Los edificios en madera maciza han vuelto a despertar el interés de la arquitectura contemporánea. Con ideas y tendencias renovadas, los sistemas de madera contralaminada y madera laminada encolada permiten levantar estructuras de gran escala con menor huella de carbono, alta precisión constructiva y una expresividad material directa.
Asimismo, en estas estructuras se busca la sinceridad constructiva, mostrando cómo están hechos los edificios, convirtiendo la estructura en una parte activa de la experiencia espacial y, en concreto, en contextos educativos, en una auténtica herramienta pedagógica. Un buen ejemplo de ello lo tenemos en la Escuela de Arquitectura y Diseño Fay Jones, en Fayetteville, Arkansas.
Un taller en el corazón del campus
Así se presenta el Anthony Timberlands Center for Design and Materials Innovation, marcando un punto de inflexión para la Universidad de Arkansas. Destinado a la Escuela de Arquitectura y Diseño Fay Jones, el edificio se organiza en torno a un gran taller de 1.020 m2 situado en la planta baja, con una generosa altura libre que lo convierte en el núcleo físico y simbólico del conjunto.
Los estudios Grafton Architects y Modus Studio fueron los artífices del proyecto, siendo el primero de madera maciza diseñado por ellos. Así lo explican: “Era una parte del mundo que no conocíamos, y fue un reto increíblemente atractivo trabajar con madera, ya que la mayoría de nuestros proyectos se describirían como hormigón in situ o ladrillo”.
Destaca, suspendida sobre el taller, una sala de conferencias que también funciona como galería, abierta visualmente al espacio inferior. Sobre ella, dos plantas adicionales albergan aulas, estudios y salas de crítica. La superposición es fruto de una decisión para fomentar el contacto entre estudiantes de distintos cursos y disciplinas.
Normalmente, las salas de conferencias se alejan de los talleres por motivos de ruido, pero en esta ocasión, esta y dos plantas de espacios docentes se ubican encima del taller con máquinas. Para el estudio, esto hace que se beneficien mutuamente. “No conocemos ninguna otra escuela de arquitectura que haya situado el taller en el centro, lo que lo convierte en un lugar emocionante”, explican.
Estructura visible
El exterior del edificio responde tanto al clima de Arkansas como a la voluntad de expresar su sistema constructivo. Las fachadas se diseñaron para reducir la incidencia directa del sol, mientras que el perfil angular del tejado responde a los vientos dominantes del suroeste y a las intensas lluvias de la región.
En el extremo más alto, una fachada acristalada remata el volumen con un gesto saliente, mientras que el resto del edificio combina paneles metálicos, pino amarillo del sur modificado térmicamente y cedro rojo. En el interior, los paneles de madera contralaminada del techo dibujan una secuencia de planos inclinados que suben y bajan, creando una espacialidad dinámica y fácilmente legible.
Entre estos planos aparecen grandes vigas de madera laminada que cumplen una doble función estructural y técnica. “Estas canoas son vigas que se extienden, pero también son canalones que aportan un lenguaje arquitectónico, una expresión de la función de transportar el agua”, explica el estudio.
La infraestructura deja de ocultarse y se integra en el relato formal del edificio. Ello fomenta que el propio edificio sea un instrumento de aprendizaje. “A menudo hablamos de que el edificio es como un nuevo profesor. Los estudiantes aprenderán a conocer la textura, el veteado y la atmósfera de la madera”, expone el estudio.
Pero no solo eso, también “que los estudiantes sepan que cada 12 metros hay una gran columna, que la anchura de la sala de abajo es de 15 metros, de modo que, como joven diseñador de interiores o arquitecto, aprendes el vocabulario de las dimensiones espaciales”.
Aunque la intención inicial era utilizar madera local, el equipo se encontró con las limitaciones de una industria regional poco especializada en madera maciza estructural. Por ello, parte de los elementos se importaron desde Austria, combinando tecnología europea con recursos locales.
El proyecto se completa con un patio plantado con pinos Loblolly autóctonos, concebido como espacio público sombreado para los estudiantes.
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