tipos en Estados Unidos que debilitan al dólar; la corrección de los criptoactivos; las altas valoraciones de la renta variable y de la renta fija; la interminable guerra de Ucrania; la intervención de EEUU en Venezuela y las tensiones crecientes en Oriente Medio conforman un cóctel explosivo.

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Una combinación que apoya desde todos los frentes al oro, que históricamente se ha beneficiado de la debilidad de la divisa estadounidense y de los episodios de tensión internacional. Pero muy pocas veces en la historia del activo más seguro por antonomasia (no puede suspender pagos porque no es un apunte contable) se ha producido un aumento tan brutal de la demanda como el actual a qué obedece.

El movimiento es de tales dimensiones que algunos expertos se aventuran a pronosticar que, rotas todas las expectativas iniciales, el precio del oro puede saltar hasta los 6.000 dólares y seguir elevando las ganancias que desde que empezó la invasión en Ucrania se disparan hasta un 175%.

Pero, más allá de las previsiones, lo que no tiene discusión es que el potencial de subida del metal amarillo es ahora más reducido y que, en paraleo, la posibilidad de una corrección es ahora mucho más elevada. ¿A que se enfrentan los inversores que quieren dar entrada al oro ahora en sus carteras o desean aumentar sus posiciones?

El metal dio un fuerte aviso el pasado viernes de que, después de una subida estratosférica, puede mantenerse durante un tiempo en la montaña rusa. Perdió un 13% en su peor sesión desde 1980 y bajó de la cota de los 5.000 dólares por onza. Y este 2 de febrero la tendencia a la baja continúa. Por lo tanto, a partir de ahora hay que ponerse el cinturón de seguridad, porque los bandazos pueden ser terribles.

En el caso de los inversores particulares, hay que medir bien los riesgos. La razón es que hay varios posibles hitos que podrían provocar una nueva realización masiva de beneficios en el oro como la vista el pasado viernes. Por ejemplo, un rebote del dólar al calor de la nominación de Kevin Waresh para la presidencia de la Reserva Federal, que ha sorprendido al mercado porque se trata de un perfil técnico. Otros candidatos favoritos al cargo habrían sido mucho más proclives a bajar más los tipos de interés, como quiere Donald Trump. Y si el precio del dinero baja, el oro gana.

Además, el oro afronta lo que queda de año en unos niveles de sobrecompra extraordinarios. Sólo en lo que va de año han entrado más de 2.000 millones de euros en ETF's (fondos cotizados) del metal. Ahora el oro es un activo mucho más especulativo y está mucho más expuesto a movimientos bruscos: en octubre del año pasado llegó a caer más de un 10% en cuestión de días antes de retomar la tendencia. Sólo que el nivel de riesgo es mucho más elevado ahora. 

La corrección del pasado viernes fue totalmente lógica y hasta cierto punto esperada, por más que las oscilaciones superiores al 10% sean tan antinaturales es este tipo de activos tan seguros. Los expertos creen que el futuro inmediato es imprevisible, tanto como lo son la evolución de los factores geopolíticos o las decisiones de la Administración Trump, que llevan mucho tiempo marcando el ritmo en los mercados. 

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